Delcy Rodríguez y Doug Burgum. Foto: Prensa Presidencial de Venezuela.

Cronología de una vuelta al redil

A cuatro meses de la captura de Nicolás Maduro, Venezuela sigue la hoja de ruta trazada por Estados Unidos. Mientras el petróleo fluye y la dictadura sigue.
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Estados Unidos propuso para Venezuela una hoja de ruta en tres etapas: estabilización desde el punto de vista del orden interno, recuperación económica y transición a la democracia. Se supone que pueden desarrollarse paralelamente, pero no hay certeza al respecto. Como muestra de su buena voluntad, el país del norte reanudó las operaciones de su embajada el 30 de marzo de 2026, luego de siete años de suspensión. Antes de esta fecha, la delegación estadounidense ubicó su centro de operaciones en el hotel JW Marriott de Caracas. Agentes de la CIA, diplomáticos y marines, como en una escena berlinesa durante los años posteriores al fin de la segunda guerra mundial, coordinaron con el gobierno tutelado decisiones políticas, económicas y de seguridad. Para no sucumbir al calor, los marines paseaban en bermudas por el hotel. Seguro que el clima resultaba más agradable que el duro invierno de Berlín.

La primera funcionaria que aterrizó en Venezuela para quedarse en el país fue Laura Dogu. Dogu fungió de directora principal para el Hemisferio occidental en el Consejo de Seguridad Nacional y es experta en Centroamérica (migración, seguridad y gobernabilidad). Con el cargo de encargada de negocios cumplió con la misión de poner en orden la embajada y se aseguró de la recepción de cargamentos de ayuda humanitaria, específicamente de más de 70 toneladas de medicamentos e insumos quirúrgicos. Se supone que Estados Unidos descontaría de la renta petrolera venezolana, que actualmente administra, el costo de tales cargamentos, mismos que, según informes de la Federación Médica Venezolana, no han llegado a su destino que son los hospitales de Venezuela.

La tarea de la diplomática finalizó el 15 de abril y, luego de esta labor de conserje, la sucedió John Barrett. Miembro del servicio exterior, venía de desempeñarse como encargado de negocios en Guatemala, tras una trayectoria de más de dos décadas dentro de la diplomacia estadounidense. Se trata de un conocedor de América Latina, pues ha estado también en funciones en Brasil, Perú y Panamá. Durante su permanencia en Guatemala, el diplomático se pronunció sobre las elecciones de segundo grado (Corte de Constitucionalidad y sistema judicial) a llevarse a cabo y advirtió que Estados Unidos no iba a permitir la injerencia del narcotráfico ni del crimen organizado en estos procesos. Cualquier semejanza con Venezuela puede ser tomada como real. Por ahora, el funcionario está tratando de involucrar al sector privado en la transformación económica del país, particularmente en el sector energético. También ha demostrado una gran afición por las arepas.

Dogu y Barrett han sido escogidos a plena consciencia del rol que iban a desempeñar como procónsules de Estados Unidos. No han intervenido en exceso y tampoco han dejado de intervenir, en un tira y afloja que tiene un mensaje tácito: el 3 de enero, día del apresamiento de Maduro y su esposa, puede repetirse. Por otra parte, Caracas recibió la visita a mediados de enero nada más y nada menos que de John Ratcliffe, director de la CIA, cuyas órdenes fueron muy claras: Venezuela no puede ser refugio del narcotráfico ni continuar con sus relaciones peligrosas con países rivales de Estados Unidos. Se supone que la CIA es material radiactivo para las revoluciones, pero la venezolana es la excepción. La guinda del pastel fue el paso por la capital de Francis Donovan, jefe del Comando Sur de Estados Unidos. Durante su visita, se reunió con la presidenta interina Delcy Rodríguez y otros altos funcionarios venezolanos para abordar la lucha contra el narcotráfico y la estabilidad regional. El general Donovan es reconocido como el responsable directo del operativo militar (Operación Lanza del Sur) que sacó del poder a Maduro. Eso sí, la presidenta interina no se reúne con María Corina Machado y afirma que la líder tiene que responder ante el país por su promoción de una intervención militar. No me extraña esta curiosa paradoja: la doble moral es consustancial a la izquierda bolivariana.

Por su parte, Chris Wright (secretario de Energía) fue recibido con entusiasmo en el Palacio de Miraflores y hasta se interpretaron joropos en su honor. No es casualidad la elección de la música: en Venezuela hay un dicho que reza “a ponerse las alpargatas (calzado de suela de yute) que lo que viene es joropo (arpa, cuatro y maracas)”. Es decir, lo que viene es una situación muy difícil. El petróleo era el objetivo de la visita, destinada a establecer las condiciones de la tutela para que el gobierno no se embolsille el dinero a través de la corrupción ni le regale los recursos del país a su amiga Cuba. Doug Burgum (secretario del Interior) anunció convenios energéticos de amplio alcance que se están cumpliendo. El Departamento del Tesoro levantó sanciones a PDVSA para permitir la exportación de crudo hacia Estados Unidos y prohibió estrictamente cualquier transacción vinculada con Rusia, Irán, Corea del Norte y Cuba (ha sido un poco más flexible con China). Trump planteó la venta de entre 30 y 50 millones de barriles a precios de mercado, con la condición de que los ingresos fuesen depositados en cuentas controladas exclusivamente por Washington. Obedientemente, la Asamblea Nacional oficialista venezolana aprobó una reforma exprés a la Ley de Hidrocarburos que flexibiliza la obtención de regalías y otorga garantías jurídicas a las operadoras. En recompensa, Estados Unidos ha levantado las sanciones a Delcy Rodríguez, a Petróleos de Venezuela y al Banco Central de Venezuela. No por casualidad, Delcy y Donald intercambian expresiones afectuosas.

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Venezuela ha sido devuelta por una fuerza extranjera al ámbito occidental y el largo amor de la Revolución bolivariana con los regímenes autoritarios del planeta –Rusia, China, Cuba, Irán– ha sido cortado de raíz por un padre implacable: si no te quedas con tu familia, no tendrás más dinero. Y la revolución, cual chicuela malvada, se quedó con las vanidades del mundo. Por supuesto, la política es irreductible a metáforas odiosas como esta, si bien algo de verdad contienen. En todo caso, a Donald Trump no le importa la democracia en Venezuela, pero pareciera que a otras figuras de su gobierno sí. A despecho del inquilino de la Casa Blanca, este calificativo con resonancias de espionaje y Guerra Fría, Estados Unidos no es Rusia. No resulta especialmente atractivo para figuras como Marco Rubio, conocido por su convicción respecto al derribo de la dictadura cubana, darle oxígeno indefinidamente a una dictadura sin ninguna legitimidad. Además, tanto senadores como diputados de ambos partidos han exigido explicaciones sobre este tema.

Marco Rubio, en una extensa interpelación ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, afirmó que habrá elecciones libres, pero que estas no pueden programarse en una fecha específica porque hay que garantizar las condiciones para que no se repita el fraude electoral del 28 de julio de 2024. Michael Kozak (subsecretario de Estado para Asuntos del hemisferio occidental) aseguró que la primera fase del plan de transición, la estabilización, ha concluido con éxito. Indicó que la segunda fase se centrará en la recuperación económica y la reconciliación política, lo que allanará el camino para la convocatoria a comicios. Estados Unidos condiciona este proceso a que todos los actores políticos, especialmente María Corina Machado, puedan regresar a Venezuela y participar libremente.

A estas alturas, solo sabemos una cosa: la gente de a pie la pasa mal, mientras la dictadura sigue en el gobierno. Se ha liberado a parte de los presos políticos, se han cerrado las causas penales de más de 8,000 venezolanos, los partidos han vuelto a la calle y se nota un muy tímido renacimiento de la libertad de expresión; sin embargo, no hay que llamarse a engaño: la dictadura está viva y coleando, sin ni siquiera hacer un amago de llegar a un acuerdo nacional y celebrar elecciones.

Hay que seguir con las alpargatas puestas. ~


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