“Rebuilding” y la sombra de John Ford

En uno de los mejores papeles de su carrera, Josh O’Connor protagoniza esta película de ecos fordianos, acerca de un ranchero sin rancho que debe reconstruir su vida.
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El 2025 fue un año de ensueño para el consolidado actor británico Josh O’Connor: fue el protagonista de la más reciente obra mayor de Kelly Reichardt The mastermind (2025), tuvo sus enclosetados amoríos con Paul Mescal en el sutil drama romántico-musical La historia del sonido (Hermanus, 2025) y hasta le robó la película en sus propias narices a Daniel Craig en Wake up dead man: Un misterio de Knives out (Johnson, 2025). Aunque, de hecho, su trabajo más interesante se estrenó a inicios del año en, acaso, su mejor filme que, por desgracia, no mereció distribución comercial en nuestro país aunque acaba de aparecer, sin ruido de por medio, en Netflix. Me refiero a Rebuilding(E.U., 2025), segundo largometraje de Max Walker-Silverman, presentado fuera de competencia en Sundance 2025.

O’Connor encarna a Dusty Fraser, un ranchero de Colorado que acaba de sufrir una desgracia natural que es, al mismo tiempo, existencial: su rancho se quemó en uno de los recurrentes incendios que suelen ocurrir en el oeste americano, dejándolo en la ruina económica y vital. ¿Qué puede hacer un ranchero sin su rancho y, por ende, sin vacas que arriar? Una posibilidad es irse a Montana, trabajar en lo único que sabe hacer, para luego reconstruir poco a poco su devastada forma de vida. Sin embargo, la reconstrucción que se encuentra en el centro dramático de este sereno filme postfordiano no será, al final de cuentas, la del rancho perdido, sino más bien una emocional: la relación que tiene con su exesposa Ruby (Meghann Fahy) y, especialmente, con su hijita Callie-Rose (sensacional actriz infantil australiana Lily LaTorre), una precoz chamaquita que ve a su melancólico papá fracasado no solo como lo que realmente es, sino lo que puede y debe ser para ella.

He usado el adjetivo postfordiano porque el guion original escrito por el propio director Walker-Silverman parte de una premisa no creada pero sí perfeccionada por el inalcanzable cineasta irlandés-americano John Ford: la crónica de la construcción de una comunidad a través de la descripción de las emotivas y alegres relaciones solidarias, la aceptación estoica de que la naturaleza y el paisaje mismo no están para ser domados sino para que el ser humano forme parte de ellos, los sentimientos más profundos demostrados sin ostentación de ningún tipo, la empatía dramática que niega cualquier tipo de condena moral a quienes por infortunios o por elección han decidido permanecer en los márgenes. La sombra de Ford se muestra tan viva en Rebuilding que hay hasta una escena que parece salida de La pasión de los fuertes (1946), cuando Dusty y Callie-Rose participan en una pachanga improvisada en el campamento de desplazados, con todo y alegre interpretación a capela de “Don’t steal my heart away” de parte de dos mujeres que podrán haber perdido todo y estar damnificadas por los incendios, pero todavía pueden cantar, bailar y ver hacia adelante.

La puesta en imágenes a cargo del fotógrafo mexicano ya internacionalizado Alfonso Herrera Salcedo obedece a este impulso moral, que fusiona lo visual con lo narrativo. De esta manera, los espacios abiertos de los paisajes de Colorado se alternan con los planos cercanos de los curtidos rostros de los personajes, muchos de ellos encarnados por actores no profesionales, quienes interpretan a gente que fueron –o pudieron ser– en algún momento.

Estamos, pues, en el escenario perfecto para un actor tan singular como Josh O’Connor: desde su primer papel importante, como el pastor ovejero de God’s own country (Lee, 2017), el aún joven intérprete británico ha ido creando una inusual galería de tipos solitarios, tímidos, melancólicos e inarticulados, como su siempre medio perdido príncipe Carlos de The Crown, su excéntrico ladrón de tumbas etruscas de La quimera (Rohrwacher, 2023), el conflictuado sacerdote católico de Wake up dead man y, en Rebuilding, el estoico ranchero sin rancho Dusty Fraser.

O’Connor resuelve los enormes desafíos existenciales externos e internos de su Dusty –reconstruir su forma de vida y su relación con su hijita, respectivamente–, a través de gestos mínimos que no aspiran jamás a la contundencia, de breves e inseguras miradas que terminan desviándose lateralmente, de largas pausas en las que su personaje se queda callado no porque no sepa qué decir sino porque antes quiere escuchar lo que el otro está hablando, de tímidas sonrisas titubeantes que es la manera en la que señala que está abierto para los demás, incluyendo a la muy despierta Callie-Rose que, en un momento clave del filme, le da el mejor regalo que un padre puede recibir: que ella quiera ser, como él, toda una vaquera. Pero para eso hay que reconstruir primero el rancho, aunque sea poco a poco, trabajando todos los días y sin quejarse. Como lo haría cualquier personaje de John Ford. ~


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