Abu Mazen, en un momento del discurso de Obama.| Ap

Abstención de México

Mañana, 23 de septiembre, se intentará forzar la creación de un estado palestino dentro de la Organización de las Naciones Unidas por medio de una votación. La votación es muy probable que resulte mayoritariamente a favor, para enfrentarse luego al veto de los Estados Unidos.
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Mañana, 23 de septiembre, se intentará forzar la creación de un estado palestino dentro de la Organización de las Naciones Unidas por medio de una votación. La votación es muy probable que resulte mayoritariamente a favor, para enfrentarse luego al veto de los Estados Unidos.

En 1947, cuando se votó la resolución a favor de partir el mandato inglés de Palestina en dos estados, uno árabe y uno israelí, México (como otros países latinoamericanos: Argentina, Colombia, Chile y El Salvador entre ellos) se abstuvo. Hoy es posible que la mayor parte de los estados latinoamericanos vote a favor de esta nueva resolución. México, si quiere ser mínimamente congruente, debería abstenerse: no hacer caso ni a los diplomáticos que ven en un voto a favor una razón vinculante con la práctica política del resto de Latinoamérica ni a los articulistas y gurús de la opinión que, de uno u otro modo, desde el pretendido humanitarismo hasta el peor izquierdismo antisemita, desean inclinar nuestra política exterior criminalizando al único estado democrático del Levante.

Y debemos abstenernos, siquiera por congruencia con nuestros principios, en particular la Doctrina México (o Doctrina Estrada), que establece que “México no se pronuncia en el sentido de otorgar reconocimientos porque considera que ésta es una práctica denigrante que, sobre herir la soberanía de otras naciones, coloca a éstas en el caso de que sus asuntos interiores puedan ser calificados en cualquier sentido por otros gobiernos, quienes de hecho asumen una actitud crítica al decidir, favorable o desfavorablemente, sobre la capacidad legal de regímenes extranjeros. En consecuencia, el gobierno de México se limita a mantener o retirar, cuando lo crea procedente, a sus agentes diplomáticos… sin calificar, ni precipitadamente ni a posteriori, el derecho que tengan las naciones extranjeras para aceptar, mantener o sustituir a sus gobiernos o autoridades” (1931). Más clara ni el agua.

Pero, además, hoy, ominosos, suenan tambores de guerra en contra de Israel: votar en estos momentos a favor del reconocimiento de un estado palestino es dar más armas a quienes desean destruir a Israel, sean flotilleros, gacetilleros, suicidas o barcos de la Armada turca. Esa es mi humilde opinión.