Todos Seremos Espías

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El soldado Bradley Manning, analista de Inteligencia del ejército americano emplazado al este de Bagdad, nacido hace 23 años en el pueblo de Crescent en el estado de Oklahoma, consiguió entrar al ejército de los Estados Unidos después de un largo periplo laboral que incluyó una fábrica de software, un holding de trabajo basura, una empresa de entretenimiento y una cadena de pizzerías. Amparado por la ley antidiscriminatoria dadt (Don’t Ask, Don’t Tell), que obliga al ejército norteamericano a no preguntar acerca de las preferencias sexuales de sus voluntarios, Manning ingresa a la institución militar y gracias a sus destrezas intelectuales y su habilidad con la informática, consigue ser promovido a analista de Inteligencia.

Nacido y criado en un pequeño y conservador pueblo de la América profunda, su homosexualidad motivó un sinfín de circunstancias que fueron enmascaradas bajo los eufemismos de “conflictos de adaptación”, “problemas” en la escuela, infancia “turbulenta”. No es de extrañar que estos rasgos “problemáticos” hayan continuado tras su ingreso en el ejército, donde incluso debieron acentuarse, con el añadido de una cruel circunstancia: la guerra.

Como sabemos, en una conversación de chat, Manning confesó al célebre ex hacker Adrian Lamo los detalles acerca de cómo ejecutó la filtración masiva de información secreta hacia el sitio de Julian Assange, WikiLeaks. Y también sabemos que Lamo lo delató ante el gobierno de los Estados Unidos bajo el argumento (sospechoso, por demás) de hacerle un bien a la humanidad y contribuir con la paz de los pueblos. Pero lo cierto es que Lamo y Manning jamás habían establecido contacto alguno antes de aquella conversación. ¿A cuenta de qué, entonces, Manning confió sus secretos a Lamo?

A riesgo de ser chismoso debo echar mano de algunas informaciones. Una es la mención de Adrian Lamo en la lista Famous gay, lesbian, bisexual, and transgender people, donde aparece como “Hacker, journalist, writer” de orientación bisexual. Quienes conocen a Lamo hablan de un tipo inteligente, adicto al reconocimiento y a los medios de comunicación, sumamente hábil en las relaciones sociales, incluso con una tendencia a la “promiscuidad social”. Y siendo un poderoso hacker, o ex hacker, no es descabellado pensar que esa promiscuidad se haya manifestado en su medio natural: internet.

Si echamos un vistazo a las conversaciones entre Lamo y Manning (censuradas por la revista Wired o por el Departamento de Estado) hallaremos alusiones directas a la mayor fuga de información de la historia, pero también encontraremos señales acerca del estado de ánimo de Manning y su particular situación en el ejército:

Hola –se presenta ante Lamo–, soy analista de inteligencia del Ejército, a la espera de mi baja por “trastorno de adaptación”.

[…] Me automedico como loco cuando no estoy trabajando en la oficina de suministro (mi nuevo lugar, como me van a dar de baja ya no soy de inteligencia).

[…] En general me ignoraban [sus superiores]… salvo cuando tenía algo importante… entonces me decían “tráeme café y después barre el piso”.

 

Lo publicado por Wired el 10 de junio de 2010 representa, según su editor Kevin Poulsen, solo el 25% de la totalidad de los chat logs entre Manning y Lamo, y advierte que el 75% restante incluye información “profundamente” personal de Manning (y sin duda también de Lamo), junto con todo lo relativo a asuntos militares de carácter sensible. La pregunta es ¿cómo supo Wired que faltaba un 75% de los chat logs? Muy sencillo: Adrian Lamo es desde hace años amigo y colaborador de Kevin Poulsen, otro célebre ex hacker, actual editor de la revista.

No sería arriesgado pensar que ese 75% de los chat logs, referidos al universo de la intimidad de Manning, fueron los que permitieron que naciera una amistad virtual entre él y Lamo, pues la única forma de verter tal avalancha de secretos es hacerlo ante un “amigo”. Pero igual es sospechoso que Manning haya escogido a Lamo como confidente, cuando se sabe que Lamo, al igual que Poulsen y muchos otros ex hackers, son en la actualidad colaboradores de organismos de inteligencia y seguridad, en muchos casos vinculados con el gobierno.

Denver Nicks, quien escribió uno de los mejores perfiles de Manning (publicado en www.countercurrents.org), destaca su inteligencia y su temperamento, así como también su creciente vinculación con el activismo lgbt y su abierta simpatía por el Partido Demócrata. Manning además se enorgullecía de ser ciudadano de los Estados Unidos, y desde su adolescencia quería servir a la nación alistándose en el ejército. Según su amigo personal Jordan Davis, Manning estaba orgulloso de los éxitos de su país, valoraba la libertad americana, sobre todo la económica, aunque era un opositor al dadt, la norma que le permitió entrar al ejército pero que le prohibía declarar abiertamente su condición sexual. A pesar de esto Manning veía, concluye Davis, “a los Estados Unidos como una fuerza del bien en el mundo”.

Si revisamos los chat logs intercambiados con Lamo, veremos que esta imagen idealizada de su propia patria parece caérsele a pedazos: “Ya no creo en los chicos malos vs. los buenos… solo hay muchos Estados que actúan según su interés personal… con distinta ética pero en interés propio. Supongo que soy demasiado idealista.”

Tras realizar un seguimiento de los estados de ánimo de Manning a través de sus publicaciones en su perfil de Facebook, Denver Nicks concluye que el soldado entró en contacto con Lamo justo después de la ruptura con su más reciente pareja, Tyler. Es decir –sugiere Nicks–, en un momento de particular depresión emocional.

¿Desilusión amorosa? ¿Idealismo herido? ¿Venganza contra quienes lo humillaron en el ejército? ¿Oscuro entramado de célebres ex hackers? ¿Acto heroico, según lo ha calificado el propio Julian Assange, o simplemente la locura de un soldado en Iraq que se “automedica como loco”? ¿Acaso ganas de aparecer en los medios y hacerse famoso, o el chivo expiatorio de una red de mayor complejidad conspirativa? Quizás también una cortina de humo que coloca a un soldado homosexual (y demócrata) como traidor a la patria.

En medio de este inagotable caso, Julian Assange parece jugar el confuso papel de temerario activista político, mezcla de hacker y periodista inclasificable que se dedicó a sonsacar, recibir, editar y finalmente compartir información con los cinco diarios de mayor credibilidad en Occidente, y de los que sería muy interesante conocer los términos en que se asociaron con Assange.

Mientras todo el mundo apunta contra este criptógrafo paranoico de nacionalidad australiana, mientras lo buscan como a un criminal que ha puesto en peligro la paz de los pueblos, el origen de todo esto, es decir, quién filtró la información, y por qué, y con qué objetivo, y si acaso esto tuvo un precio y quién se vio beneficiado, me parece que está siendo convenientemente relegado a un segundo lugar. ~