La noche está marchándose ya

La película de los argentinos Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini cuenta la historia de un pequeño cine de Córdoba que se convierte en refugio de personajes desarraigados.
AÑADIR A FAVORITOS
Please login to bookmark Close

Dada la incierta situación del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales argentino, el INCAA, hacer una película en Argentina supone un enorme esfuerzo y hasta una heroicidad. Y a pesar de eso, en la última época los cineastas argentinos están produciendo algunas muy buenas. La noche está marchándose ya, por ejemplo, que es el primer largometraje que han hecho a medias Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini. Se estrenó en España en la edición de 2025 de la Seminci, y ahora se puede ver en algunos cines. En 2021 dirigieron juntos el corto Mi última aventura, que también protagonizaba Octavio Bertone. El guion lo han escrito Salinas y Sonzini juntos, la han dirigido a medias y también se han encargado los dos de la fotografía y el montaje. 

Está ambientada en un cine municipal en la ciudad de Córdoba. El cine ha ido funcionando mal que bien, con unos pocos trabajadores, pero empiezan los recortes y ya no se puede mantener a dos proyeccionistas. Uno de ellos, Pelu, tiene que reconvertirse en el vigilante nocturno. Pelu no solo pasa a vivir de noche, que es ya el primer gesto para salirse de la sociedad, sino que como las cosas siguen torciéndose tiene que dejar su apartamento e instalarse, a escondidas, en el edificio. 

A veces se dice que el cine es un lenguaje de fantasmas. Esta película podría ilustrarlo, no solo por la manera en que los personajes van entrando en el terreno intermedio que separa la vida civil de la sociedad de los desarrapados, acechante aun en plena juventud, aunque este movimiento es una de sus manifestaciones. El acceso de los personajes ilumina ese interregno, que va llenándose de volúmenes reconocibles. También bastaría, para decir lo de los fantasmas, con ver el aura luminosa que emanan, físicamente, los personajes, propiciada por la fotografía en blanco y negro y que remeda la luminiscencia que tenían los actores de la época del cine mudo.

 Vemos muchos fragmentos de películas clásicas, que se proyectan en la sala que aún resiste, al principio para los asistentes a las sesiones comerciales, pero también en las proyecciones que se prepara Pelu para entretener las largas horas de trabajo nocturno y a las que se van apuntando los desheredados del barrio, cuando el patio de butacas tiene el aire misterioso y de otro mundo que tenían nuestras propias casas cuando nos quedábamos una mañana enfermos sin ir al colegio. 

Secuencias de películas de Frank Borzage, de Renoir, de Ozu, de Leo McCarey, se van entreverando con la acción presente, que recuerda a su vez a películas más recientes como las primeras de Jim Jarmusch, de modo que el material cinematográfico de distintas épocas se funde, de manera muy natural porque el cine tiene que ver también con los sueños y con la memoria, y extiende sus efectos a la vida de vigilia de los espectadores, que se hace también con recuerdos e impresiones. Aparece en esta película el recurso clásico que nos permite ver, como contraplano, las caras encandiladas de los espectadores de las películas. En las antiguas ven los besos de pasión anticuada de John Wayne, el discurso de Gettysburg pronunciado por Charles Laughton, los niños de Buenos días tirándose pedos, escenas que sin ser subrayadas se intercalan armónicamente con las peripecias de los cinéfilos inopinados del cine de Córdoba. 

Las salas sirven también para la grabación de vídeos de contenido sexual que se venden a través de aplicaciones, porque hay que buscarse la vida con lo que uno tenga, como si la sociedad conocida, con sus recursos, hubiese quedado arrasada. Otras citas cinematográficas son los recovecos, los pasillos, los pasadizos, las habitaciones de muebles arrumbados, que se recorren como en una película expresionista. Como gran parte del metraje se desarrolla de noche, y en un edificio a oscuras que casi parece encantado, a veces toda la iluminación se reduce al redondel del foco de una linterna. Y así el edificio, claro, es también un personaje, como un barco varado o un rey destronado. Me pregunto si es la escena musical, con la canción casi improvisada, el momento en el que Pelu cruza a otro mundo, cruza el río que no se ve en la película pero que sí se ve, porque es como si los personajes estuviesen cantando en la ribera, debajo de un árbol. También me pregunto qué amanecer seguirá a la noche que está acabándose ya.  


    ×

    Selecciona el país o región donde quieres recibir tu revista: