Carta inédita

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"Acción Nacional nació postulando las causas eternas", había dicho Manuel Gómez Morín días antes del inicio de 1955. El nuevo año se presentaba particularmente difícil para el PAN. El sistema político mexicano se encontraba en su cenit. La evidente estabilidad y la paz social habían arraigado en la conciencia de los cerca de 29 millones de mexicanos que habitaban el territorio nacional. Avalado por los Estados Unidos, el austero gobierno de Adolfo Ruiz Cortines se encontraba en inmejorable situación luego de sortear con éxito la devaluación de 1954 y de la famosa política económica llamada "desarrollo estabilizador" —que terminaría por anunciar "el milagro mexicano"—, suficiente para legitimar el dudoso origen electoral del presidente de laRepública. Era un hecho: el Partido Revolucionario Institucional parecía haberse apropiado de la eternidad.
     "Nada —ni la fatiga, ni la amenaza, ni el viciado ejercicio de laautoridad— será capaz de detenernos en nuestra marcha" —sostenía el fundador del PAN. El 18 de marzo de 1955, Gómez Morín escribió una larga carta a su amigo el general Ignacio C. Enríquez —de la que hoy publica Letras Libres un fragmento— donde el fundador de Acción Nacional expone detalladamente cada uno de los elementos democráticos que urgía instaurar en México: efectividad del sufragio; legitimidad, estructuración y ejercicio de la autoridad; formación de la conciencia cívica, organización de partidos políticos.
     La carta de Gómez Morín es una ratificación de sus votos democráticos y un exhorto a no claudicar. En 1955, cuando se cumplían 16 años de la fundación del PAN y ante la cantidad de fraudes perpetrados por elsistema, Acción Nacional no podía retroceder ni esperar a que se dieran las condiciones favorables o se gestara una situación inmejorable parabuscar la victoria: la democracia debía construirse en la adversidad. — Alejandro Rosas Robles

Nosotros los leprososMarzo 18 de 1955Sr. Gral. D. Ignacio C. Enríquez,
Calle Antonio Solá 65,
Col. Condesa,
CiudadMuy respetable y fino amigo:
Recibí su carta del 8 de los corrientes, con mucho gusto, porque me da una nueva oportunidad de conocer sus ideas y de colaborar así, puntualizando temas y tesis, en su pensamiento y, con ello, también, en la nunca abandonada tarea de revisión de mis propias ideas.
     […] En México, la autoridad debe instaurarse por el sufragio. Por el sufragio universal. Esa es nuestra realidad formal. Más tarde veremos o verán nuestros hijos si se da un voto calificado al jefe de familia, si deben tener representación como tales, los claustros universitarios, los intereses económicos, las comunidades profesionales, las jerarquías eclesiásticas, un consejo de ex-presidentes, senadores designados no por circunscripción geográfica sino por otras razones más específicas y superiores. Tantas cosas más que es necesario pensar, ensayar, rectificar y afinar. Pero lo inmediato es que —aquí y ahora— la autoridad debe ser instaurada por medio del sufragio. Lo inmediato también, en consecuencia, es hacer que el sufragio se organice y se cumpla en la mejor forma posible.
     Lo inmediato es dar vida a la institución y evitar a todo trance que sea simple engaño, disfraz y trinchera tras la cual no el pueblo, ni nadie que lo represente, ni nadie que esté dispuesto a servirlo, sino una oligarquía, se esconde para oprimir y explotar a la Nación y para impedir o frustrar los esfuerzos orientados a buscar formas mejores y másadecuadas a nuestra realidad. Eso es, mi querido amigo, lo innegable, lo inmediato, lo debido y obligatorio. De eso debemos partir y llegar a zonas más altas. Pero sin eso, seguiremos con la sola apariencia de caminar, resbalando sobre el mismo lugar y haciendo cada vez más difícil el camino.
     La autoridad en México, aquí y ahora, debe ser instaurada mediante el sufragio. El sufragio requiere ante todo una formación de conciencia cívica, una formación de ciudadanos. Esa formación debe empezarse desde la escuela; pero la escuela está en manos de la oligarquía y la inmensa mayoría de los mexicanos adultos de hoy no ha pasado por la escuela. Hay que fomarlos en la vida, directamente, agregando a su trabajo de todos los días, a sus alegrías, inquietudes y sinsabores, el trabajo y la inquietud por los asuntos comunes. Hay que explicarles esos asuntos comunes, hay que hacerles entender la trascendencia que  tienen para la Nación, para la provincia, para la ciudad, y para cada familiay para cada persona. Hay que hacerles conocer lasposibles soluciones y los caminos posibles. Hay que recordarles que sólo una autoridad capaz y limpia puede presidir el esfuerzo común necesario para resolver esos problemas, para atender debidamente a esos asuntos comunes. Hay que hacerles saber que la autoridad debe ser nombrada por ellos y en virtud de ese nombramiento debe responder ante ellos; que nunca responderá ante ellos si es nombrada por otros, contra su voluntad. Hay que hacerles sentir, así, la tremenda, la magnífica responsabilidad del sufragio.
     Luego, hay que darles los medios para esta formación, para esta información. Los medios para vincularse con los que tienen ideas y programas que les son comunes, para ponerse de acuerdo, para recibir y darse mutuamente informaciones y orientaciones, para defender en común sus ideas y sus programas; para defender en común su derecho y hacer posible el cumplimiento de su deber. Es decir, hay que organizarlos específicamente para su tarea ciudadana, para la instauración de la autoridad, para que ésta no sea obra de la anarquía ni, menos aún, del fraude, sino fruto de la deliberación, y para que el sufragio, aún cuando sea muy deficiente (pero siempre con menor deficiencia y con posibilidades incomparablemente mayores que el fraude), exprese el deseo, la opinión, la voluntad de la comunidad. Es decir, hay que organizar a los ciudadanos en partidos políticos. En partidos  verdaderos, no en simulaciones de partidos. En partidos permanentes, porque la permanencia es lo que les puede dar responsabilidad y la responsabilidad es lo que les puede apoyar para ser prudentes y justos y templados y firmes.
     Y crear partidos así no es caer en el anatema, no es "dividir el reino", ni la ciudad, ni la casa, en el sentido tremendo del Evangelio. Es, por el contrario, comenzar a vincular lo que está disperso; tratar de establecer un campo común en donde la razón y no la fuerza, la cordura y no el fraude, el bien común y no el medro o la voracidad de una oligarquía, permitan conjugardiscrepancias, diferencias, oposiciones de intereses, contradicciones intelectuales, diversidad de convicciones. Todo estoexistirá siempre y lo que importa no es que desaparezcandiscrepancias y contradicciones y diferencias (que son enriquecedoras y que son consecuencia de la naturaleza misma delhombre), sino que puedan resolverse pacíficamente en el bien común, que puedan conjugarse justamente en "la tranquilidad del orden". Por eso, expresar diferencias, deliberar sobre ellas, luchar por las propias convicciones, denunciar lo que se cree equivocado o perverso, no es dividir, cuando todo ello tiene la posibilidad de un camino para convertirse en autoridad, apta, responsable, limpia; en norma justiciera, en posibilidad deservicio del bien común.
     ¿Que el sufragio no lo es todo ni resuelve todos los problemas? Por supuesto. Por encima y por abajo del sufragio quedan mis convicciones personales, definitivas. Contra ellas, el sufragio nada debe poder. Por eso se plantea el siguiente paso en el problema de la autoridad, que es el de su estructuración y el de su ejercicio. Para eso, en el caso de México, en nuestra realidad formal actual, hay instituciones como la división de poderes, como la división del Congreso en dos Cámaras, como las garantías individuales y el amparo, como el régimen federal, como la autonomía municipal. ¿Que son insuficientes? Ciertamente; pero son el camino que ofrece nuestra realidad formal. Y nuestro primer deber es hacer que tengan vigencia, que realmente funcionen, como podrán funcionar —y solamente así— con una organización ciudadana verídica y eficaz. Entonces podremos corregirlas, irlas enmendando, acomodarlas mejor a nuestro ser substancial. Entonces, cuando logremos que tengan vigencia, tendremos inclusive el derecho de corregirlas. Porque creo que hoy ni siquiera tenemos el derecho de corregirlas, cuando no hemos sido capaces de darles vigencia y de ponerlas a prueba.
     Es hermoso construir arquitectura de sueño con nubes suaves y plásticas que se acomodan dócilmente a nuestra intención pasajera. Pero la construcción de la ciudad, de la vida colectiva, tiene que hacerse con la dura realidad, compleja, contradictoria, alusiva, áspera y difícil. Y creo que finalmente este tipo de construcción es más hermoso que el otro. Sobre todo, no puede abandonarse este tipo de construcción por el otro, aunque el otro debe inspirar —y a veces lo hace—, el de construcción con la realidad. Tomás Moro era un realista canciller del Reino y al mismo tiempo construía su Utopía. Santo Tomás Moro subió al cadalso expresando de otro modo este mismo complejo destino del hombre: "He sido y soy servidor leal del rey; pero más lealservidor de Dios".
     A todos nos gana frecuentemente el deseo de sacudirnos de los zapatos el lodo y el polvo de esa realidad y de escaparnos, muy indignados, a zonas de sueño. ¿Pero así cumplimos nuestro deber? Creo que no. ¿Nos pondremos a trabajar por el bien de México cuando sea posible reformar la Constitución, cuando sea posible modificar el sistema democrático, cuando seaposible lograr una representación más auténtica, cuando sea posible encontrar medios mejores de expresión de la voluntad común, cuando haya más justicia social, cuando haya más cultura, cuando haya más espíritu cristiano, cuando el sufragio sea másorganizado, cuando la oligarquía sea respetuosa del voto, cuando no haya interesados en sostener un sistema de violencia y de fraude, cuando…? ¿Es eso de hombres, de patriotas, de ciudadanos, de cristianos?
     No. Si el mal está aquí, en nosotros y con nosotros, ahora, inmediato, tangible, actual, produciendo opresión y miseria, injusticia y angustia y desesperanza, no como amenaza de un mal, sino como mal vivo, presente, desgarrador. Y si tenemos un camino inmediato para empezar a luchar contra el mal, ¿por qué diferir la lucha y ponerle condiciones que, además, nunca se lograrán si no empezamos a luchar desde luego, donde estamos, como somos, con los instrumentos y los medios —pobres, deficientes, insatisfactorios— que tenemos a nuestro alcance?
     Acabo de leer la terrible defensa que de Damián el leproso hizo Robert Louis Stevenson contra aquel pastor protestante que acusó a Damián de ser rudo, de ser ignorante, de haber ido sin órdenes a la isla de los leprosos, de haber sido impuro, de no haber contado con los medios técnicos adecuados y aun de haberse opuesto algunas veces al uso de esos medios. Y Stevensoncontestó a su compatriota y correligionario diciendo: Damián fue rudo, ignorante, inescrupuloso, obstinado y fue a los leprosos por su propia voluntad, sin que se lo mandaran, y no tenía los medios técnicos para curarlos o para atenderlos. Simplemente fue a la isla de los leprosos a compadecerlos, a acompañarlos, a darles el auxilio que estaba a su alcance, a gritar ante el mundo el abandono y la miseria y la desesperación de los leprosos. Y se entregó a su tarea. Y un día comenzó su sermón no diciendo ya "mis queridos hijos", sino "nosotros, los leprosos", porque se había vuelto leproso. Seguramente por su culpa, por no tener medios técnicos, ni sabiduría, ni conocimientos. Pero Damián fue a la realidad y trabajó sobre ella y haciéndolo así desató fuerzas sociales y virtudes sociales que sobre su trabajo pobrísimo, deficientísimo, lamentable en muchos aspectos, han logrado lo que Damián en su ignorancia quiso lograr y aparentemente no pudo lograr; pero que Damián con su entrega total, con su prisa por el bien, con su sacrificio, logró plenamente. Todo ellomientras el pastor de la carta de Stevenson, en el mejor de los supuestos, estaba probablemente soñando, en el amparado refugio de su cómoda vida, con sanatorios modelo, con doctores modelo y enfermeras modelo e higiene modelo, y pastores modelo que nunca tuvieron que decir: "nosotros los leprosos".
     Otra vez, querido amigo, perdone la amplitud de esta carta y las muchas trivialidades que en ella se repiten y los temas y datos que de fijo usted tiene mucho mejor sabidos que yo. Pero es tan importante que hombres limpios se entiendan! Sobre todo, es tan importante que se pongan a trabajar juntos en la tarea simultáneamente tremenda y magnífica de México! Qué alegría será para mí encontrarlo un día y darle la mano, en nombre de esta acción inmediata que México requiere, con el saludo de Damián: "Nosotros los leprosos" de la vida pública de México. –     
     Lo aprecia muy sinceramente su amigo,
     — Manuel Gómez Morín

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