Gritos y sombrerazos (pero pacíficos)

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– ¿Viste lo que dijo López Obrador?

Que no estén pensando los del gobierno usurpador que va a ser fácil que modifiquen las leyes. Va a ser algo más allá de gritos y sombrerazos, es un movimiento de resistencia civil pacífica con capacidad para hacer sentir la voluntad del pueblo (Milenio, 18 de febrero).

– ¿Y…? Nada nuevo.

– El párrafo contiene señales de que la cosa se va a poner fea.

– Tú y tu pesimismo. Las cosas ya están feas.

– Tú y tu optimismo: están fatales.

– En fin, cada día es más notoria la inestabilidad del tipo.

– López Obrador está inestable desde hace mucho, pero no deja de ser poderoso, como todo enemigo de los poderosos. Sabe que el asunto de PEMEX suscita las más feroces y tontas pasiones mexicanas y se monta en ellas para aportarle nuevos bríos a su causa. El asunto del “fraude” ya se le agotó y está a punto de perder el control sobre su partido. Sus amenaza de “gritos y sombrerazos”, la “defensa de la soberanía” y las obligadas denuncias contra los “extranjeros internos” son su última oportunidad para, en el mejor de los casos, acceder al poder y, en el peor, volver a meter su partido a su redil.

– Exageras.

– Lee el párrafo con cuidado: el desdén a los procedimientos por los cuales el país “modifica” sus leyes implica un ingrediente explosivo de carácter “revolucionario”: la voluntad del pueblo no radica ya en sus instituciones, ergo, es legítimo levantarse contra las instituciones.

– Pero si es un movimiento pacífico, hombre.

– La insistencia en la naturaleza “pacífica” de su sabotaje es la retórica obligatoria para todo autócrata (o candidato a autócrata). Al presumir su pacifismo se otorga a sí mismo una coartada que, de antemano, sabe que deberá ser “sacrificada”. El personaje diseña acciones como paralizar carreteras y aeropuertos (es genial que haya enviado a su aprendiz de Pasionaria, la camarada Sheinbaum, a cantar esa letanía de amenazas), lo que va a violentar gravemente las vidas de millones. Una conducta difícilmente pacífica. La forma en que fueron agredidos sus propios camaradas, en su propio mitin, por sus propios seguidores, no augura nada bueno en materia de pacifismo. López Obrador está sembrando vientos porque necesita tempestades, pacíficas, claro. Pocas cosas me ponen tan nervioso como un político mexicano al que le da por proclamarse pacífico. Cuando alguien comete el delito de atentado contra las vías generales de comunicación y supone que hacerlo es pacífico y que sufrirlo es pacífico, y que el Estado debe reaccionar pacíficamente, o está loco o le gustan las paradojas. Gritos y sombrerazos pacíficos.

– Ay ay ay…

– ¿Exagero? ¿Viste lo que dijo Muñoz Ledo en Guerrero? Convoca a “reventar el sistema por la vía pacífica” es, por lo menos, un oxímoron. Reventar pacíficamente.

– ¿Muñoz Ledo dijo eso?

– Está aquí, en el periódico La Jornada Guerrero del 9 de febrero. El reportero dice que Muñoz Ledo:

Es partidario de acortar por vías pacíficas el mandato de Felipe Calderón en la presidencia de la República, porque no se puede esperar cuatro años, antes de que se colapse el país, que está atado a un bajo crecimiento económico porque no tiene una solución institucional.

– “Acortar el mandato por vías pacíficas…” ¿No se suponía que Muñoz Ledo era inteligente?

– Lo genial es que lo dijo en una conferencia titulada “Cómo gobernar”. Luego reiteró la tesis de López Obrador en el sentido de que la orden de los Estados Unidos es provocar la quiebra de PEMEX para poder privatizar. Y luego denostó a la democracia diciendo que “nos pueden dar un Congreso hasta con mil diputados para estar contentos, el maiceo es muy fácil”. Luego dijo que la nuestra es “una democracia colonial”; que los “errores de 1988” se debieron a “la condición dinástica” del Ing. Cárdenas y que –esta es la mejor— “estamos sufriendo la iraquización incruenta de México” .

– Seguramente fue ovacionado.

– No sé cómo entender que López Obrador y Muñoz Ledo, ciudadanos particulares, proclamen abiertamente su voluntad de “acortar por vías pacíficas el mandato de Calderón”. Es el golpe de Estado pacífico. Azuzan al pueblo contra las instituciones y anuncian su intención de desestabilizar al país. La profecía autocumplida: luego, declararán que el país está desestabilizado y que sólo López Obrador puede estabilizarlo. El problema es que su supervivencia política, ahora, depende de que, en efecto, logren desestabilizarlo. Por lo mismo, se van a lanzar con todo.

– ¿Y qué se puede hacer?

– Como mi general Cárdenas con Calles. Creo que llegó el momento de arrestar o desterrar a López Obrador. Ya. Y no es un asunto de libertad, pues el tipo está empleando la suya para convocar a la revuelta, atacar las instituciones democráticas, amenazar con sublevar el orden, agredir a las familias… Hay leyes que prohíben eso.

– ¡Qué dramatismo!

– El tipo entiende por violencia sólo los muertitos. Para todo efecto, él piensa que su manera de hablar, de insultar, de amenazar, de azuzar, no es violenta. Y luego, que su estilo de cerrar calles, bloquear avenidas y todo eso, tampoco lo es. No hay muertitos, ergo, no hay violencia. Si estás paralizado en el tráfico por horas ¿no te sientes agredido en tus libertades? ¿No perdiste tu libertad de expresión?

– Bueno, entre muchas otras…

– ¿Por qué demonios ha de disfrutar un particular como López Obrador del privilegio de erradicar las libertades de sus conciudadanos cada vez que se le pega la gana? Además, a largo plazo, está devaluando al país, abatiendo la confianza de la inversión. El tipo nos violenta a todos, todos los días, desde hace año y medio. Por la mitad de lo que él hace, a ti y a mí nos metían a la cárcel. El personaje prácticamente y para todo efecto se ha alzado contra lo que considera un “gobierno usurpador” desde las elecciones que perdió, por orgulloso y por tonto, y ahora, como venganza por haber sido tan bruto, llama a “acortar el mandato de Calderón”. Y esa obsesión personal le va a significar mucho dolor a millones de mexicanos.

– Bueno, tampoco sería tan fácil acortar el mandato…

– El tipo tiene dos millones y medio de leales a su causa que, por los motivos más variados, le creen y lo respetan y obedecen sus consignas. Basta con que la décima parte de esos incondicionales, sus “ultras”, decidan ponerse “pacíficos” como en la torre de PEMEX el domingo, que cierren el legislativo, las carreteras y los aeropuertos, como anunciaron el domingo, y se arma la gorda.

– Ni se arma nada…

– Hasta que se arme. El tipo induce, pacíficamente, la violencia en sus ultras, como los que atacaron a Navarrete, o al cardenal aquel. ¿Tú crees que el tipo sea tan bestia como para suponer que si él ordena “seamos pacíficos” sus huestes van a hacerle caso? Ya se ha visto que no.

– Eres muy negativo.

– Les pasa siempre. Acuérdate de la huelga de la UNAM: al PRD invariablemente lo rebasan los ultras que incuba. Siempre. Los ultras que cerraron meses la UNAM no eran más de doscientos: el PRD los incubó y luego lo echaron fuera por “pacífico”, y el PRD acabó, como siempre, perdiendo el control, deslindándose con la excusa habitual: “eran infiltrados”. López Obrador comete el mismo error: ahorita necesita a esos ultras y a su violencia y cree que podrá manejarla; cuando vea que no, con algunos muertitos de por medio, volverá a gritar que él no fue, que él es pacífico. Luego, sin dejar de aprovechar las consecuencias de la violencia, declarará que el muertito es culpa del “pelele” que recibió órdenes del extranjero, o lo que sea.

– Pero eso no le conviene…

– Claro que le conviene. El caos político, social, económico consecuente probará sus predicciones. Un daño que el mesías capitalizará de inmediato en su beneficio, alegando que es la demostración palpable de la urgencia de su mesianismo; un daño redituable para quien lo propicia cotidianamente.

– ¿Y qué se puede hacer?

– Aplicar la ley.

– Si lo detienen, le sirven en bandeja la justificación para levantarse en armas.

– Y si no lo detienen, se sigue levantando pacíficamente. ¿Qué será peor?

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