¿Qué hay de nuevo, viejo?

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Te gustaban mucho las aventuras de Coyote y Correcaminos, las de Bugs Bunny y las del Pato Lucas. A veces emitían animaciones checoslovacas, una especie de linterna mágica expresionista, que odiabas. Detestabas al Pato Donald y a Mickey porque te parecían ñoños, cursis. No entendías el éxito de Disney. Hace unas semanas leíste Fast food, la historia de la comida rápida escrita por Eric Schlosser, y descubriste las relaciones entre Ray Kroc, inventor de la franquicia McDonald's, y Walt Disney. La realidad suele ser más previsible que la ficción: el dibujante Max recreó un fascinante pero inexistente encuentro entre H.P. Lovecraft y Walt Disney. En La era del acceso, un ensayo de Jeremy Rifkin sobre la nueva vida sin propiedad, también aprendiste muchas cosas: que las semillas se alquilan a los campesinos y que la corporación Disney se dedica a las promociones inmobiliarias de ensueño, donde ni siquiera puedes decidir sobre el color de las paredes de tu dormitorio.
     Vas a Pinto en un tren de cercanías. En Pinto tomarás una lanzadera que te llevará al Movie World Madrid de Warner Bros. Piensas en el libro de Schlosser, en el de Rifkin, en la alianza estratégica entre Warner y AOL, en el conflicto entre los Hermanos Marx y la Warner por Una noche en Casablanca y crees que deberías olvidar toda esa información para entrar en el Parque dispuesto a "¡disfrutar de 5 enormes áreas de acción y entretenimiento!" No recuerdas, pese a que los escuchas a menudo en la televisión en boca de santones, médiums e hipnotizadores, los consejos para que el alma logre liberarse de la pesada carga de lo material. Cierras los ojos e intentas liberarte de la pesada carga de lo material, pero no lo consigues. Abres los ojos y a tu izquierda aparece una prisión. Te recuerda una enorme granja de cerdos. Podría ser un buen negocio instalar cárceles de fin de semana; si a los ejecutivos estresados les gusta participar en guerras donde se disparan pintura con escopetas, también les gustaría pasar un fin de semana encerrados: celda compartida, recuentos, restricción de llamadas telefónicas, comida putrefacta, instancias para cualquier petición, sumisión absoluta al carcelero cuando ordena que te desnudes, cuando te toca con una cuchara los testículos, cuando registra tu celda… Te parece increíble que todavía nadie las haya puesto en marcha.
     Tras bajarte de la lanzadera, cruzando el aparcamiento para siete mil vehículos en el que apenas hay doscientos, cuando pasas junto a una perrera custodiada por Scooby Doo, intentas de nuevo liberarte de la pesada carga de lo material. Recuerdas la película Europa de Lars Von Trier: una voz en off comienza una cuenta atrás para llevarte a otro tiempo, a otro lugar. Diez, nueve, ocho, siete, seis…
     En tu entrada, Bugs Bunny te da la bienvenida. Te entregan un plano donde aparecen Batman y Bugs Bunny y una hoja fotocopiada en la que te informan del programa de Espectáculos para hoy: Arma Letal ("un día de pesca puede deparar muchas sorpresas si Riggs y Murtaugh están allí"), Loca Academia de Policía ("asiste al desfile homenaje al Comandante Lassart y al reclutamiento de nuevos cadetes") y Bugs Bunny en Bienvenido a Hollywood ("baila y diviértete con tus personajes preferidos de los Looney Tunes"). Hollywood es el paraíso que quiere recrear el Movie World. En el anuncio de televisión, donde se ve a un niño bajando de una limusina, se afirma que "todo el glamour de Hollywood" está "ahora en España". No has estado nunca en Hollywood y no sabes muy bien qué es el glamour, pero no crees que esté en lo que ves: una plaza con una fuente, una cafetería, tiendas de regalos y de golosinas, una calle que se llama Sunset Boulevard donde hay coches de época aparcados, una trabajadora del parque con una escoba y un recogedor.
     En Sunset Boulevard está Humphrey's, "el mítico bar de Humphrey Bogart", donde "se sirven los mejores martinis de Madrid". Recuerdas, porque no todo lo puedes olvidar, la participación de Bogart contra la caza de Brujas en Washington, su petición de perdón, su agradecimiento a la Warner por no haberle incluido en la lista negra. Recuerdas Sunset Boulevard, la película de Billy Wilder contada por un muerto, ahogado en una piscina. Tocas las paredes de los edificios para averiguar de qué están hechas: los arquitectos construyen parques de atracciones y cárceles. En el suelo de la calle hay una placa con el nombre de Sal Mineo y te acuerdas de su asesino, Lionel Ray Williams, que fue condenado a cadena perpetua. En el suelo de la calle hay una placa con el nombre de John Huston.
     El Movie World quiere ser una ciudad fabulosa: el centro son los Estudios de la Warner, el centro es el Old West Territory, el centro es Gotham City, la ciudad de Batman, y Metrópolis, la ciudad de Superman, el centro es el Cartoon Village, la ciudad de Piolín y Silvestre. Las periferias no deben tener glamour: muchas de las de Lima no tienen agua corriente. Recuerdas que la Comunidad de Madrid impulsó el Movie World de Warner Bros., que es su principal accionista a través de una empresa de la Consejería de Obras Públicas, que quería crear un gran equipamiento de ocio de interés público para promover un motor de actividad económica para Madrid y para incorporar la región al circuito turístico internacional de los grandes parques de ocio.
     Durante un minuto imaginas una nueva profesión: crítico de parques de atracciones. Recuerdas El turista accidental, más la película de Kasdan que la novela de Anne Tyler. Te ves como William Hurt: no tienes que escribir guías de viaje sino críticas de parques de atracciones. Mañana vas al Six Flags de Holanda, pasado mañana al Six Flags de Bélgica, el fin de semana al Six Flags de México, la semana siguiente viajas al Movie World de Australia y al Six Flags Elitch Gardens de Colorado. Puedes llegar a ser un buen crítico de parques de atracciones: mides más de 1'37, no tienes reciente cirugía, no tienes ninguna parte del cuerpo escayolada, no estás embarazada, no tienes afecciones cardiacas, no sufres problemas de presión arterial ni problemas nerviosos.
     "La atracción de acero", que "descarga toda tu adrenalina elevándote a 50 metros de altura", está en Metrópolis. Es una enorme y alambicada montaña rusa que te coloca boca abajo y de lado a más de 90 kilómetros por hora. Cuando te sujetan al asiento sientes que vas a entrar en un escáner médico. Cuando estás arriba te acuerdas de Nazca, del viaje en avioneta para ver desde el aire el colibrí, el mono, la ballena. Sólo lo recuerdas un instante porque el recorrido dura 62 segundos. En "El invertidor de Lex Luthor" no sientes "los diabólicos movimientos giratorios y vibratorios del artilugio" y al cerrar los ojos piensas en el parque de atracciones cristiano que monta Ned Flanders, el vecino de los Simpson, cuando muere su mujer: milagros incluidos.
     El espectáculo de Arma Letal empieza en el lago. En el centro del lago hay una isla sobre la que se levanta una construcción industrial. En una de las playas está el amarre-roulotte de Mel Gibson. Mel Gibson, Danny Glover, Joe Pesci y Rene Russo van de pesca pero los malos se lo impiden. Hay disparos, fuego, peleas, caídas al agua, motos acuáticas, explosiones. Los actores mueven la boca y por los bafles se oyen altas y claras las voces de los dobladores españoles de Arma Letal. Como una de las explosiones del espectáculo te llegan a la cabeza la palabra ventriloquia y el comienzo de un cuento: "He sido Joe Pesci cuatro meses. Me he tirado al agua más de cien veces y pese al traje térmico he pasado frío. Lo peor no ha sido la humedad sino Danny Glover, incapaz de aprenderse los movimientos. Yo soy actor, pero Danny Glover sólo había hecho de Baltasar en una Cabalgata de Reyes…" El cuento es malo y lo olvidas. Cuando los buenos acaban con los malos, el público aplaude sin ganas, muchos se han mojado con las olas levantadas por las lanchas. Mel Gibson, flaco y sin ningún parecido con Mel Gibson, sonríe y saluda desde una moto acuática. Los trabajadores de tierra del espectáculo Arma Letal muestran a los actores la mano cerrada con el pulgar levantado.
     Entras en el "Batman Knight Flight": un vuelo simulado en el que perseguís a los malos que se han escapado de la prisión de Gotham. Un Batman de plástico os dice que le ayudéis en su misión, cadetes. Voláis por las azoteas de la ciudad. En uno de los tejados hay un enorme anuncio de Kane Coffee: ¿qué sentido tiene recordar a William Randolph Hearst? Como un torrente te llega a la cabeza Guy Debord: el espectáculo crea un presente perpetuo, en el cual la repetición constante de las mismas seudonovedades hace desaparecer toda memoria histórica, de modo que no se puedan ya comprender ni las causas ni las consecuencias de acontecimiento alguno.
     Pero también como un torrente Guy Debord desaparece. Ves a una mujer que graba en vídeo a sus hijos y a su marido mientras se golpean en los autos de choque de "El Joker", donde el enemigo de Batman "está provocando numerosas colisiones". Los autos de choque han perdido el cable que les unía a una malla eléctrica, así eran en tu infancia, pero han ganado un cinturón de seguridad.
     Una de las trabajadoras de una de las casetas de juego te invita a lanzar pelotas de baloncesto a unos barriles de ron del Old West Territory. No has estado nunca en el barrio de la luz roja de Ámsterdam, pero te acuerdas del barrio de la luz roja de Ámsterdam.
     El Movie World está en el otro extremo de la vida del feriante: sedentarios frente a nómadas. Piensas que en esa diferencia se encierra parte del misterio, pero no sabes explicarlo con palabras, es como si entraras en un laberinto. Entras en el "Hotel Embrujado": telarañas de hilo, retratos de personajes grotescos a los que se les mueven los ojos, música irritantemente misteriosa.
     Has dado vueltas durante todo el tiempo alrededor de "La venganza del Enigma", la atracción estrella del Parque: "una caída en picado desde 100 metros de altura". Te recuerda el tubo de experimentación para ascensores de la fábrica Schindler de Zaragoza. No sientes vértigo. No sientes náuseas. No sientes miedo.
     No te dejan entrar en "Los efectos especiales de Hollywood" y te pierdes "todos los secretos de los efectos especiales del maquillaje": es hora de cerrar. Entras en una tienda de Sunset Boulevard; en una de las vitrinas se expone una carta de Joan Crawford a Florence, escrita a máquina, en la que le cuenta un terrible incendio en Bel Air. Tomas un granizado de Nescafé en una cafetería de la plaza de entrada: ves la fuente, tiendas y a una trabajadora barriendo con una escoba.
     Cuando esperas la lanzadera que te llevará a Pinto, miras los montes llenos de pinos y de árboles cuyos nombres no sabes. Sabes que Tim Burton dirigió Batman en 1989. También sabes que Chuck Jones creó a Correcaminos. Sabes, además, que Cartoon Network ha excluido a Speedy González de su programación por ser "políticamente incorrecto". –

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