Angélica Liddell: la carne y el cuerpo en rito

La creadora escénica española fue la figura principal del FIND, que puso en la mira por primera vez su obra y le dedicó un ciclo a los montajes Liebestod y La letra escarlata.
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En el escenario de la Schaubühne en Berlín, Angélica Liddell mira en éxtasis al público, en un estado parecido a la gracia santa: ha dado una pieza prometeica esa noche. La artista española dinamitó la sala con su teatro de carne, ese teatro cavado con sus uñas que la ha vuelto referencia en la escena contemporánea del mundo.

Aquí, en el centro neurálgico de la vanguardia teatral, Liddell es la figura central del Festival International New Drama (FIND), dedicado al drama contemporáneo y a donde trajo Liebestod y La letra escarlata en los primeros días de octubre.

Los alemanes que llenaron la sala –ya en toda Alemania el aforo es a cupo completo– quedaron muchos en shock, como lo valoraría después el director artístico del festival, Florian Borchmeyer.

En escena, Liddell se entrega a una frenética puesta en escena cuyas imágenes poseen una belleza santa. Se corta las rodillas, canta y baila, diserta lo mismo con citas de Cioran que de Rimbaud o Genet. No tiene reparos en herirse también las manos para comer de ese pan ensangrentado y montar casi enseguida un acto litúrgico: comunión y bautizo con niños en escena.

Las imágenes son perturbadoras, tanto, que algunos abandonan la sala ante el avasallamiento, el olor de sangre, de carne sudorosa, el cuerpo entero sin reparos hecho jirones en el escenario de un amarillo y rojo intensos que asemejan una plaza de toros.

Liebestod es una referencia clara a “Tristán e Isolda” de Wagner, pero también circula la figura del mítico torero Juan Belmonte. Ante la efigie de un toro disecado, la intérprete se monta cantos, recita, baila y llora envuelta en Bach o Handel.

Estrenada apenas en julio en el Festival de Aviñón, la obra que ha sido calificada como una proeza escénica, posee imágenes buñuelescas, de antología, esas que se quedan toda la vida orbitando en el cerebro.

El arte, la religión, la falsa moral, ese envoltorio llamado “lo contemporáneo”, son ocupaciones en los largos soliloquios de la dramaturga que arremete contra los curadores de festivales, los intelectuales europeos, la academia, los actores, la entronización per se.

Ella misma se destruye con un total cinismo. A veces con voz cavernosa, otras inmensamente atronadora, Liddell es víctima de sí misma, devorada por sus demonios. “Hago teatro para ser amada… hago teatro para ser amada”, resuena inclemente.

Un hombre con miembros amputados, vestido como Jesús, se acerca: quiere ser cobijado, mimado, acariciado, y ella lo toma en brazos para configurar una postal de La Piedad, mientras el nombre de Rimbaud proyectado parece engullirlos por completo.

Artista en Focus

El FIND, celebrado en la Schaubühne, que también acogió obras de Kirill Serebrennikov, Selina Thompson, Alexander Zeldin y Thomas Ostermeier, entre otros, es un encuentro inédito según su curador, Florian Borchmeyer, porque se programan obras que de otro modo no tendrían cabida en los escenarios berlineses, tanto por su perfil como por sus condiciones de producción.

Apenas en esta edición se decidió incluir la figura de un artista “In Focus”, y Angélica Liddell fue la elegida.

Las obras que se incluyeron para este cartel, como por ejemplo, Outside, no sería posible verlas en otros sitios de Alemania, así que este FIND tiene la virtud de centrarse en el teatro contemporáneo y no solo en el teatro alemán, hecho que sucede muy pocas veces.

“Es una programación atípica en todos sentidos. No hay otros festivales de este tipo de teatro contemporáneo internacional en el país. Sí hay teatros que se dedican a poner obras internacionales durante el año, pero son esporádicas, y eso es algo que se ha perdido de Berlín”, sostiene Borchmeyer.

Además de la tanda de funciones, a Liddell el festival le incluyó obras que solo pudieron verse en video durante el tiempo que duró el FIND: Todo el cielo sobre la tierra (el síndrome de Wendy), y You are my destiny (Lo stupro di Lucrezia), a la par de un documental sobre su vida y obra.

Borchmeyer, que ha llevado también a esas tierras el teatro de los colombianos Mapa Teatro y otros años a Liddell, confiesa su deleite por el teatro descarnado de esta española. “Llevamos años trabajando con ella y nos gusta mucho, hay una fascinación nuestra, la hemos invitado en varias obras del pasado, pero ella y todos los artistas del festival son enormes, estamos muy contentos de que pudo lograrse. Su teatro no se parece en nada al alemán, pero tampoco al español”.

Con La letra escarlata (estrenada en 2019), al igual que Liebestod, la respuesta del público que agotó desde días antes las entradas (era imposible conseguir un boleto) fue atronadora.

Basada en la novela de Nathaniel Hawthorne, el montaje es libérrimo, extremísimo, de una radicalidad a otra. Hay en él una defensa a ultranza de la figura del varón, el hombre latente y urgente sin recato de ningún tipo. Liddell lanza misiles incendiarios contra la hipocresía de las mujeres y de su supuesto “buen comportamiento”. Hay desnudos, anos, nalgas y contactos sexuales, todo expuesto sin pudor.

Actos poéticos de resistencia se suceden en las dos horas en que se entremezcla la belleza del lenguaje, ya sea en italiano, español, inglés o portugués, para develar la pura potencia de una puesta en escena en la que se diserta sobre el ser y el deber ser. También irrumpe inmenso en proyección aumentada “El amor victorioso” de Caravaggio, al que la intérprete apunta con su dedo, directo a ese sexo de la pintura del Cupido, para luego practicar una felación, o bien, dejar a los asistentes con la respiración a galope mientras el rostro a blanco y negro de Artaud inunda la sala con su mirada luminosamente perdida.

En el último día de Liebestod hay una mesa afuera del bar del teatro en la que dos jóvenes leen atentos el programa de mano. Pregunto qué opinan de lo visto y la chica dice: “Tengo un nudo, un nudo. Hace frío, mis labios sé que los tengo fríos, pero tengo un calor inmenso por dentro”.