Manual del gesticulador moderno

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Hace unas semanas, el periódico Reforma invitó a varios priistas o progresistas o prematuros precandidatos a la presidencia a protagonizar un experimento: actuar ante una cámara fotográfica los gestos definitorios del carácter de un político.
     Varios aceptaron (Bartlett, Fox, Cárdenas, Roque). Salían mirando agudamente a la cámara, puliendo el ojo, apretando el labio, enarcando la ceja, afilando el diente y mostrando un puño. En el pie de foto nos enterábamos de que estaban haciendo el gesto que significa firmeza.
     Los políticos, ávidos de voto, salieron en general airosos de la prueba. Ninguno confundió, por ejemplo, el gesto correspondiente a firmeza con el gesto ai nos vemos; ni el gesto tolerancia con el gesto me duele aquí. Junto a las fotos, además, se aportaban relevantes datos sobre el carácter del candidato, por ejemplo: “música preferida: clásica o Beethoven”.
     La del 2000 será una tupida y sustanciosa contienda electoral en la que los gestos jugarán un papel muy importante, dada la tendencia del pueblo a creer más en los gestos que en las palabras, tendencia que comparten los políticos. Por desgracia, en el reportaje del Reforma cada candidato actuó sólo cinco gestos cuando, por experiencia, sabemos que un político debe tener más, siquiera ocho.
     Recordé entonces el hallazgo, en una olvidada biblioteca, de un asombroso Diccionario de gestos de España e Hispanoamérica confeccionado por Giovanni Meo-Zilio y Silvia Mejía.1 Asombroso porque se trata de una de esas empresas ambiciosas e irrelevantes del tipo estudiar la cleptomanía de la morsa o describir el efecto químico de la voz de Edith Piaf en el lóbulo parietal derecho.
     Son tareas que resultan de un empeño que, a fuerza de querer llenar el vaso de la razón, se derraman hacia un suelo en el que la efervescencia del método y la aleatoria imbecilidad engendran el contrahecho sinsentido. ¿Quién no tuvo un abuelo que inventó una Gía abrebiada del kasteyano? ¿O un cuñado que dedicó su vida a tipificar los ombligos y probar su relación con el carácter? ¿Quién no recuerda al personaje de Borges que inventó el mapa de tamaño natural? Viven en ese reinado de los solitarios con iniciativa, enfrascados en explicar lo irrelevante, presidido por el Rey Talon VII soñado por Raymond Roussel, con el Doctor Fraustroll que imaginó Jarry como primer ministro, y abundantes Bouvards y Pécuchets en el papel de súbditos. Daría lo que fuera por vivir ahí.
     El referido Diccionario de gestos pertenecía a esa noble estirpe de lo inútil hasta ahora que los candidatos mexicanos reactivan la prolija semántica del gesto y le otorgan pertinencia electoral.

El caso del célebre gesto de Roque Villanueva —precandidato él mismo— cuando aprobaron el IVA es prueba de esta pertinencia. La abundante discusión que originó su gesto hubiese sido solucionada por una puntual consulta a este volumen. El espectador hubiese visto (o sentido) el gesto de Roque, mostrándose indeciso sobre su significado, acudido al diccionario, comparado las fotos y leído:
 
Los brazos doblados en ángulo recto, con los puños cerrados (uñas hacia arriba), se retraen enérgicamente, con un movimiento brusco de los codos hacia atrás, rozando fuertemente la cintura como para tirar algo hacia uno. Puede ser acompañado de un sonido bilabial, explosivo, leve y grave (trompetilla) o bien de un sonido faringonasal leve y grave parecido al mugido de un toro (véase la figura 1).
      
Resultado, el gesto de Roque, con la autoridad del Instituto Caro y Cuervo, y ya sin discusión posible, significa “COPULAR”.
     Me permito entonces reproducir algunos gestos del diccionario en cuestión que me parece vendrán más a la mano (o a la cara y/o cuerpo) durante la venidera campaña electoral, con objeto de coadyuvar a varios objetivos: 1. que los contendientes estén seguros de estar utilizando el gesto adecuado para tal o cual idea; 2. que puedan interpretar con corrección el gesto de un oponente; 3. que enriquezcan un repertorio gesticular que les será muy útil, ya en caso de ganar, ya en el de perder, ya en el de empatar, lo que suceda primero, y 4. que el pueblo votante sepa leer adecuadamente estos gestos con objeto de, llegado el momento, emitir su voto con conocimiento de causa.
     (Se reproducen la descripción científica del gesto y la ilustración del mismo. El autor agrega el grado de dificultad y las reflexiones pertinentes.)

Indignación ante la injusticia (fig. 2)
Mirada intensa, dura y prolongada en los ojos del interlocutor. Mímica facial agresiva: labios apretados y fruncimiento del entrecejo.
Grado de dificultad 3. Muy útil en giras por Chalco. Hay que tener cuidado de no confundir los labios con el entrecejo.
 
Externar un juicio sobre la capacidad mental del adversario (fig. 3)
El índice extendido apunta hacia la sien correspondiente, y a un par de cms. de la misma, hace un movimiento rotatorio de casi 360° hacia adelante, una o más veces, como dibujando un círculo de unos 5 cms.
Grado de dificultad 5. Es importante que, si la sien elegida es la derecha, el gesto se haga con la mano derecha, de otro modo, será la propia capacidad mental la que quede en entredicho.

El candidato se abstendrá de hacer este gesto ante un espejo o, por lo menos, en uno público.
 
Pedir al pueblo que se fije en que el declarante es el candidato más honesto (fig. 4)
La yema del índice aprieta el párpado inferior del ojo correspondiente tirándolo hacia abajo y aumentando así la abertura del ojo mismo.
Grado de dificultad 8. Hay el riesgo de la mala puntería y de incrustar en el ojo la yema del índice, o, más grave aún, el índice completo; también el de tirar hacia abajo con fuerza excesiva y botar al ojo de su cuenca. El votante entendería muy bien el gesto, pero el candidato se vería mal —y vería peor.
 
Mostrando la unidad de pueblo y gobierno a que el candidato aspira (fig. 5)
Los meñiques de ambas manos se enganchan y los brazos realizan un esfuerzo de tensión enérgica y prolongada en direcciones contrarias como para separarlos. Un gesto facial adecuado le aumenta sinceridad al esfuerzo.
Grado de dificultad 7. El candidato deberá ensayar mucho este gesto, previo a su uso, pues supone una excelente coordinación mano-mano y manos-cara, así como gran fortaleza física para impedir que, durante el gesto, un meñique pudiese derrotar al otro, lo que sería fatal. Este gesto tiene la ventaja accesoria de conjurar el riesgo de que algún perro que esté en el mitin desee ir al baño.
 
Insinuar lo que hará al pueblo el proyecto económico del oponente en caso de ganar (fig. 6)
El índice de una mano realiza lentamente el movimiento de ida y vuelta del mismo y a la vez lo aprieta fuerte dentro del círculo formado por el pulgar y el índice de la otra mano. Es referencia al coito, con el significado metafórico de “ser víctima (o cogido)”.
Grado de dificultad 3. Con este gesto asaz expresivo, se corre el riesgo de perder votantes pudorosos. También el de que el dedo o la mano, juntos o por separado, comiencen a disfrutar el gesto y exciten al candidato.
 
Poniendo bien en claro que la integridad personal es absoluta (fig. 7)
El índice y el pulgar se tocan por las yemas formando un círculo en un plano horizontal al piso; la mano realiza un movimiento seco vertical de arriba a abajo de unos 10-15 cms.
Grado de dificultad 2. Este gesto se sostiene el tiempo que sea necesario, hasta que ya no haya dudas sobre la integridad personal. Se recomienda, por tanto, un brazo fuerte y paciente.

Es importante que el gesticulador sepa que, a pesar de que unos dedos han hecho un círculo como en la fig. 6, en este caso el índice de la otra mano no debe hacer nada.

Señalando a alguien que hace una petición al candidato, lo que está de por medio para comenzar a considerarla (fig. 8)
El pulgar y el índice de la mano derecha se colocan en forma de herradura paralelamente al piso o sesgados, con las yemas separadas unos 4-5 cms. y representando una C con la apertura hacia la izquierda.
Grado de dificultad: nulo.
 
“Veo en el futuro un México mejor” (fig. 9)
Las yemas de los pulgares e índices de cada una de las dos manos se tocan entre sí mientras los demás dedos se aprietan curvados en semicírculo hasta adquirir las manos el aspecto de cilindros huecos. Luego, se apoyan las bocas de los puños en los ojos, sin realizar ningún movimiento, imitando así los anteojos de larga vista.
Grado de dificultad 5. Es un gesto adecuado para decir esa frase clásica desde hace noventa años. Conviene no buscar el futuro en el suelo, sino en lo alto. Luego de ver al futuro un ratito, el gesticulador se abstendrá de decir que lo único que ve en el futuro es a un candidato del futuro mirando hacia el futuro.
 
“El voto popular me ha favorecido y no daré un solo paso atrás” (fig. 10)
Se entrecruzan apretándolas las dos manos verticalmente y se hace un simultáneo movimiento de traslación horizontal de unos 20-30 cms. de derecha a izquierda y viceversa.
Grado de dificultad 3. Este gesto se hace obligatoriamente la noche de la votación, sobre todo si no han llegado los resultados. Si a la larga los resultados no son favorables, se hace el mismo gesto pero no de un lado al otro, sino de atrás hacia adelante, sobre la cabeza del jefe de campaña. No obstante, el candidato seguirá haciendo este gesto hasta que sea hora de negociar con el ganador el gesto descrito en la fig. 8.
 
Ingresando a Almoloya (fig. 11)
Los brazos se extienden completamente por encima de la cabeza en forma de V (con tensión cero), quedando las manos entreabiertas y con los dedos separados. Esto indica DESALIENTO HACIA LA SITUACIÓN y no necesariamente hacia el interlocutor, el cual puede ser ajeno a la misma.
Grado de dificultad 1. Un gesto adecuado para significar que el candidato recibió financiamiento del Cártel de Cancún o de la Conasupo y fue atrapado in fraganti, pero que todo se trata de una equivocación o de un complot, que no tardará en aclararse para que el candidato pueda poner muy en alto su nombre.-

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