Escena de la película "Aniversario", de Jan Komasa.

“Aniversario”, una advertencia anti Trump

En el octavo largometraje del director Jan Komasa, una celebración familiar se convierte en una brutal alegoría política.
AÑADIR A FAVORITOS
Please login to bookmark Close

Al inicio de Aniversario (Anniversary, E.U., 2025), octavo largometraje del polaco Jan Komasa, la respetada profesora Ellen Taylor (Diane Lane), catedrática de la Universidad de Georgetown, aclara y declara, frente a un nutrido grupo de estudiantes que escuchan con atención su clase/conferencia,  que ella no es “ni liberal ni conservadora”, algo así como el equivalente gringo del “no soy de derecha ni de izquierda” que leemos en las redes sociales mexicanas.

Lo cierto es que cuando alguien presume no ser liberal ni conservador, lo más probable es que no busque más que ocultar sus verdaderas inclinaciones políticas, lo que termina siendo absurdo porque, tarde o temprano, esa aparente “neutralidad” será puesta en duda. En el caso de la profesora Taylor, no pasa mucho tiempo antes de que nos demos cuenta de que, más allá de su hipócrita posición centrista, la madura mujer, madre de cuatro hijos y esposa de Paul (Kyle Chandler), un exitoso chef y restaurantero, es una liberal y progresista de pura cepa.

Los Taylor viven en una espaciosa residencia en los suburbios de Virginia y el aniversario del título que van a festejar es el número 25 de su matrimonio. A sus bodas de plata llega toda su descendencia, a saber,  la rebelde y extrovertida Anna (Madeline Brewer), una provocadora comediante stand-up; la seria abogada ambientalista Cynthia (Zoey Deutch) y su marido también abogado Rob (Daryl McCormack); y, finalmente, el frustrado escritor de ciencia ficción Josh (Dylan O’Brien), que trae del brazo a su nueva novia Liz (Phoebe Dynevor), a quien vemos en una escena inicial ensayar frente al espejo, nerviosa, lo que va a decir cuando se encuentre frente a sus futuros suegros. En la casa, casi refugiada en su habitación, todavía vive con sus papás la brillante Birdie (Mckenna Grace), la adolescente hija menor, que se pasa todo el tiempo en su improvisado laboratorio, pues sueña con convertirse en una importante científica.

Todo parece ir a la perfección hasta que Ellen, después de saludar a Liz y enterarse de que es, como su hijo, una escritora en ciernes, termina reconociéndola: la delgada muchacha de modales dulces fue su alumna ocho años atrás. Más aún: escribió un ensayo –que luego transformó en tesis– que contenía, según le explica Ellen a su desconcertado marido, una serie de ideas harto peligrosas, entre las cuales se encontraba la abolición del sistema de partidos, la necesidad imperiosa de un mando unificado y un pensamiento único, y un nacionalismo exacerbado que colocara a los “auténticos estadounidenses” como prioridad. Hasta donde vemos en la película, Liz no proponía ningún eslogan pegajoso como “make America great again” o que el nuevo himno fuera el “YMCA” de Village People, pero sí que la bandera de las barras y las estrellas tenía que ser rediseñada, con las cincuenta estrellitas colocadas ahora en el centro del lábaro patrio y no en la parte superior izquierda. En todo caso, aunque Ellen haya repudiado en su momento las ideas de Liz, lo que provocó su ostracismo en la universidad, la muchacha ha regresado por sus vengativos fueros, porque su ridiculizada tesis –titulada El cambio: el nacimiento de una nación– se va a convertir en un best seller con más de diez millones de copias vendidas y una parte sustancial del país rendida a sus fascistoides pero delicados pies.  

Ya se habrá dado cuenta hacia dónde va el argumento original escrito por el propio director Komasa en colaboración con Lori Rosene-Gambino: he aquí la más reciente advertencia cinematográfica de hacia el tipo de abismo que se encamina el “experimento estadounidense” en manos de un trumpismo que, por lo menos en este filme, nunca se atreve a decir su nombre, aunque no sea necesario. Prácticamente sin salir del hogar de los Taylor y a lo largo de cinco pesadillescos años en los que se suceden distintas fiestas familiares –a las iniciales bodas de plata de Ellen y Paul les sigue un caótico Día de Acción de gracias, luego el primer cumpleaños de los gemelitos de Liz y Josh y, al final, el aniversario número 30 del matrimonio Taylor–, el octavo largometraje de Komasa es una brutal alegoría política que podría haber sido mucho más efectiva si no hubiera sido, por un lado, tan obvia y, por el otro, tan vaga.

Me explico: en la creciente y deprimente galería fílmica del cine del zeitgeist antitrumpista, Aniversario no es, ni de cerca, el mejor ni el más sofisticado ejemplo; de hecho, estamos ante el más claro y transparente en su advertencia a los votantes gringos: lo que vemos en pantalla no está muy lejos de convertirse en realidad si le siguen dando alas al alacrán anaranjado. El problema es que el susodicho mensaje es tan sutil como un pastelazo dirigido al rostro y, peor aún, el filme desemboca en un melodramatismo tan desbocado que termina autosaboteando el sentido mismo de su discurso. De hecho, la más reciente –y, por desgracia, última– temporada de The boys es más inteligente en su desatada filípica antitrumpista. O, por lo menos, mucho más divertida.

De todas formas, no hay que negarle méritos a Aniversario, que los tiene. En la lista de filmes que podrían ser analizados in extenso en un futuro ensayo fílmico sobre el cine estadounidense en la época de Trump –al estilo del seminal ensayo fílmico De Caligari a Hitler (1947), de Sigfried Kracauer–, no debería faltar esta quebrada película de Komasa, aunque sea porque, a través de la notable actuación de Dylan O’Brien, vemos cómo un tipo cualquiera, resentido, mediocre y fracasado, se transforma en un autoritario, vengativo y orgulloso fascista, con todo y corte de pelo ad hoc. No tengo idea si esa fue la intención, pero O’Brien me recordó a Stephen Miller. Y me provocó pesadillas.  ~


    ×

    Selecciona el país o región donde quieres recibir tu revista: