Política cultural 2025-2030: ¿de la inercia a la deriva?

La ideología, apropiación de logros históricos y ausencia de una política cultural de Estado marcan el Programa Sectorial de Cultura.
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I

No habrá presupuesto para la cultura durante el sexenio de Claudia Sheinbaum ni tampoco política cultural. Lo confirma el segundo ajuste consecutivo al gasto en el sector y lo expuesto en el Programa Sectorial 2025-2030.

Para este 2025, se ejecutó un recorte del 30% que se redujo al 10% por dos asignaciones extras –al INAH y al INBAL–, que subió al 14%, a causa de la inflación. El recorte para 2026 ascendió al 16% –12%, más el 4% de la inflación prevista. Un ajuste compensatorio lo redujo a menos 4%.

Si como sabemos, este presupuesto es para la faena operativa anual de la Secretaría de Cultura y no es suficiente, la interrogante es: ¿de dónde saldrá para lo que aún no se concluyó, herencia de Alejandra Frausto?

Enlistemos.

1. El Centro SCOP;

2.  la conclusión del rescate de los inmuebles históricos dañados por los sismos;

3. el Proyecto Chapultepec, la Bodega Nacional de Arte del INBAL;

4. el rescate de más de 20 teatros del IMSS a nivel nacional para convertirlos en salas de cine;

5. los sitios y museos derivados del proyecto del Tren Maya –con los que se busca justificar el ecocidio y la destrucción del patrimonio arqueológico en la zona–, y

6. la policía contra el tráfico de piezas, réplica de la de Italia, promesa de AMLO de 2021, que para 2025 se bautizó “Batallón de patrimonio cultural”, y del cual en cinco años solo se sabe que ha tomado algunos diplomados de arte mesoamericano, histórico y artístico.

La lista, por supuesto, es más amplia.

II

En el arranque de su gestión, la secretaria de Cultura Claudia Curiel se comprometió a tres cosas: la conclusión de Chapultepec, el apoyo a los creadores y la reforma de las escuelas.

La administración actual ha atribuido a las lluvias el atraso en la conclusión de la bodega del INBAL –la excusa favorita del gobierno federal ante las calamidades recientes, desde los baches en la Ciudad de México hasta la inundación de más de 100 municipios en distintas entidades.

El incremento a las becas para este 2025 fue de un 20%, aunque en redes sociales se impugnó a lo largo de poco más de una semana la selección de los beneficiados, dado que los jurados habrían omitido a creadores con trayectoria, para darle prioridad a quienes no cuentan con ella.

La remodelación de los inmuebles de las escuelas del INAH y del INBAL avanza, aunque esa etapa, en realidad, correspondía al gasto corriente de varias administraciones pasadas, que fue posponiéndose sin explicaciones.

Claudia Curiel anunció también que resucitaría el Programa de Apoyo a la Traducción, PROTRAD, aunque aún no hay nada a la fecha.

La duda es si sabe por qué no sirvió la convocatoria más reciente, que fue declarada desierta; cuáles fueron las objeciones que expuso la industria editorial  a la responsable del programa, quien mostró nula receptividad, y cómo resolver la cuestión. Tal como expusimos en su momento, la convocatoria fracasó debido a un obtuso acuerdo administrativo entre la Secretaría de Hacienda y la Secretaría de la Función Pública. 

La secretaria Curiel y su titular del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales tendrán que hacer alta política.

III

Mucha expectativa causó el anuncio del Programa Sectorial 2025-2030.

El documento, de acuerdo con la Secretaría de Cultura, clarificaría las numerosas interrogantes y respondería a las varias críticas derivadas del nuevo Reglamento Interior de la dependencia, publicado el 22 de julio de este 2025 en el DOF.

Pero el programa, en realidad, no aclara las dudas ni responde a las críticas, por lo que deja sin respuesta los aspectos operativos correspondientes a su ejecución y el destino final de áreas que fueron reasignadas a otras.

Ese es el caso de la dirección de Asuntos Internacionales, que ni siquiera se menciona por su nombre, que no se sabe si continuará, y qué es difícil saber qué se propone:

México (…) fortalecerá su presencia cultural a través de la participación (…) en foros globales, el impulso a programas de cooperación e intercambio que privilegian el diálogo horizontal y el aprendizaje mutuo, lo que posicionará la diversidad cultural mexicana como patrimonio compartido que contribuye al entendimiento intercultural y al fortalecimiento de las relaciones diplomáticas.

Tampoco se explica, como se prometió, a qué se debe y cómo operaría la integración de la Fonoteca Nacional a la Red Nacional de Bibliotecas. En la misma situación se encuentra el Centro Nacional de las Artes, adscrito en el nuevo reglamento a la Dirección General de Circuitos y Festivales Culturales.

Sigue pendiente, además, el acuerdo de sectorización correspondiente a las empresas de participación mayoritaria estatal y a los fideicomisos de participación tripartita: Centro de Capacitación Cinematográfica, Centro Cultural Tijuana, Estudios Churubusco, Canal Veintidós, Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías, Cineteca Nacional y Chapultepec Naturaleza y Cultura.

Por otro lado, el documento es un reporte del estatus de la Secretaría de Cultura, a veces en lo general y a veces a detalle. No obstante, preocupa la desmesura de lo que promete dada la estrechez presupuestal, la vaguedad de sus compromisos y el exceso de ideología en el conjunto. No queda claro ni cómo y en ocasiones ni qué. Hay dos proyecciones: a 2030 y a 2045 –en un cuarto de siglo, lo que indicaría una visión de largo plazo.

El Programa Sectorial asegura:

(…) los objetivos, estrategias y líneas de acción que se proponen en este Programa (…) estructuran de manera integral las amplias y relevantes propuestas realizadas y sistematizadas a partir de las 10 mesas de participación ciudadana, en las que intervinieron más de mil personas creadoras, agentes y actores del sector cultural de las 32 entidades federativas

Se refiere a la consulta organizada por Susana Harp Iturribarría, entonces titular de la Comisión de Cultura del Senado y quien fue la coordinadora cultural de los Diálogos por la Transformación.

Si, debido a los recortes, no se sabe cómo se cumplirán con los pendientes de Frausto ni las prioridades de Curiel, menos aún con la larga lista de compromisos del documento para este sexenio.

IV

Sin reconocerlo de manera explícita, el Programa Sectorial 2025-2030 se asienta, por las frecuentes referencias a su tarea, en lo realizado durante la época de Rafael Tovar de Teresa como presidente en tres ocasiones del Conaculta y primer secretario de Cultura.

La lista también es larga: la Red Nacional de Bibliotecas, el ex FONCA, las declaratorias de Patrimonio de la Humanidad, el programa Alas y Raíces, el Sistema de Información Cultural, el Programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados, PAICE, la apuesta por la cultura para la recomposición del tejido social, el Centro Nacional de las Artes, entre varios aspectos más.

Y más allá.

En las últimas décadas se han logrado significativos avances en el cumplimiento de las atribuciones federales de conservación, promoción y difusión de la cultura y el arte. Estos incluyen la formación de instituciones fuertes, una tradición cultural reconocida internacionalmente y un ecosistema creativo y dinámico que sigue generando talentos. Aunque aún persisten retos y desafíos por atender, estos logros ofrecen una base sólida para continuar progresando.

El programa es objetivo en la valoración de ciertos rezagos:

(…) algunos problemas son estructurales y de larga data: las profundas desigualdades en el acceso cultural (…) la precariedad laboral (…) la escasa articulación entre educación y cultura (…) [la] dependencia de fuentes limitadas de financiamiento.

Es objetivo lo mismo en la mención de los retos actuales:

Otros desafíos son más recientes y contemporáneos: la transformación digital y el acceso abierto; los marcos regulatorios para tecnologías emergentes, como la inteligencia artificial; las nuevas conceptualizaciones del patrimonio y los derechos colectivos; las metodologías participativas en gestión cultural (…) los cambios en los hábitos de consumo cultural.

Lo mismo incurre en desafortunadas acusaciones y disimulos. Hay “resabios de políticas poco inclusivas o folclorizadas hacia los pueblos originarios” –aquello que practica Morena desde la pasada administración federal. La “cultura de paz en territorios afectados [“afectados”] por la violencia” exhibe el afán federal por disimular la desgracia nacional.

V

El programa acude a distintos reportes del INEGI dedicados a la cultura en busca de referentes confiables. Lo mismo que a indicadores de la actual Secretaría de Cultura que no despiertan el mismo nivel de confianza, dado que no se encuentran actualizados, han sido modificados, no existe un acervo documental que los soporte o se encuentran fuera de contexto. De tal manera se busca inducir una falsa lectura del estatus actual del sector, devastación causada por los seis años de AMLO y el primero de CSP.

Es grave también que haya omisiones intencionales a otras mediciones que ponen en cuestión los principales proyectos de la 4T cultural: las del CONEVAL, que demostró el fracaso del Programa de Cultura Comunitaria; los reportes de organizaciones civiles sobre el ecocidio causado por el Tren Maya; el Diagnóstico del Colectivo de Trabajadoras y Trabajadores del INAH de 2024, el MOLEC sobre la fallida Estrategia Nacional de Lectura, o la “incorporación voluntaria” al IMSS.

El documento intenta incorporar lo que para la 4T son sus logros, sin lograrlo, dado que la mayoría de sus proyectos fracasaron o están inconclusos.

VI

Aunque nombrados y redactados de otra manera, los cuatro objetivos del programa 2025-2030 retoman lo que los gobiernos del PRI y los del PAN plantearon de 1989 a 2018.

El “segundo piso” de la 4T cultural se propone:

1. “el ejercicio pleno de los derechos culturales” que tiene “un carácter transversal y analiza el marco normativo, la coordinación institucional, las brechas de acceso, la cultura de paz, la sostenibilidad económica del sector y las diversas estrategias de digitalización;

2. “un modelo educativo público, gratuito y de excelencia”, vinculado a la “educación básica, la lectura, el fortalecimiento de las bibliotecas y la formación de agentes culturales”,

3. “el desarrollo cultural del país”, poniéndose atención en los “estímulos a la creación, economía cultural, rutas de circulación y medios públicos culturales”, y

4. “la preservación, investigación y difusión del patrimonio nacional, material e inmaterial, en beneficio de las presentes y futuras generaciones”.

Nada de ello fue ajeno a los programas nacionales de cultura de los sexenios de Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto ni por ende de las faenas de Víctor Flores Olea, Rafael Tovar, Sari Bermúdez, Sergio Vela, Consuelo Sáizar y nuevamente Rafael Tovar.

VII

En realidad, en aquellas épocas, las metas estaban expuestas con más claridad y rigor conceptual.

Salvo el objetivo 4, que se ocupa del patrimonio cultural, los tres restantes son vagos en su exposición y resulta improbable su instrumentación.

Por ejemplo, la “coordinación institucional, las brechas de acceso, la cultura de paz, la sostenibilidad económica del sector y las diversas estrategias de digitalización” que harían viable al objetivo 1 –“el ejercicio pleno de los derechos culturales”– podrían aplicarse al objetivo 3, “el desarrollo cultural del país”.

De la misma manera, los “estímulos a la creación, economía cultural, rutas de circulación y medios públicos culturales” –correspondientes al objetivo 3, “el desarrollo cultural del país– podrían ser el motor del objetivo 1 –“el ejercicio pleno de los derechos culturales”.

Lo mismo puede hacerse con los objetivos 1, 2 y 3 en cualquier combinación posible.

El “jeroglífico matemático” –el “tetris brutal”– resultó falta de entendimiento acerca de lo que se busca y de lo que es posible y lo que no, malograda originalidad, apropiación de logros históricos que no le corresponden a la 4T, disimulo de sus descalabros, ausencia de una política cultural de Estado.

VIII                                                

Lo que priva en el programa sectorial, como apuntamos, es la ideología. 

El énfasis en la educación cultural y artística –a todos los niveles– es la novedad. La apuesta es loable. Lo preocupante es que, tal como consta en el documento, forme parte del “humanismo mexicano” y la “nueva escuela mexicana”, nociones inventadas en el sexenio pasado y que cumplen la función de adoctrinamiento político. Lo confirman los Libros de Texto Gratuitos. La educación artística se convertiría en un aspecto más de lo que se ejecuta en la educación básica con los despropósitos de Marx Arriaga y de lo que realiza el Instituto Nacional de Formación Política de Morena.

El documento insiste en el protagonismo de los indígenas y los afrodescendientes, en demérito de la condición mestiza de México. Le da así prioridad a la contribución de las artesanías (19.1%) en la economía cultural y diseña programas para fomentarla. Nada en contra de ello, solo que ignora a distintos sectores, que han crecido por su propio impulso, sin apoyo estatal: contenidos digitales e Internet (18.1%), medios audiovisuales (17.6%), y el diseño y los servicios creativos (13.6%). Una visión otra vez ideológica –y anacrónica– priva al respecto.

Es también un objetivo ideológico y no de política cultural la búsqueda de la paridad de género en los estímulos a la creación y en los puestos de mando de la Secretaría de Cultura, sin consideración a la capacidad y la valoración de los casos en concreto. La inclusión de las expresiones artísticas de la comunidad LGTBI+ es destacable, pues su peso en la programación aún no es todavía relevante –aunque aquí también la calidad debe ser el criterio rector. Lo que en el fondo confirma el conservadurismo federal al respecto de estos temas es la nula mención –y por ende exclusión– de la comunidad trans en los puestos de trabajo.

IX

La Secretaría de Cultura sobrellevará la inercia de las actividades culturales, sacará adelante a Chapultepec, se abocará a darle notoriedad a la educación cultural y artística, al concurso musical “México canta” y a algunas cosas más.

En tanto, seguimos a la espera de que se descifre el jeroglífico del Reglamento Interior de la SC, y ya veremos si funciona o no. Lo previsible, al menos durante este sexenio, es que la burocracia se vuelva más tortuosa. Lo que sí es un hecho es que oficializa la disolución del espíritu de varias instituciones y áreas.

Luego del primer año del sexenio, donde privó la inercia, ¿podemos anticipar cinco años a la deriva? ~


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