El pasado 8 de diciembre se cumplían cien años del nacimiento en Salamanca de una figura imprescindible de las letras españolas de la segunda mitad del siglo xx: Carmen Martín Gaite. Fue una escritora de vocación en sentido amplio: aunque es recordada, ante todo, por novelas como Entre visillos (Premio Nadal 1957), El cuarto de atrás (Premio Nacional de Narrativa 1978) o Caperucita en Manhattan (1990), no son nada desdeñables sus cuentos y poemas. Ejerció también la crítica literaria, la traducción y un cultivo muy personal del ensayo, género que abarca, pese a la impresión que suele tenerse, la parte más amplia de su producción escrita. Recordemos, en este sentido, sus análisis sobre el galanteo (Usos amorosos del dieciocho en España y Usos amorosos de la postguerra española), El proceso de Macanaz (resultado de otra de sus investigaciones históricas) y obras tan estimulantes como La búsqueda de interlocutor, El cuento de nunca acabar y Desde la ventana: enfoque femenino de la literatura española, así como la semblanza generacional que dedicó a su amigo Ignacio Aldecoa, Esperando el porvenir. Pero esto no es todo: fue una hábil conferenciante, publicó artículos de opinión, escribió alguna pieza teatral y redactó guiones, entre ellos, los de las series televisivas Teresa de Jesús y Celia. De manera póstuma se dieron a conocer, además, sus cuadernos personales (los llamados Cuadernos de todo) y sus collages.
Uno de los impulsores de la celebración de este centenario es José Teruel, profesor honorario de literatura española de la Universidad Autónoma de Madrid, que conoce profunda y extensamente la producción literaria de la autora. Coordinó su obra crítica completa en siete volúmenes (2008-2019), editó El cuarto de atrás para Cátedra y ha compilado distintas colecciones de sus textos, ya sean artículos (Tirando del hilo), relatos (Todos los cuentos), poemas (A rachas), conferencias (De viva voz), cartas (su correspondencia con Juan Benet) o una selección miscelánea (Páginas escogidas), además de haber reunido dos escritos no muy difundidos bajo el título De hija a madre, de madre a hija.
Junto a otras tareas relacionadas con el centenario, Teruel ha comisariado la muy recomendable exposición que puede visitarse en la Biblioteca Nacional de España hasta el próximo 17 de mayo, como culminación de meses de homenaje, puesta en valor y resignificación de Carmen Martín Gaite. Con el fin de ampliar la imagen de la escritora, a menudo reducida a la de exitosa novelista, Teruel viene reivindicando su condición de polifacética mujer de letras, entre otros medios, a través de esta muestra –que cuenta con su correspondiente y estimable catálogo–, del congreso que codirigió junto a María Isabel Toro, celebrado en Salamanca el pasado mes de octubre, y de su documentada biografía, distinguida con el Premio Comillas.
Dado el perfil académico y filológico del autor, no es de extrañar el papel protagónico que en Carmen Martín Gaite: una biografía (Tusquets, 2025) desempeña la producción intelectual de la escritora, como parte fundamental de su vida y en diálogo con ella. Sin caer en una identificación acrítica entre vida y creación, Teruel considera la confluencia de ficción y escritura del yo la “clave de bóveda” de toda la literatura martingaitiana y reconoce como dominante en el libro que le dedica el “análisis literario de base biográfica en régimen de ida y vuelta, entre vida y texto”. De este modo, se enlazan en su relato la biografía íntima, la construcción de la imagen pública de la autora y la exégesis de su obra.
El biógrafo es consciente de que adopta su enfoque desde su particular posición y relación con la biografiada, a la que conoció personalmente sin llegar a tener con ella un vínculo estrecho: “Mi trato con la escritora fue esencialmente con su obra.” De ahí que no nos presente la biografía de Carmen Martín Gaite, sino una biografía, sin dar por agotado el cuento de su vida. Y es que, como puede leerse en la novela La reina de las nieves, es inútil intentar contar las historias completas, “porque nunca lo están, ni siquiera para el que las ha vivido”.
El interés de Teruel por lo literario, unido a su propio carácter discreto y, tal vez, a su condición de biógrafo autorizado –la propuesta de elaborar una biografía de Martín Gaite partió en su día de su hermana Ana María–, le impide incurrir en el chismorreo, ni siquiera en episodios tan tentadores como la vida sentimental de la protagonista o el drama de la muerte de sus dos hijos. Así, por ejemplo, ante la nómina de hombres recurrentes en las páginas de los cuadernos privados de Gaite, afirma: “Nunca supe si fueron amistades amorosas o sobrepasaron esta concepción de la amistad, tampoco me parece importante.” Aunque la curiosidad lectora se vea en parte frustrada, se agradece el rigor de la biografía: la diferenciación entre hechos y suposiciones u opiniones, el espíritu crítico incluso ante los testimonios de la propia biografiada y la referencia a las fuentes (fundamentalmente, los rastros dejados por la autora en sus obras, cartas, cuadernos personales y agendas, sumados a las conversaciones del investigador con personajes de su vida).
Pasan ante nuestros ojos los antecedentes familiares de Carmiña, sus años de formación en Salamanca, su traslado a Madrid, su matrimonio y separación de Rafael Sánchez Ferlosio, la relación con su hija y el mazazo de su pérdida, sus estancias en Estados Unidos, su final reconocimiento en lo que llamaba “la edad de merecer”, su enfermedad y su muerte. Pero, pese a que asistimos al desarrollo de una vida en un marco cronológico, el relato no sigue estrictamente el orden temporal de los acontecimientos. Hay idas y venidas, como tirando de los distintos hilos que se van presentando, acudiendo al pasado y al futuro para esclarecerlos o completarlos. El propio Teruel advierte que los proyectos de Gaite “se cruzan e interfieren, por eso trazar una periodización en su vida y obra es a veces una tarea más inútil que compleja”. Más allá del devenir temporal, es cierto dualismo el que, a su juicio, articuló la vida y la obra de Martín Gaite: la atracción y, a la vez, el miedo hacia el caos, la convivencia en ella de un lado payo y disciplinado (derivado de su origen provinciano y burgués) y un lado gitano, libre, a la hora de experimentar la existencia y la escritura.
Uno de los méritos de la edición de esta biografía es la inclusión de fotografías de distintas épocas, que permiten representarse a la escritora a lo vivo. Cierto es que, en la versión impresa, habría facilitado la lectura la ubicación a pie de página de las notas, en lugar de al final del libro. También se habría agradecido la presencia de un índice onomástico, al tratarse de una obra de referencia a la que volver, que recompone una vida conectada con muchos otros personajes de la historia cultural de este país.
Una vida –y una obra– ejemplares en muchos sentidos. Su biógrafo destaca dos: por un lado, su papel de testigo y legataria de la llamada generación de los cincuenta y, por otro, el recorrido de autoafirmación de su propia poética –arraigada en la oralidad, comunicativa y afectiva–, frente a los dos grandes iconos literarios masculinos que fueron Ferlosio y Benet. Mujer adelantada a su tiempo, tuvo que lidiar con los prejuicios machistas en su valoración como escritora. Se mostró ejemplar, además, en sus prioridades: a día de hoy, sigue resultando admirable su reiterada negativa a ingresar en la Real Academia Española, para mantener su independencia frente a la cultura oficial y reservar su tiempo a la creación literaria.
Una de las facetas de su “existencia compleja y polivalente” –como la definió Luis Martín-Santos– fue la crítica de libros, que, según Martín Gaite, “no es nada si no estimula, aficiona e invita a leer”. Ojalá esta reseña sirva para incitar a la lectura no solo de su interesante biografía, sino también del conjunto de su obra poliédrica, en la que transpira su propia vida. Y es que, más de un cuarto de siglo después de su muerte, su cuento aún no se ha acabado. A través de sus palabras nos sigue interpelando, como buscando interlocutor, como hiciera con ella su “muerto” Macanaz. O tal vez sea nuestra época desquiciada la que ande huérfana de voces como la suya, honesta, transparente y dialogante. Ella es la prueba de que la sencillez, el desenfado y la cercanía no están reñidos con la calidad, el rigor, la complejidad ni la profundidad. Y era muy consciente de que la literatura, como la vida, es un asunto solitario pero a la vez comunicativo, que requiere del otro. Volvamos a abrir sus libros en estos tiempos tan sordos al diálogo, tan necesitados de que nos siga contando su cuento de nunca acabar. ~
Carmen Martín Gaite. Una biografía
José Teruel
Barcelona, Tusquets, 2025, 520 pp.
Carmen Martín Gaite. Un paradigma de mujer de letras
Hasta el 17 de mayo en la Biblioteca Nacional de España