Saramago, Ricardo Reis, Mastroianni

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Puerto Escondido. Welcome to the Holy City of Puerto Escondido!

Leo en el camión El año de la muerte de Ricardo Reis (1985 ), de José Saramago. No lo había leído, lo sabía y me daba remordimiento: conocía otras de sus primeras novelas (Memorial del convento, Manual de pintura y caligrafía) y he padecido sus exhortos leninistas en ficción, sobre la ceguera y la lucidez, etc. El año de la muerte de Ricardo Reis es espléndida, como era previsible y es, como se conoce aquí y allá, su mejor libro. Es más: vino al mundo para escribir ese libro y lo demás es propina. Pero una vez leído el libro me es difícil de calcular el monto de la propinota restante. El caso se complica: en el fondo, Saramago es un esteta, algo más o algo menos que un obsecado stalinista (entró, parece, al Partido Comunista Portugués en 1969, yo creía que militaba desde la posguerra) y todos esos quiebres y requiebres ante Fidel Castro, que si se cae en el camino de Damasco o no se levanta, todos esos sofocos y temblorinas, parecen propios de la histeria del esteta… Ya me lo sospechaba desde la primera vez que lo vi paseándose por la calle de Alcalá, a las 11 de la mañana, impecable con su traje y corbata negra. Pero no había yo leído su Ricardo Reis y esa ternura humanitarista con que Saramago lo dibuja, esa saudade sistemática que mata al Doble (o al Triple) una vez que el Uno (Pessoa) se le aparece, es muy propia del anhelo de comunión que suelen ocultar los estetas: lo que el Arte no puede hacer perfecto que lo perfeccione la Utopía.

Si Oscar Wilde se hubiese librado del juicio, de la condena, del destierro y de la muerte un tanto precoz, ¿habría ido a dar, ya viejísimo, en los años treinta, a las filas de la sovietofilía británica, con los esposos Webb? ¡Estetas! ¡Fabianos! ¡Humanistas! ¡El alma del hombre bajo el socialismo! (23 de julio de 2007)

No creo que sea muy justo lo escrito hace un par de días sobre Saramago y su Ricardo Reis: la novela es otra cosa, no es de esteta, es esencialmente sentimental. Todas las relaciones del héroe, sobre todo con la tullida y la recamarera es sentimental-decimonónica, y el mundo del hotel es tan “entrañable” que hubiese exigido a Mastroianni en el papel de Ricardo Reis: viejo, cansado y sin ilusiones pero todavía muy caballero y seductor. Una última oportunidad para el amor, etc.

Hice bien en traerme a Puerto Escondido las cartas de Teixeira de Pascoaes (1877–1952) a Unamuno y algunos poemas de Teixeira. Ése es el porte que lleva el Reis saramaguesco. He dicho el porte, no el estilo. Como aquel verso de los que le gustaban a Unamuno: E una tristeza palida de ausencia/meu triste coraçâo fica á chorar

Habrá que confirmar las coordenadas del caso con el libro de Horácio Costa, José Saramago. O período formativo (1977).

He leído El año de la muerte de Ricardo Reis, es cierto, más por interés en Pessoa que en Saramago, lo cual, tratándose de una novela, es una disculpa engañosa. (26 de julio de 2007).

Retrato: João L. Roth

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