Orden de registro

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¿Qué buscan en mi casa
estos señores?

¿Qué hace ese oficial
leyendo la hoja de papel
en la que he escrito
las palabras “ambición”, “liviana” y “quebradiza”?

Qué barrunto de conspiración
le anuncia la foto sin dedicatoria
de mi padre en guayabera (lacito negro)
en los predios del Capitolio Nacional?

¿Cómo interpreta mis certificados de divorcio?

¿A dónde lo llevarán sus técnicas de acoso
cuando lea las décimas
y descubra las heridas de guerra
de mi bisabuelo?

Ocho policías
revisan los textos y dibujos de mis hijas,
se infiltran en mis redes afectivas
y quieren saber dónde duerme Andreíta
y qué tiene que ver su asma
con mis carpetas.
Quieren el código de un mensaje de Zucu
en la parte superior
de un texto críptico (aquí una leve sonrisa triunfal
del camarada):
“Castillos con caja de música. No dejo salir
al niño con el Coco. Yeni.”

Vino un especialista en intersticios,
un crítico literario con rango de cabo interino
que auscultó a punta de pistola
los lomos de los libros de poesía.

Ocho policías
en mi casa
con una orden de registro,
una operación limpia,
una victoria plena
de la vanguardia del proletariado
que confiscó mi máquina Cónsul,
ciento cuarenta y dos páginas en blanco
y una papelería triste y personal
que era lo más perecedero
que tenía ese verano. ~


— Blanca Reyes, esposa del poeta, periodista y disidente pacífico Raúl Rivero, pudo rescatar este poema después de que la policía política de Cuba se lo llevara preso y confiscara todos sus libros y papeles. Rivero fue condenado a veinte años de cárcel el pasado abril.o el simulacro de un presidente actuando en un escenario donde se mezclan lo auténtico y lo imitado, lo real y lo imaginario. El presidente se ha convertido en la representación de ese sheriff que no puede distinguir entre el teatro y la vida, porque él mismo es actor en la comedia y gobernante trágicamente existente del sistema más poderoso de la tierra. Nos guste o no, los antropólogos ahora debemos tomar estos poderosos simuladores, que forman parte de la miseria de nuestro mundo, como objetos de estudio un tanto cómicos, aunque están insertos en una red de imágenes trágicas. ~