La maltrecha narrativa de la incorruptibilidad

Los videoescándalos de días recientes confirman que el PRI institucionalizó el ejercicio de la política como algo fincado en la transa y el dinero, pero también que estas prácticas prevalecen, en tanto que producen buenos dividendos político-electorales.
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Andrés Manuel López Obrador presume que las conferencias matutinas que realiza cada mañana son una suerte de ejercicio de transparencia y rendición de cuentas frente al país, al punto en que sus propagandistas las consideran una homilía o una “misa cívica”, aunque su propia oficina admita que lo que el presidente declara no está necesariamente respaldadado en información pública que permita contrastar sus dichos, amén de que mucho está basado en prejuicios personales que no resisten el más mínimo análisis.

La “mañanera” sirve a los propósitos del presidente en su búsqueda de dominar la conversación y fijar la agenda del día para los medios. Más precisamente, desde su púlpito, López Obrador señala cada mañana a los enemigos del país y los entrega a la opinión pública para que se les ajusticie, al tiempo que se presenta como víctima de intentos golpistas urdidos por conservadores y reaccionarios que buscan descarrilar su movimiento transformador y de purificación de las instituciones.

En esa lógica, el tabasqueño usó su conferencia para exhibir un video en el que aparecen exfuncionarios del Senado contando decenas de fajos de billetes que supuestamente serían parte de los sobornos que Emilio Lozoya afirma haber dado a legisladores a cambio de apoyar la reforma energética. Al margen de cualquier consideración sobre el debido proceso y pese a que hay una investigación en curso, el jefe del Ejecutivo dio valor probatorio al material como muestra de “la inmundicia del régimen de corrupción” y consideró positiva su difusión por todos los medios posibles, pues, dijo, “esto ayuda a purificar la vida pública”.

Todo cambió cuando fue Pío López Obrador, su hermano, quien apareció en dos videos recibiendo paquetes de dinero de manos de David León, quien casualmente acababa de ser puesto al frente de la empresa distribuidora de medicamentos del Estado con la encomienda de evitar la corrupción en los procesos de compra. En Palacio Nacional se explicó de inmediato que, a diferencia del caso Lozoya-Odebrecht, estos recursos eran aportaciones del pueblo para fortalecer el movimiento de regeneración nacional, como ha sucedido en el contexto de las revoluciones sociales, elevando el evidente desaseo político al nivel de una gesta heroica.

Esto confirma que el PRI institucionalizó el ejercicio de la política como algo fincado en la transa y el dinero, pero también que estas prácticas prevalecen en tanto que producen buenos dividendos político-electorales. Jorge G. Castañeda advertía desde finales de 2016 que el apoyo de un amplio sector de la sociedad a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador era una forma de canalizar su hartazgo por el avance de la corrupción y la impunidad, pues muchos lo veían como una alternativa a la clase política, un outsider, cuando en realidad era “una excrecencia de esa clase política”.

Varios hombres del presidente se han visto involucrados en actos de intercambio de favores y tráfico de influencias. Pío López Obrador fue su operador en Chiapas, donde consiguió que 21 alcaldes del PRI, PVEM, Panal, Chiapas Unido y Mover a Chiapas renunciaran a su militancia para sumarse a Morena a cambio de protección ante los órganos auditores, de recibir a tiempo recursos federales y estatales y de acceso a créditos.

Años atrás, tres colaboradoras de Ricardo Monreal, quien hoy controla la bancada de Morena en el Senado, fueron detenidas en el aeropuerto de Tapachula, Chiapas, cuando pretendían abordar un vuelo privado a Toluca con un millón de pesos en efectivo de procedencia no acreditada, hecho que se agravó cuando se hizo pública una conversación telefónica entre el propio Monreal y el entonces gobernador, Manuel Velasco, en la que se advierte que este último habría usado sus influencias y los recursos del Estado para liberarlas.

Los servicios de Velasco fueron premiados en 2018, cuando después de modifcar la Constitución local y separarse del gobierno de Chiapas para convertirse en senador por la vía plurinominal, Morena le concedió una licencia para volver a la gubernatura, lo que le permitió ocupar dos posiciones sin tener que renunciar a ninguna. En reciprocidad, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) le cedería al partido de Andrés Manuel López Obrador cinco legisladores que le faltaban para obtener la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados.

Velasco es uno de los colaboradores de la cuarta transformación que más esfuerzos han hecho por cobrar los recursos invertidos y los favores hechos al movimiento. A través de trascendidos sembrados entre algunos medios y periodistas intentó, primero, alimentar la idea de que el presidente lo designaría titular de la Semarnat, para más tarde lanzar una ofensiva contra Olga Sánchez Cordero, haciendo correr el rumor de que él sería su relevo al frente de la Secretaría de Gobernación.

Este personaje permite entender al menos una de las rutas del dinero al movimiento lopezobradorista y el acomodo de algunas figuras impresentables en posiciones de alto nivel. Como explica el periodista Raymundo Riva Palacio, grabar a políticos y empresarios con fines de chantaje político era un método seguido por el chiapaneco y los suyos. Por eso David León, quien era asesor de comunicación social de Manuel Velasco en aquel entonces, se grabó entregándole sobres de dinero a Pío López Obrador. Es decir, que los videos podrían haber sido un recibo y una garantía.

Acostumbrado a usar el lugar común y presentarse como una de esas aves cuyo plumaje no se mancha en el pantano, las imágenes del hermano con las manos metidas en el lodo son un misil más que ha hecho blanco directo en la narrativa de Andrés Manuel López Obrador, sus pretensiones de pureza e incorruptibilidad y el mito de que sus más cercanos poseen un 99% de honestidad.