Eumeo criollo

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“Es difícil definir a un raro auténtico en días como los nuestros, en los que la originalidad narrativa se abarata concediéndose a toda clase de pasiones y sentimientos”, decía Guillermo Sheridan, hace tiempo, a propósito de Francisco Hinojosa (Ciudad de México, 1954) y sus cuentos, para ennumerar enseguida las características de la rareza feroz, ebria, veloz, baladí, que los distingue. La descripción de Sheridan –recogida en Paralelos y meridianos (UNAM, 2007)– agrega que Hinojosa no es un raro en la acepción religiosa, decadente y enfermiza que patentó Rubén Darío: pertenece al noble orden patafísico, con su corolario de parodia, pastiche, autoparodia. En las antologías del humor negro y de la patafísica que están pendientes, aquí y en China, deberá estar, en fin, Hinojosa, bien conocido por una obra copiosa en la literatura infantil y por una obra significativa en la literatura a secas, reunida en Negros, hueros, héticos (1999), sus cuentos completos.

Sólo de Hinojosa podía esperarse una novela en verso como Poesía eras tú (Almadía, 2009), que acaba de aparecer. El título alude a Poesía no eres tú (1974), un libro bueno y solemne de Rosario Castellanos. Hay quien piensa que la de Hinojosa es una historia mínima y heterodoxa de la versificación mexicana. Yo me atendría a decir que esta versada es una narración fluida y trágico-cómica en la que nos enteramos, a través de media centena de versos escritos en distintos metros, de cómo termina una historia de amor, la vivida por un par de porqueros: él, poetastro y ella, una mujer de negocios electa diputada.

El “destino político”, como dicen los columnistas del género, de Zaharí, la aleja de su amante, a quien es el único que escuchamos. A diferencia de su remotísimo modelo, El cantar de los cantares, en Poesía eras tú Hinojosa no ha querido escribir un diálogo entre el novio y la novia, lo cual hubiera resultado, quizá, en un libro más logrado y simpático. Pero no es poco lo que cabe en el gran teatro del mundo dispuesto por Hinojosa. Poesía eras tú tiene mucho de dilatada epopeya amatoria legible, a través de los versos del amante, en las pesadillas, los ataques de celos, las libaciones y las crudas, los tropiezos profesionales y los acurrumucos, las desgracias familiares o las violencias domésticas que unen a la pareja.

En un viaje a Nueva York culmina el amorío y a partir de ese clímax el amor entre el poetastro y la porquera se torna ceniciento. Una vez triturados el corrido, el bolero, la canción ranchera y la poesía inocente, Hinojosa descarta el amor cortés o la sublime y fugaz aventura erótica; en Poesía eras tú ha preferido ilustrar, siguiendo la clasificación del córdobes Ibn Hazm, los amores sustentados en el largo trato: “Gentes hay que no pueden amar de veras sino después de un largo rato, de mucho verse y de una dilatada convivencia; y ése es el amor que suele durar y afincar y en el que no hace mella el paso del tiempo. ‘Lo que entra con dificultad no sale con facilidad’, reza el proverbio, y ésa es también mi opinión.” (El collar de la paloma, VI, 165).

Como a todo verdadero humorista, a Hinojosa no se sabe si tomarlo o no en serio. Habrá a quien le parezca que Poesía eras tú es una fruslería. Otros de sus lectores considerarán que, por el contrario, esta novela en verso cataloga el oprobio sentimental mexicano, del cual se origina todo lo demás, lo cual no me extrañaría como punto de partida pues los cuentos de Hinojosa parten de un escándalo profundo ante la miseria moral y la comicidad de los convencionalismos. Dice Hinojosa que la novela se le ocurrió leyendo una carta-poder y proponiéndose reescribirla en verso. La técnica de un escritor como él es aislar la exageración, crear lo grotesco al diluir la realidad que lo vuelve soportable. Dice Sheridan, su exégeta: “Nunca se sabe por qué esta mano escribe con velocímetro esas vidas, ni para quién las evoca, pero sí para qué: subrayar la histérica realidad del sinsentido como subsuelo moral, como una infección violenta que medra contra la razón.”

Desde su primer libro, que fue de poemas, Robinson perseguido (1981), Hinojosa juega con los héroes clásicos mexicanos y universales y los condena a situaciones embarazosas, operando una máquina del tiempo que conserva al arquetipo y descarta todo lo demás en calidad de tramoya. El poeta que pergeña los versos de Poesía eras tú es porquero, como lo era Eumeo, aquel que recibió a Ulises disfrazado de mendigo y le sirvió con lealtad y tino para vengarse de los pretendientes. Menos fiel, el de Hinojosa, es un Eumeo criollo, una criatura lírica e inconstante que ve con fatalidad, resignación y picardía, el desamor.

(Publicado previamente en El Ángel de Reforma)

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