N/L Silvia Pinal. El ángel exterminador, 1962. Plata sobre gelatina. Col. Mil Nubes - Foto

Las actrices de Buñuel

Desde “Los olvidados” hasta “Bella de noche”, las películas de Buñuel tienen personajes femeninos memorables y transgresores. Una exposición revisa la contribución de las actrices que protagonizaron las películas del aragonés.
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Demostró ser un creador inagotable, ¿pero qué más se puede decir de Luis Buñuel a estas alturas? Ahora en la Casa Buñuel, sede de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, la exposición Su vida al cielo. Actrices en la obra cinematográfica de Buñuel revisa la contribución de las intérpretes que protagonizaron sus películas realizadas en México. La investigación muestra de qué manera la presencia femenina en el cine de Buñuel es subversiva, vehículo de su exploración del deseo y del cuestionamiento de la moral y la hipocresía. También deriva en una reflexión sobre el vínculo del director con las mujeres, dentro y fuera del set.

La concepción de la muestra es en sí misma interesante. La idea original es de Armando Casas y surgió durante su periodo como presidente de la Academia. Cuenta Roberto Fiesco, curador de la exposición: “Siempre pensamos en Buñuel como una figura totémica, intocable, más ahora que ocupamos su casa. A Armando se le ocurrió que hiciéramos algo sobre las actrices de Buñuel. Mi primera respuesta fue decir que no, a partir del libro Memorias de una mujer sin piano de Jeanne Rucar, la esposa de Buñuel, donde habla de su machismo exacerbado. ¿Cómo darle la vuelta? Fue muy fácil, viendo de nuevo las películas uno se da cuenta de que, por un lado, Buñuel era un macho doméstico, pero no era un director machista”.

Fiesco se refiere a la transgresión de los roles de Rosita Quintana en Susana (1951) y de Katy Jurado en El bruto (1953), que demuestran ser dueñas de su sexualidad, y también al caso de Key Meersman en La joven (1960), una de las películas menos conocidas de Buñuel, de producción mexicana y hablada en inglés, sobre la violación de una menor. Stella Inda en Los olvidados (1950), por otra parte, es una mujer de clase baja que manifiesta su deseo como pocas veces se había visto en el cine nacional. Todas están presentes a través de carteles, lobby cards, fotografías, objetos y memorabilia. La muestra la componen elementos de la colección de Fiesco, que desde 2013 se ha dedicado a recuperar materiales relacionados con la historia del cine y el teatro mexicanos en tianguis como el de la Lagunilla, bazares, anticuarios y viajes por el mundo.

En el cine del español también hay, por supuesto, personajes sumisos. Por ejemplo, Rosario Granados en Una mujer sin amor (1952), inspirada en Pierre y Jean de Guy de Maupassant. Pero incluso en ella Fiesco encuentra transgresiones: “Es la historia de la liberación de una mujer no solo del yugo matrimonial, sino también del de los hijos, una suerte de Nora de Ibsen muchísimo más avanzada que al final dice a sus hijos ‘váyanse, me quiero quedar sola’. ¿Una madre diciendo eso en los cincuenta, en un melodrama al uso, filmado en dos semanas porque no había dinero? Es completamente transgresor”. 

Al abordar a Buñuel desde otra perspectiva, que ofrece lecturas contemporáneas, Su vida al cielo también se propone reivindicar la etapa mexicana de Buñuel, casi siempre menospreciada por la crítica, a excepción de Los olvidados (1959) y Nazarín (1959). Para Fiesco, en ese período están sus ideas más interesantes, a pesar de que se le considere como el cine alimenticio de Buñuel con respecto a su etapa francesa, menor en volumen. Tan solo hay que asomarse a El bruto o Ensayo de un crimen (1955) para reencontrar la visión descarnada y socarrona de Buñuel.

“Un caso muy interesante es Él (1953), que adapta la novela de Mercedes Pinto. Contada en primera persona, es una novela confesional de una mujer que vivió violencia doméstica y decide ficcionalizar sus vivencias. Por algún motivo, Buñuel retoma la historia. Algo que yo no había notado es que la mitad de la película está contada desde el punto de vista de Delia Garcés, la protagonista, que desplaza el punto de vista masculino hegemónico de siempre, que probablemente recordamos más”, explica Fiesco.

Hay una historia muy interesante de cómo cada actriz llegó a trabajar con Buñuel y de lo que, a la distancia, significa esa película en su filmografía, que para algunas es la obra más emblemática de su carrera o por la que más se le recuerda. Silvia Pinal, por ejemplo, lo buscó en calidad de productora, junto con Gustavo Alatriste, para validarse como actriz seria, internacional. El resultado fue su consagración en la historia del cine mundial con Viridiana (1961) y El ángel exterminador (1962).

A veces, el cine de Buñuel actúa como la reafirmación del arquetipo femenino que encarna la protagonista; es el caso de Rosario Granados, que siempre hizo papeles de víctima. En otras dio como resultado imágenes rompedoras, como Marga López en Nazarín. En su momento, la actriz confesó sentirse desorientada porque no sabía qué película estaba haciendo y, además, dijo que Buñuel la retaba todo el tiempo. A pesar de ello, la extraordinaria actriz hizo con él su personaje más extraño, que la empujó a mostrar un costado desconocido no de sus habilidades, pero sí de sus límites como intérprete. Lilia Prado, por su cuenta, se convirtió en un símbolo sexual de los años cincuenta con las atrevidas imágenes de Subida al cielo (1952) y La ilusión viaja en tranvía (1954). Hoy parecen inocentes, pero la turgencia de su cuerpo no pierde firmeza cada que pasan esas películas en televisión o las programan en algún ciclo. 

Explica Fiesco que los elencos de las películas de Buñuel no eran elección suya, sino que los imponía el productor de la película, como era prácticamente la norma en aquellos años. Casi siempre se trató de Óscar Dancigers, que produjo más de la mitad de las películas que hizo el director en México. “Esto cambia hasta que hace El río y la muerte (1954) y Ensayo de un crimen, donde Ernesto Alonso es quien propicia la construcción del casting y entonces llama a sus amigas, Rita Macedo, Ariadne Welter y Miroslava. La posibilidad de que Buñuel comience a elegir sus elencos no llega sino hasta Francia. Y ni siquiera allá. Catherine Deneuve es una actriz impuesta. Su universo actoral no es un universo que él haya elegido, su cine es más de factores técnicos de producción. A quien sí eligió fue a la actriz de La joven. Cuando trabaja con Libertad Lamarque en Gran casino (1947), por ejemplo, ella es una gran estrella continental que filma por primera vez en México, al servicio del director. En ese entonces, para Libertad Lamarque, Buñuel no significaba nada”. Con todo, el director declaró que las actrices con las que más le había gustado trabajar eran la propia Lamarque y Jeanne Moreau.

Es verdad que la percepción de Buñuel cambia con el escándalo y el éxito en Francia de Los olvidados. Antes del triunfo, Stella Inda, relata el curador, se disculpa de haber hecho la película, pero luego triunfa en Cannes y gana un premio Ariel.

En la muestra llama la atención una fotografía de Silvia Pinal durante la filmación de El ángel exterminador en la que aparece muy cansada. Sin glamour ni pose, probablemente en un descanso, es la auténtica estampa de una actriz exhausta. Es una imagen extraordinaria, que hacía décadas que nadie veía. La tomó el fotógrafo Miguel Manzano, que trabajaba en el periódico Cine Mundial y tuvo la oportunidad de visitar el set de Buñuel. La imagen es parte de la colección de Fiesco, que muchas veces recupera imágenes e información efímera, la de la prensa que no se volvió a imprimir y que ahora constituye un documento de archivo histórico.

Se sabe poco de la relación de Buñuel con sus actores y actrices en los sets o estudios de filmación. Al parecer era una relación más bien distante, pues era muy preciso en sus indicaciones. “Buñuel era un macho y se llevaba con hombres, Silvia Pinal lo dijo, el amigo de Buñuel era Gustavo Alatriste y no ella. Rita Macedo, por su lado, era la esposa de Carlos Fuentes, que fue gran amigo de Buñuel. Ella pertenecía a esa élite intelectual”, comenta Fiesco. “Arturo Ripstein me contó que en las reuniones en casa de Buñuel, cuando se sentaban, las mujeres estaban separadas de los hombres. Era un poco como las esposas de”.

“Hay un nombre poco explorado en la filmografía de Buñuel: María Luisa Gómez Mena, la productora de Subida al cielo. Era la esposa de Manuel Altolaguirre, un exiliado español, editor de libros, que después funda una compañía en México, Producciones Isla, que hace varias películas dirigidas por Eduardo Ugarte. La socia financiera de la compañía era ella, que era una mujer cubana con mucho dinero, con gran relación con la intelectualidad habanera del momento. Nunca había figurado en los créditos de las películas, hasta que decide poner su nombre en Subida al cielo, que se presenta en Cannes. Qué interesante, una de las poquísimas productoras del periodo clásico del cine mexicano que está presente en la obra de Buñuel. Sin embargo, no creo que tuvieran mayor trato”. ~

Su vida al cielo se puede visitar durante todo el mes de mayo, previa reservación a través de las redes sociales de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográfica.


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