Llega una inspectora de la provincia a una filial de procesamiento de datos por medios biológicos y pide las estadísticas, informes de rendimiento, etc.
Mientras le preparan los documentos, la encargada del turno le ofrece una visita a la nave que, vista desde fuera por una escotilla, muestra en la penumbra filas de cuerpos sentados, todos con cascos conectados a cables.
–Vamos a entrar. Póngase esta máscara, por favor.
–¿Son contagiosos?
–No, es por el olor.
–Ah.
–Así, apriete bien el cierre, si se le mete en la nariz le dará dolor de cabeza, pesadillas.
–¿Y usted?
–Estoy inmunizada.
–Pero estas personas…
–A ver, no diga personas.
–Ah, perdón.
–El nombre técnico es “homúnculos”, pero nosotras los llamamos corderos.
–¿Y qué hacen?
–Usamos sus cerebros para procesar datos. Esto lo sabe, ¿no?
–Algo había oído…
–La computación biológica es mucho mejor que los ordenadores.
–¿Están dormidos?
–Es difícil saberlo.
–¿Son de aquí?
–Antes sí. Ahora los traen de fuera.
–¿Y qué les pasa?
–Pues de todo… hay tantos accidentes de todo tipo, contaminación, calamidades, desastres ambientales… hay cientos de miles de personas dañadas por toda clase de catástrofes, taras congénitas, heredadas, atrofiadas, errores de fármacos, experimentos… yo qué sé.
–¿Y no sirven personas normales?
–Rinden más los cerebros vacíos, sin distracciones ni preocupaciones… Al principio, hace diez o quince años, eran voluntarios, por un bocata se prestaban a colaborar… Yo empecé así, la verdad es que te pones el casco y te da un bienestar… Me tengo que sujetar para no sacar a uno de estos pobrones y enchufarme al casco un rato… era tan adictivo que los voluntarios no respetaban el turno… Pero, bueno, el rendimiento no se puede comparar.
–¿Por qué?
–Se ve que el cerebro sano, o más o menos normal, se distrae.
–Claro.
–O se aburre, que es peor. Y no procesa bien. Con cerebros al uso no era rentable.
–Ya.
–Además, aunque no es muy frecuente, hay casos de achicharramiento… se socarran, les arde la cabeza… es horrible… bueno, aún pasa alguna vez… por eso están esos vigilantes con extintores.
–Ya me he fijado…
–Y al usar personas digamos normales, con derechos humanos y eso, los seguros eran muy caros.
–Y esa oscuridad… hay como niebla…
–La luz les irrita… y tampoco aporta nada. La niebla… no hemos llegado a saber qué son esas miasmas… y huele fatal. Y esta humedad… no sé… es como que se les deshacen los sesos.
–¿Y duran mucho?
–Eso ya depende, según. La tecnología ha mejorado y les exprime más.
–¿Cuántos hay?
–Ya lo ve. Ahora ya ni los contamos. Tenemos alguna baja y esperamos los recambios hoy o mañana. Ya habrá visto que a lo lejos hay más naves.
–¿Cuántas?
–Uf. Hasta el horizonte. Lo llamamos entre nosotras el valle de los homúnculos. Eso no lo ponga en su informe. Si es que va a hacer un informe…
–Son estadísticas, los registros que me facilite usted… pregunto por curiosidad.
–Aquí no hay secretos, pero tampoco hay información. La verdad es que los datos que le vamos a pasar son inventados.
–La verdad es que llevo poco en este trabajo y cada día me mandan a un sitio distinto.
–Así no se aburrirá.
–¿Y tienen descansos?
–Claro, han de refrescarse, hidratarse, un manguerazo, comer algo… una hora por turno… y vuelta al tajo.
–¿Y cuándo duermen?
–El procesado da somnolencia y relaja. Ya los ve.
–¿Cuánto cuesta traerlos?
–Nada… al revés, muchos países o corporaciones nos pagan por hacernos cargo. El transporte y la manutención los subvenciona la Unión Europea.
–¡Anda!
–El procesado biológico no tiene rival, y ahorra agua y energía.
–¿Y usted está bien?
–¿A qué se refiere?
–En general.
–En general, sí. Aunque me gustaba más cuando era voluntaria… estar enchufada todo el día al casco… qué tiempos.
–Oiga, ¿y yo podría probar?
–Eso sí que es caro. Hay espacios privados y casi ganan más con los millonarios que quieren enchufarse que con el procesado. Pero, vamos, está prohibido.
–¿Y no tiene ni idea de qué procesan?
–Usted puede contratar tiempo de procesado… Hay una subasta diaria pública en el mercado mundial del procesado biológico… ¿tampoco sabe eso?
–Sí, sí, claro. ¿Y sabe qué procesan?
–Me imagino que hasta que la computación cuántica funcione, y aún le falta, la ia de altísimo nivel necesita esta potencia. No hay chips suficientes para esa demanda. Pero, vamos, es lo que oigo en los podcast. Aquí no nos cuentan nada.
–¿Y todos son… hombres?
–¡Hombres no! ¡Machos, son machos!
–Ah, lo siento.
–Pues sí. Las hembras siempre piensan algo… algo suyo… no entregan toda la potencia cerebral… y no compensa.
–Vaya.
–¡Ahí va, disculpe, no me puedo despistar! ¡Eh, tú! ¡¿No ves que se está socarrando el 79?!
–¡Voy!… ¡El extintor no funciona! ¡Nada… ya no se apaga!
–Claro, has llegado tarde… Te va a costar el despido. Salgamos. Usted, sígame, vamos, rápido…
(Al 79 le estalla la cabeza, los homúnculos se arrancan los cascos, se liberan de las correas y destrozan todo. El personal ha evacuado. La inspectora y la encargada salen de la nave y se refugian en una cámara de seguridad.)
–¿Y esto pasa muy a menudo?
–No. De vez en cuando. Es como en La isla del doctor Moreau… cuando intuyen que pueden librarse es peligroso…
–¿Y qué es lo que hacen?
–Lo va a ver en estas pantallas…
–Están enloquecidos. ¿Y no hay seguridad?
–Abrimos las puertas y salen al campo…
–Se morirán de hambre.
–… que ha sido repoblado con lobos.
–Ah, por eso los llaman… ~