No abundan los poetas que se arriesgan a traducir a Shakespeare: Mondragón, Zaid, Segovia, Echavarren, Gimferrer han cumplido la tarea con fortuna. A la lista ahora se suman Jordi Doce y Pedro Poitevin.
Con urbes, periferias o zonas rurales como set de lo insólito, los cuentos de Un lugar soleado para gente sombría educan a los lectores en el arte amargo de perder.
Me estaciono en un subterráneo que no suelo frecuentar. Al salir, una serpiente de lámina infinita me amenaza. Paso treinta minutos al calce del coche de enfrente y arrimada a…
Juré no escribir sobre esto. Soy astrofísico, ¡no astrólogo! Pero Ofiuco, el nuevo signo zodiacal, me ha seguido como una sombra y he tenido que explicar decenas de veces qué sucedió con el…