No hace falta recordar que la vida y obra de Ted Hughes (1930-1998) constituyó, en su momento, un auténtico fenómeno no solo cultural sino social. Hughes fue quizá el único poeta inglés del siglo XX considerado una celebridad que ocupó las portadas de los grandes magazines y medios no siempre literarios. El origen de esta celebridad es equívoco, ya se sabe. Equívoco y lamentable porque enturbió la formidable voz que anima su poesía, particularmente la de Cuervo (Crow), uno de los libros más perturbadores que se hayan escrito.
La vida de Ted Hughes está marcada por la tragedia, una fatalidad de dimensiones sobrehumanas. Sylvia Plath se suicidó y también su segunda pareja, Assia Wevill, con el agravante de que murió junto con la hija de ambos, la pequeña Shura de apenas cuatros años. Estos hechos están directamente relacionados con la gestación de Cuervo, que Hughes comenzó a escribir después de tres años de silencio tras la muerte de Sylvia Plath. El origen de Crow se encuentra –dice Christopher Reid, editor de la correspondencia de Hughes– en la colaboración e intercambio de ideas con su amigo íntimo el artista gráfico y escultor Leonard Baskin. A Hughes le fascinaron siempre las imágenes de aves de Baskin, particularmente su serie de cuervos con rasgos antropoides. A las pocas semanas de la muerte de Sylvia Plath y para distanciarlo de la pesadumbre, Baskin le pidió escribir una serie de poemas con la idea de ilustrar una edición de sus dibujos. Al parecer Hughes se involucró aunque pronto abandonó el intento. Sin embargo, en una carta del 2 de marzo de 1966 el poeta le comenta a Baskin tres años después: “El proyecto CROW no se evaporó sino que se ha convertido en una epopeya popular que tendrá la extensión de una novela: prosa bosquimana, pero con más poemas que prosa. Dios tiene una pesadilla: una Voz lo ataca. Y no puede entender qué le pasa…” Siguiendo las fechas de los poemas, lo que conocemos como Cuervo comenzó formalmente ese año de 1966 y se interrumpió abruptamente con la muerte de Assia y de su hija en 1969, un año antes de la primera edición del libro. No obstante, gracias a la aparición de los Collected poems de Hughes editados en 2003, hoy sabemos que existían poemas de Crow posteriores y aun anteriores pero que nunca se incorporaron a su primera edición.
Mi lectura de Hughes se la debo a Jordi Doce, poeta, editor y traductor notable que en los años noventa tradujo Cuervo (publicado por Hiperión en 1999) y que ahora, un cuarto de siglo después y con base en los Collected poems, vuelve para revisar y traducir todo bajo el título de Cuervo, el ciclo completo. Cuando leí la edición de Hiperión ignoraba no solo la tragedia que enmarca al libro sino el conflicto interior del que Cuervo emergió más como un propósito inconcluso antes que un impulso agotado. Tras la muerte de Assia y de su hija, como dijimos, abandonó el proyecto y al volver ya nunca supo recuperarlo. Existen testimonios dispersos, personales o ajenos, en los que Hughes lamenta no poder reencontrar la atmósfera temperamental, espiritual y mental, la exaltación creativa que lo condujo a las puertas de una nueva experiencia, tan inusitada para él como para la poesía inglesa de ese momento.
Como cuenta Jordi Doce en su lúcido y exhaustivo prólogo (casi un libro en sí mismo), la poesía de Hughes significó una saludable ruptura respecto del modesto decoro de posguerra, heredero tardío del “delta aguado y plácido del postromanticismo”. Un sosegado impasse al que el humor de The Spectator no dudaba en caracterizar como The Movement y que, desde Encounter, Stephen Spender tampoco dudó en flagelar como un “movimiento” de “profesores que, provenientes de las Redbrick Universities, se resienten de que los llamen dons [élite profesoral]”. En ese contexto, Hughes apareció como el inusitado heredero de la tradición de Blake, Milton y aun de Shakespeare, al que le dedicó un monumental Shakespeare and the goddess of complete being (1992). Por supuesto, también estaban las voces de la modernidad británica: Yeats, Eliot, Dylan Thomas, D. H. Lawrence, etc. Sin embargo, había también un sustrato cuya resonancia solo le pertenece a él. A este respecto, escribe Jordi Doce: “Hughes nació armado de los pies a la cabeza, con un estilo propio, inconfundible, que hundía sus raíces en la tradición aliterativa de la Edad Media y en las vetas más germánicas de la lengua inglesa, algo que hasta un hablante no nativo es capaz de percibir.”
Junto con ese estilo debemos destacar otro factor, la genealogía mítico-trágica que Hughes retoma de su formación como antropólogo. En 1951 había ingresado al Pembroke College de Cambridge pero en 1953 cambió el currículo de letras por arqueología y antropología, incorporándose a la escuela de Cambridge bajo la fuerte influencia de sir James Frazer. De ahí proviene su obsesión con el animismo de las culturas primitivas. Y fue Baskin quien le sugirió leer, precisamente, el estudio de Paul Radin sobre la mitología del trickster (a grandes rasgos, una suerte de bufón mitológico, trágico y sagrado capaz de adoptar diversas formas animales, humanas o sobrenaturales) entre las culturas primitivas de la costa noroeste del Pacífico norteamericano, tan decisivo para la concepción del ciclo de poemas de Cuervo. Esta era una de las fuentes imaginativas de sus dibujos sobre cuervos, referencia a la que Hughes fue muy receptivo. Así, reseña dos libros de John Greenway, Literature among the primitives y The primitive reader, tan importantes como el trabajo de Radin para entender el universo simbólico de Cuervo. En ambos volúmenes, Greenway se ocupa (según sus palabras) de “la mejor producción literaria de la humanidad en el millón de años previos a la introducción de la escritura”. La reseña de Hughes apareció originalmente en The New York Review of Books,en el número de diciembre de 1965, fecha en la que el proyecto de Cuervo empezaba realmente a cobrar vida propia.
¿Cuál es la diferencia entre la primera edición de Cuervo aparecida en 1970 y el ciclo completo a partir de los Collected poems de 2003 traducido por Jordi Doce? Como dijimos haciendo eco a los testimonios de Hughes, más que concluir el poeta interrumpió el proceso y después ya nunca pudo recuperarlo. Sin embargo, la verdad es que siguió escribiendo y publicando otros poemas del trickster en ediciones pequeñas y privadas, a veces de manera independiente y, otras, incorporando nuevos textos a las ediciones que sucedieron a la de 1970 en Faber & Faber. En cualquier caso, se trata de un laberinto editorial con ejemplares en sellos efímeros o pequeños como Gehenna Press, de su amigo Baskin, o en Rainbow Press, la editorial de Hughes y de su hermana Olwyn. Estos poemas no recogidos en el volumen de 1970 ocupan un arco temporal de 1967 a 1973. El dato es relevante porque subraya ese proceso de ejecución que, ocasionalmente, antecedió a la primera edición de Cuervo pero que se prolongó mucho más allá de ella. Incluso, advierte Jordi Doce, Hughes aún mantenía viva su obsesión uno o dos años antes de su muerte en 1998.
Una observación importante de Paul Keegan, el editor original de los Collected poems, es que su reunión fue solo un registro de lo publicado en forma de libro o en ediciones periódicas. Aún queda por explorar los manuscritos inéditos resguardados en diversas colecciones, la más importante en la Universidad Emory de Atlanta. Keegan subraya que si bien los Collected poems “ratifican una obra conocida […] también ofrecen nuevas evidencias: el poeta que se encuentra en esas páginas aún no ha sido completamente asimilado”. Con la traducción de Jordi Doce publicada en el 55 aniversario de la primera edición, tenemos acceso íntegro a Cuervo en español y podemos confirmar lo dicho por Keegan. Baste leer “Crow on the beach” (‘Cuervo en la playa’), uno de los poemas centrales de 1970 y “A flayed crow in the hall of judgement” (‘Un cuervo desollado en la sala del juicio’), que no pertenece a Crow sino a Cave birds (1975) pero que Jordi Doce incluye en este ciclo porque sus afinidades son más que patentes. Al final, los poemas que en una carta de Hughes dirigida a John Fisher dijo haber dejado fuera (“cincuenta poemas más”) se incorporan en la sección titulada, precisamente, “Poemas no incluidos en las ediciones de Faber & Faber”. ~