José Steinsleger plagia(do)

El extraño caso de las ideas originales y propias que viajan en el tiempo. 
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El Sr. José Steinsleger publicó un editorial en un combatiente diario en el que hace una versión muy graciosa de “la historia del caballo de Troya” para ilustrar “los ardides y engaños que los señores de la guerra usan para lograr sus objetivos” (en tal versión, “los señores de la guerra” no son los griegos sino unos que se llaman “los krauzianos”, y las víctimas no son los troyanos, sino los campesinos y los obreros a los que se debe un intelectual comprometido).

En un momento de su comentario, el Sr. José Steinsleger denuncia que en la obra de los “krauzianos” no hay “ni una idea original ni un criterio propio”. Hace bien. Es muy desagradable no tener ideas originales ni criterios propios, sobre todo cuando se trata de bañar a los lectores en las aguas nutricias del periodismo independiente. 

El Sr. José Steinsleger, en cambio, tiene ideas a tal grado originales y criterios a tal grado propios, que se las arreglan para viajar en el tiempo.

Por poner sólo un ejemplo, hace un año publicó un ensayo titulado “El holocausto gitano: ayer y hoy

Escribe el Sr. Steinsleger en el año 2010:

El doctor Hans Globke, uno de los redactores de las leyes de Nuremberg sobre la clasificación de la población alemana (1935), declaró: los gitanos son de sangre extranjera. ¿Extranjeros de dónde? Sin poder negar que “científicamente” eran de origen ario, el profesor Hans F. Guenther los clasificó en una categoría aparte: Rassengemische (mezcla indeterminada).

Es asombroso, pues ese párrafo logró viajar hacia un artículo publicado en 1984, que dice:

El doctor Hans Globke, uno de los redactores de las leyes de Nuremberg sobre la clasificación de la población alemana, declaraba en 1936: “los gitanos son de sangre extranjera”. No pudiendo negar que eran de origen ario, el profesor Hans F. Guenther los clasificó en una categoría aparte llamada Rassengemische, expresión que designa una mezcla racial indeterminada.

Este artículo que plagia a futuro fue escrito por la historiadora israelita Myriam Novitch (1908-1990), estudiosa del holocausto, sobreviviente de un campo de concentración, veterana de la Resistencia francesa. Se titula “El exterminio planificado por los nazis”, resumen de su libro Le génocide des Tziganes sous le régime nazi (1968), y fuepublicado por El Correo de la UNESCO en su número dedicado a los gitanos (París, octubre de 1984) que se puede leer en la página 24 de este facsimilar

No deja de llamar la atención la exactitud con que la historiadora Novitch avizoró el ensayo del Sr. José Steinsleger (a pesar de que retoca aquí y allá, porque ya se sabe cómo es esa gentuza). Escribe el Sr. José Steinsleger: 

En su tesis de doctorado, Eva Justin (asistente del doctor Robert Ritter, de la sección de investigaciones raciales del Ministerio de Salud alemán), afirmaba que la sangre gitana “era sobremanera peligrosa para la pureza de la raza alemana”. Y un tal doctor Portschy envió un memorándum a Hitler sugiriéndole que se los sometiera a trabajos forzados y a esterilización en masa, porque ponían en peligro “la sangre pura del campesinado alemán” (…)

En los campos de exterminio, sólo el amor de los gitanos por la música fue a veces un consuelo. En Auschwitz, hambrientos y llenos de piojos, se juntaban para tocar, y alentaban a los niños a bailar. Pero también era legendario el coraje de los guerrilleros gitanos que militaban en la resistencia polaca, en la región de Nieswiez.

Párrafos que la historiadora (seguramente movida por el “victimismo del sionista vergonzante”, como escribe el Sr. Steinsleger: los que dicen “me atacan por judío”) se plagia así:

Eva Justin, asistente del Dr. Ritter de la sección de investigaciones raciales del Ministerio de Salud, afirmaba al defender su tesis de doctorado que la sangre gitana “era sobremanera peligrosa para la pureza de la raza alemana”. Asimismo un tal Dr. Portschy envió un memorándum al Führer sugiriéndole que se los sometiera a trabajos forzados y a esterilización en masa a los cíngaros que ponían en peligro “la sangre pura del campesinado alemán” (…)

Su amor por la música fue a veces un consuelo en su martirio. En los espantoses barracones de Auschwitz, hambrientos y llenos de piojos, se juntaban para tocar y escuchar música y alentaban a los niños a bailar (…) Hay testigos del coraje de los guerrilleros gitanos que militaron en la Resistencia polaca, en la región de Nieswiez. 

Bueno, pues es evidente que la señora Novitch cometió plagio (del latín plagiarius). Que es una vil ladrona que firmó con su nombre y sin pudor, en 1984, la prosa y la “idea original” que el Sr. José Steinsleger firmó con su nombre en 2010.

Que los lectores críticos y conscientes no se llamen a engaño: el hecho de que la señora Novitch esté muerta desde 1990 es una típica trampa de “los señores de la guerra” contra los pobres troyanos. 

 


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