Che Guevara autogestivo (uno)

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¡Qué larga, desgastante y tediosa historia es la del largo secuestro del auditorio Justo Sierra de la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM! Ya no es siquiera una rutina fastidiosa, sino una forma pactada de amnesia colectiva. Uno pasa frente a la puerta de ese lamentable centro comercial contestatario, entre cerros de basura, sin siquiera voltear a ver el pendón que, sobre el dintel, aprieta la decidida ideología de sus posesionarios: “SI MANDAR ES MALO, OBEDECER ES PEOR” (único mandato que se obedece sin chistar).

El cambio de director de la facultad ha roto ese mal hábito, si bien dudo que lo altere. Comenzó el 25 de noviembre del año pasado, cuando circuló la enésima carta dirigida a los alumnos y profesores de la facultad:

A los ocupantes del

Auditorio Justo Sierra — Che Guevara [1]

Como profesores, estudiantes y trabajadores de la Facultad de Filosofía y Letras, con pleno convencimiento de que tenemos derecho al acceso y uso del Auditorio que ustedes ocupan desde hace 8 años, solicitamos la reintegración de dicho Auditorio a la comunidad de la Facultad y de la Universidad, de tal manera que la Dirección General de Obras de la UNAM realice los trabajos de rehabilitación y dignificación necesarios, para que todos los universitarios podamos hacer uso de él de acuerdo con los fines propios de nuestra Universidad.

Atentamente,


“POR MI RAZA HABLARÁ EL ESPÍRITU”


Cd. Universitaria, D.F. a 25 de noviembre de 2008.

Tres días más tarde, apareció, en el mismo sitio web, otra carta, firmada por el Consejo Técnico de la Facultad de Filosofía y Letras, que dice:

A la Comunidad de la
 Facultad de Filosofía y Letras

P r e s e n t e


El día de hoy 28 de noviembre de 2008, mientras se encontraba sesionando el Consejo Técnico de la Facultad, una persona robó de siete Coordinaciones hojas con firmas de apoyo a la carta dirigida a los ocupantes del Auditorio Justo Sierra – Che Guevara, donde se solicita su reintegración para el uso de toda la comunidad universitaria.

Se deduce que la “persona” en cuestión también se consideró autorizada a privatizar las firmas de otras personas (la mía incluida) y, desde luego, a remitirlas al basurero más cercano a su corazón. ¿Por qué no iba a hacerlo? Si con sus camaradas privatiza tranquilamente, desde hace ocho años, una propiedad universitaria, ¿por qué no iba a privatizar y hacer desaparecer la voluntad de seres deleznables, de esos que mandan u obedecen?

Continuará…

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[1] Sí, las autoridades insisten en referirse al auditorio con ese igualitario palimpsesto patronímico, supongo que con ánimo de no herir susceptibilidades.

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