Frederic Amat: Conectividad, disponibilidad, fiscalidad

AÑADIR A FAVORITOS

Hace veintidós años, la Galería de Arte Mexicano exhibió la obra de un joven artista catalán que, fascinado por la luz y el mundo indígena, había radicado un par de años en Oaxaca. Frederic Amat vuelve a esa galería, donde su obra más reciente (pintura, grabado, fotografía y video) podrá apreciarse durante todo el mes de diciembre y hasta el 7 de enero de 2003.
     Con la mano derecha pinta en el papel, mientras sostiene con la izquierda la cámara de video, manteniéndola a una distancia suficiente para verse pintar en la pequeña pantalla digital. Se registra pintando grandes manchas negras que son moscas, les hace brotar alas, grandes moscas en hervidero. Corte a: Traslada las moscas del papel a una malla serigráfica para hacer una matriz de impresión. Un operario baña la matriz con tinta negra esparcida con una rasqueta. Estampa las moscas sobre grandes cristales planos y transparentes. Ahora las moscas pululan sobre ventanas. Corte a: Los cristales estampados se ensamblan por pares dejando un espacio intermedio para ser rellenado a medias con arena. Las ventanas se montan en un edificio. Son la fachada de un restaurante en Barcelona, un restaurante de mariscos frente al mar. Zumban las moscas bajo el sol de mediodía.
     El efecto es escenográfico, pero sólo en la superficie. En esta pieza de Frederic Amat (Barcelona, 1952), la pintura se ha tocado con la arquitectura, con el video, con la estampa, con la acción del artista que se videograba a sí mismo pintando, dirigiendo a los operarios del taller de serigrafía y a los vidrieros. Amat pertenece a la estirpe de los artistas totales, que se mueven entre la poesía, las artes visuales y las artes escénicas. Son artistas que están en plena disponibilidad para conectar. Baste recordar su colaboración con Lluís Pasqual en Tirano Banderas para el Teatro del Odéon en París (1992), o con Cesc Gelabert y Pascal Comelade en el espectáculo de danza Zumzum-K (1997), o la reciente puesta en escena del Œdipus Rex de Stravinsky en Barcelona. Para entender su trabajo, los conceptos tradicionales de unidad, composición, armonía y proporción son de poca utilidad. Las obras de Amat podrían clasificarse en pintura, grabado, cerámica, fotografía, video, cine, espacios escénicos para danza, teatro y ópera, vestuarios, acciones, carteles, objetos… Pero lo esencial de su trabajo no son los géneros que emplea sino la conectividad que establece entre ellos.
     Inmerso en el amplio abanico de acciones que integran su trabajo, no opta por la jerarquización de las disciplinas sino por su equilibrio dinámico. Imposible definir a Frederic Amat como escenógrafo, cineasta, ceramista o pintor. Si una clave de su trabajo es la conectividad, de inmediato se entiende que el artista haya accedido desde muy joven a una actitud de disponibilidad. Amat es un artista abierto a la oportunidad, al intercambio, a la rotación y, desde luego, al accidente. Su mano es teatral como un ademán y conceptual como un trazo pictográfico. Al pintar, a cada paso encuentra formas orgánicas que convierte en pautas. Procede a menudo transformando sus gestos automáticos en trazos caligráficos, que repite hasta hacerlos cuasicoreográficos. Otra clave de su arte es la fisicalidad, visible en su pintura tanto por el uso constante de los dedos para el empaste y el trazo, cuanto por su recurso constante al collage y la superposición de papeles, textiles, ceras y acrílicos para producir gruesas materias. Pero hay algo más en el plano de la fisicalidad: un metabolismo.
     Está en la ironía de decorar con moscas un restaurante.

Procesos vitales como la alimentación incluyen también la descomposición, y Amat descompone en pintura. Inscrito en la tradición plástica catalana, Amat insiste en que la falta de perspectiva en la pintura renacentista de Cataluña es un rasgo histórico que se ha transmitido a su propia obra, como antes a la de Miró y a la de Tàpies. Es posible. Ahora bien, a diferencia de ambos pintores, en Amat la composición ha sido desplazada por un proceso alterno de autorregulación, un proceso donde el orden y el desorden se organizan entre sí, se producen uno al otro, se asimilan y se descomponen. A esto podría llamársele metabolismo. Si se considera además que el artista alude constantemente en sus superficies a la piel, al vello, pero también a la herida y la supuración, y de igual modo a las secreciones, las mucosidades y aun al excremento, y de ahí pasa a la podre y al agusanamiento, se comprenderá que el elemento escatológico —tan presente en Tàpies, por lo demás, y desde luego característico de la cultura popular catalana— ritma y expone la sustancia y la forma en la pintura de Frederic Amat. Su uso de la cera para sugerir fluidos estáticos (leche, semen, sangre) indica que la fisicalidad en él se refiere específicamente a la organización de lo vivo. La vida es el objeto de este artista.
     Ante la amplitud de recursos que emplea y propuestas que genera, es necesario referirse a cómo el arte de Frederic Amat se endereza respecto a los afanes de la “interdisciplinariedad”. Su relación con los poetas es muy esclarecedora en este aspecto. Amat es un lector de poesía. Cabe mencionar su amistad con J.V. Foix y Octavio Paz, y recordar que él llevó a la escena por primera vez, junto con Lluís Pasqual y Fabià Puigserver, la obra El público de García Lorca en 1986. En 1998 realizó la película El viaje a la Luna a partir de un guión cinematográfico manuscrito del propio Lorca. Pero seguramente la presencia más importante en su formación —importante en la medida en que echa luz sobre la conectividad, la disponibilidad y la fisicalidad de su arte— es el poeta Joan Brossa (1919-1998). Neosurrealista catalán, como poeta Joan Brossa transitaba libremente de la palabra escrita al teatro, a las artes plásticas y a la música. Realizó guiones de cine (Amat ha llevado uno de ellos, Foc al càntir, a la pantalla en 2000), poesía visual y objetual, ballets y conciertos, así como acciones e instalaciones. Parte sustancial de su trabajo lo realizó a modo de colaboraciones con artistas plásticos como Miró, Tàpies, Chillida, Perejaume y el propio Amat. La lección de Brossa fue nada menos que borrar los límites entre géneros y disciplinas: mucho más allá de la interdisciplinariedad concebida como estricta colaboración. Se trata más bien de unificar el campo artístico.
     Esta unificación es una respuesta sistemática y subversiva. El objetivo es unir, en plena conectividad, disponibilidad y fisicalidad, la vida con el arte. Cuando Frederic Amat habla de sus instrumentos de trabajo, enumera las cámaras fotográficas y de video, los cuadernos y los frascos de tinta, pero no olvida mencionar el puñal. El puñal está en la mirada y en la acción, en la mano y en la disipación, en la borradura de los límites, en la aventura, en la pérdida, en la asimilación, en el equilibrio dinámico, en la descomposición, en el metabolismo. ~

    ×  

    Selecciona el país o región donde quieres recibir tu revista: