Se olvidaron de cómo hay que morir
y, así, ensanchan su vida tan letal.
Yo y mi tumor luchamos cordialmente.
Esperemos que no haya un doble muerto.
Necesito que muera mi tumor,
un tumor que se olvida de morir
pero que, en su lugar, planea matarme.
Pero recuerdo cómo hay que morir
aunque ya mis testigos estén muertos.
Pero recuerdo aquello que contaban
sobre tumores que los dejarían
tan ciegos y tan sordos como eran
antes del nacimiento de ese mal
que les trajera aquel tumor a cuento.
Ya secas, morirán las negras células
o cantarán y harán su voluntad.
Tan quedamente crecen noche y día
que nunca sabes, nunca dicen nada. ~
Marzo de 2002
Traducción de Hernán Bravo Varela
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