¿Reconocerá por fin el futbol estadounidense a los latinos?

Desde los L.A. Aztecs de los años 70 hasta la Copa Mundial de 2026, muy a menudo el deporte ha marginado a quienes lo construyeron.
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Mientras la Copa Mundial de la FIFA 2026 se acerca a su fin, una pregunta sigue vigente: ¿reconocerá por fin el futbol estadounidense a los jugadores, aficionados y tradiciones culturales latinas que han sostenido este deporte durante generaciones?

Los jugadores y aficionados latinoamericanos siempre han sido esenciales para el crecimiento del futbol en Estados Unidos. También han sido apartados una y otra vez por equipos y dueños que nunca terminaron de aceptar a los latinos como estadounidenses. La historia de los Los Angeles Aztecs, una franquicia de los años setenta, ofrece una mirada a una lucha cultural de varias décadas que todavía persigue al futbol estadounidense.

El futbol llegó por primera vez al continente americano en el siglo XIX, cuando marineros británicos llevaron el juego a ciudades portuarias de América Latina como Buenos Aires. Lo que comenzó como un pasatiempo de élite pronto se extendió a la vida cotidiana. La sencillez del futbol permitió jugarlo en cualquier lugar, lo que abrió la puerta para que comunidades obreras e inmigrantes lo adaptaran y lo hicieran suyo. Para el siglo XX, el futbol latinoamericano se había convertido en un poderoso símbolo de identidad. Hoy, el juego sigue siendo una pasión perdurable. Las calles se vacían durante los grandes partidos, las familias se reúnen para mirar y naciones enteras celebran o lloran juntas.

En Estados Unidos, las cosas fueron distintas. Allí, inmigrantes europeos introdujeron el deporte y formaron clubes locales ligados a comunidades étnicas que permanecieron, en gran medida, fuera del mainstream del deporte estadounidense. Pero el futbol prosperó en los barrios latinos mediante el juego informal, las ligas locales y los fuertes vínculos con los equipos de los países de origen. A medida que crecieron las poblaciones latinas en ciudades como Los Ángeles, Houston y Nueva York, también aumentó la popularidad del futbol. Sin embargo, el deporte comenzó a entrar en la conversación nacional estadounidense apenas en 1967, con la creación de la North American Soccer League, o NASL, que buscaba construir una versión de “liga mayor” del futbol, definida por el crecimiento de equipos, visibilidad y espectadores.

Ahí entran los Los Angeles Aztecs. En 1974, con la esperanza de conectar con el mercado latino, el millonario inmobiliario y médico Jack Gregory lanzó el equipo, así nombrado para evocar la herencia precolombina de México y conectar con la amplia base de aficionados de ese país en el sur de California. El equipo aprovechó una estrategia funcional de la NASL y la llevó hasta la cima.

Las transmisiones de la NASL en grandes cadenas de televisión tuvieron buenos resultados. El debut de Pelé con el New York Cosmos, en junio de 1975, atrajo a más de 21 mil espectadores en el estadio y a un estimado de 10 millones de televidentes, una de las audiencias más grandes para un partido de futbol en la historia de Estados Unidos. Durante la llamada “Era Dorada” de la NASL, aproximadamente de 1975 a 1980, la asistencia promedio de la liga superó los 13 mil espectadores por partido. La liga se expandió a 24 equipos y exhibió a grandes íconos latinoamericanos y globales, entre ellos Hugo Sánchez, Carlos Alberto y Teófilo “El Nene” Cubillas. También intensificó su acercamiento con los aficionados hispanohablantes, una audiencia potencial clave, según creían sus directivos.

Los Aztecs conformaron lo que su primer entrenador, Alex Perolli, describió como un “equipo políglota”, con jugadores de Argentina, Brasil, Trinidad, Uruguay, México y Estados Unidos. El equipo reclutó activamente talento mexicano y mexicoamericano, incluido la estrella de UCLA José López, el santanero Sergio Velázquez y el destacado jugador local Miguel López. El primer partido del club, disputado el 5 de mayo en el estadio de East Los Angeles College, comenzó con una celebración del “Día de los Niños”, en la que se repartieron camisetas gratis a los primeros dos mil asistentes. Antes del silbatazo inicial, los espectadores presenciaron presentaciones del Mariachi de Panchito Peña, Ballet Folklórico e incluso una troupe acrobática de motociclistas.

Tras ganar el campeonato de la NASL en su temporada inaugural, al derrotar a los Miami Toros en penales, los Aztecs parecían encaminados al éxito. Pero aunque East Los Angeles era accesible para los aficionados mexicoamericanos y estaba profundamente conectado con la cultura futbolera local, la asistencia promedio rondaba los 5 mil espectadores por partido, muy por debajo de los 10 mil que los dueños consideraban necesarios para alcanzar el punto de equilibrio financiero. Los directivos del equipo empezaron a culpar a la ubicación del club; un ejecutivo de los Aztecs sugirió que “la gente tenía miedo de venir a East Los Angeles”.

Las percepciones anglosajonas sobre East L.A. moldearon las decisiones de negocio de la franquicia, incluso cuando el club dependía en gran medida de sus seguidores mexicoamericanos. Dos jugadores argentinos presentaron una demanda de un millón de dólares contra Gregory, alegando que él los había reportado ante las autoridades migratorias durante una disputa contractual. Al exponer la posición precaria de los jugadores nacidos en el extranjero dentro de la NASL, la demanda ensombreció la imagen de los Aztecs en un momento en que la franquicia ya enfrentaba dificultades para ampliar su asistencia.

Después de la temporada del campeonato, el empresario John Chaffetz compró el equipo y lo trasladó de East Los Angeles a Torrance, una comunidad predominantemente blanca y de clase media. El nuevo entrenador, Terry Fisher, buscó reformular la plantilla mediante el reclutamiento de más jugadores universitarios estadounidenses, y dijo a los reporteros que sus jugadores “debían hablar inglés para poder entender sus instrucciones”, además de criticar abiertamente el enfoque previo de mercadotecnia étnica del club. “Demasiado énfasis en los grupos étnicos no significa éxito para mí”, declaró al New York Times. Los Aztecs pasaron de ser un equipo predominantemente latinoamericano, con 15 jugadores latinoamericanos en la plantilla de 1974, a no tener representación latinoamericana en el plantel para la temporada de 1977.

Por la misma época la NASL instituyó la llamada “Regla de los cuatro estadounidenses”, que exigía mantener jugadores nacidos en Estados Unidos en la cancha en todo momento, al tiempo que aumentaba la cuota de jugadores “estadounidenses” en las plantillas activas. Muchos vieron la medida como parte de un esfuerzo más amplio para distanciar al futbol profesional de sus raíces inmigrantes y étnicas. La crítica latina fue inmediata. En un artículo de 1978 publicado en la revista Nuestro, el entrenador Horacio “Ric” Fonseca, exintegrante de Los Angeles Mission College, acusó a la NASL de expulsar sistemáticamente a los atletas latinos. Al citar las plantillas de la liga, Fonseca señaló que la NASL empleaba entonces apenas a 15 jugadores latinos, pero a más de 400 jugadores provenientes de Inglaterra. Los latinos nacidos en Estados Unidos, argumentaba, eran vistos como insuficientemente “estadounidenses”, mientras los ejecutivos de la liga privilegiaban cada vez más el dominio del inglés y un “estilo inglés de juego”, lenguaje codificado para reclutar a más jugadores anglosajones o blancos. En un incidente notorio, jugadores de los Philadelphia Atoms se negaron a jugar junto a reclutas mexicanos, a quienes despreciaron llamándolos “Mexican scrubs”.

La asistencia a los partidos de los Aztecs siguió estancada y cayó a 6 mil aficionados por juego en 1979. El equipo desapareció poco después, al igual que la NASL.

En las décadas siguientes el futbol volvió a levantarse. La Copa Mundial de la FIFA debutó en Estados Unidos en 1994, y la Major League Soccer, MLS, fue lanzada en 1996. Los jugadores latinoamericanos y la cultura futbolera siguieron ejerciendo una fuerte influencia en el deporte, “impulsando una mayor interacción que nunca”. Según Nielsen, hasta septiembre de 2025, “los hispanos tenían 39% más probabilidades de ser aficionados ávidos de la MLS que la población general”. Estrellas como el mexicano Carlos Vela, el venezolano Josef Martínez y el argentino Lionel Messi son grandes imanes para los aficionados. La MLS ha institucionalizado cada vez más su conexión con el futbol latinoamericano, operando dentro de un sistema futbolístico hemisférico más amplio, históricamente dominado por ligas latinoamericanas.

Y, aun así, la Copa Mundial de 2026 enfrenta la misma vieja paradoja. La candidatura norteamericana de 2026 para albergar el torneo, compartida por Estados Unidos, México y Canadá, promovió un mensaje de “unidad” continental, pero los líderes de la FIFA han avivado tensiones, esquivado preocupaciones sobre redadas de ICE y centrado su atención en alianzas corporativas y políticas. Durante el Mundial de Clubes de 2025 en Miami, un torneo ampliamente visto como ensayo general para 2026, agentes federales llegaron a una fiesta en barco de arranque del evento y cuestionaron a los asistentes sobre su estatus migratorio. También mantuvieron una presencia visible cerca de los estadios. Las autoridades migratorias recomendaron a las personas no ciudadanas llevar prueba de estatus legal en todo momento.

Para que la Copa Mundial cumpla su promesa de unidad, debe hacer algo más que llenar estadios. Debe atender las lecciones del pasado para garantizar que las comunidades latinas que construyeron el futbol en Estados Unidos sean reconocidas como parte central de su propio juego. ~


Este artículo se publicó originalmente en Zócalo Public Square, una plataforma de ASU Media Enterprise que conecta a las personas con las ideas y entre sí.

Forma parte de Cruce de ideas: Encuentros a través de la traducción, una colaboración entre Letras Libres y ASU Media Enterprise.


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