Teoría de la glosa

Microliteraturas

Jesús Rodríguez-Velasco

Cátedra

Madrid, 2022, , 264 pp.

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¿Qué es una glosa? ¿Qué produce una glosa? El margen, el pie de página, “no es objeto de un interés nuevo en ningún campo de las humanidades”, sin embargo, Microliteraturas de Jesús Rodríguez-Velasco (Valladolid, 1965) reúne una serie de ensayos sorprendentes sobre las escrituras secundarias, marginales y marginadas. Quizás esto se deba a la perspectiva interdisciplinaria de su autor, capaz de desarmar y ensamblar de nuevo los elementos de un manuscrito en relación con “todas las ramas del derecho”, la literatura, la teología, los estudios bíblicos o el pensamiento contemporáneo. Egresado de la Universidad de Salamanca, profesor de universidades como Berkeley, Columbia y Yale, Rodríguez-Velasco es también autor de Ciudadanía, soberanía monárquica y caballería (2009), Plebeyos márgenes (2011) y Dead voice. Law, philosophy, and fiction in the Iberian Middle Ages (2020).

La historia del libro comienza en una isla. En un complejo carcelario de Nueva York como el de Federico García Lorca, donde “la luz es sepultada por cadenas y ruidos”. Rodríguez-Velasco describe la experiencia de impartir una serie de seminarios en una cárcel para mujeres. La idea central era estudiar “un manuscrito como artificio” para después hacer algo. Uno de ellos lo dedicaría al Libro de la Reina, escrito por la francesa Christine de Pizan, entre 1410 y 1414 y conservado en la British Library. La estructura del manuscrito dividido en cien historias independientes permitiría una sesión completa de trabajo con “alumnas que están un día [y] puede que no estén al día siguiente”. El entendimiento y la apreciación de una historia –conformada por una miniatura, un fragmento de texto de historia troyana, una alegoría y una glosa– ofrecerían a las alumnas herramientas básicas para articular sus propias páginas manuscritas salpicadas de violencia. De sus piezas efímeras, expuestas temporalmente en la cárcel misma, quedaría el recuerdo de “un momento de libertad creativa, de pensamiento propio”.

Esta narración iniciática en el espacio cerrado de una prisión funciona como una poderosa alegoría de las glosas “hipertrofiadas” que componen los seis capítulos de este libro. Las glosas pueden leerse de manera autónoma, pero leídas en conjunto presentan una “perspectiva poliédrica […] del margen”. Las glosas o pies de página no intervienen tanto en el texto que comentan como en la formación de redes, de “temas de conversación” que se abren paso en la esfera pública. Las glosas son un “asedio al poder retórico”, “son fruto del deseo, no de la necesidad ni de la argumentación. Están y podrían no estar”.

Las autoras y autores estudiados –al igual que las mujeres encarceladas– “tuvieron que hacer un esfuerzo inusitado en escribir lo que escribieron: papel, pluma, tiempo, luz, salud, condiciones de vida, dolor, soledad, enfermedad, concentración”. Entre ellos se encuentran Alfonso X, Gregorio López, Diego Valera, Pero Díaz de Toledo, el príncipe portugués Pedro Avis, Christine de Pizan y Teresa de Cartagena. Pero no se trata aquí tanto de la vida de los autores como de reconocer sus esfuerzos por promover causas, resolver conflictos políticos, construir y cuestionar una sociedad civil a través de la escritura. Se trata de mostrar cómo las reflexiones y comentarios marginales de un texto inciden en el campo político y social.

Mientras el texto diserta sobre las distintas funciones de la glosa, abre nuevas interrogantes: ¿qué hacemos cuando interpretamos un texto?, ¿cómo leemos?, ¿cómo vamos conectando los distintos elementos de una página? Rodríguez-Velasco muestra cómo las glosas marginales se relacionan con las escrituras de glosas jurídicas. El ejercicio microliterario del crítico, apunta, se parece mucho al aprendiz de jurista. Los exégetas o críticos de una obra extraemos con nuestro análisis e interpretación una parte de ella, para intentar representarla con justicia.

Rodríguez-Velasco examina la relación entre el centro textual –al que llama texto “tutor”– y los márgenes –las glosas– y propone una forma de lectura que subvierte la jerarquía con la que habitualmente nos acercamos a los textos canónicos. Su teoría de la glosa se va gestando desde el espacio manuscrito –y no a la inversa– como hacen muchas veces los estudios culturales, colonizando el texto. Desplaza la lectura del texto central para reorientarla hacia los márgenes y ver de qué manera cohabitan o se violentan las escrituras.

“Todo esto puede parecer una discusión académica”, como bien señala el autor, y sin embargo no es así. En los márgenes se encuentran las semillas de debates contemporáneos, tal como sucede con las argumentaciones políticas de Gregorio López, quien se sirve de la glosa “como artefacto jurídico”. Las glosas intervienen el texto para crear un espacio filosófico o afectivo, para pensar con sus lectores, para interpelarlos. Sitúan al lector como un ensamblador que necesita reconectar todas las partes de la obra. En este sentido, los textos glosados crean vínculos intelectuales y contribuyen al proceso de construcción de un sujeto. Rodríguez-Velasco propone una nueva poética o mode d’emploi para el lector común pero también para el intelectual: “La escritura académica tiene cierto grado de confidencialidad. A veces necesaria. No es fácil hablar de cuestiones complejas de manera sencilla […] Convendría que, incluso desde el mundo más o menos compacto de la academia, supiéramos, o aprendiéramos a hacer circular en el mundo contemporáneo un conocimiento que forma parte de nuestras misteriosas y especializadas investigaciones. Esto no implica diluir este conocimiento hasta simplificarlo.”

Regresemos a la celda. “La aurora de Nueva York gime.” Pocos académicos consiguen que su escritura, muchas veces abigarrada y pretenciosa, se convierta en un texto legible, placentero, poético, de final lorquiano. Pocos alcanzan a tener un rostro público. Pocos logran que sus textos salgan de la prisión. Rodríguez-Velasco “hace descender la filosofía de los cielos académicos”, nos hace pensar y nos deja pensando. Generoso, nos deja transitar libremente en los laberintos de sus lecturas y en sus hallazgos. ~


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