Hay quien afirma que la literatura aporta conocimiento, no solo placer estético. Una novela, por ejemplo, construye vidas y situaciones que el lector nunca vivirá: se experimenta en cabeza ajena. Uno aprende, añade algo que no conocía a su vida. El conocimiento que aporta la poesía es diferente. Nos enfrenta a ritmos nuevos. Nos sorprenden sus imágenes inusitadas. Los vínculos que establece entre cosas disímiles crea mundos extraños. Disloca el pensamiento racional y esa fractura nos permite ver aspectos desconocidos de las cosas.
La literatura aporta un conocimiento diferente al de los manuales técnicos y los tratados científicos. No es un conocimiento verificable: lo que se siente frente a una escena literaria tal vez no lo sienta otra persona o lo sienta de modo distinto. No es tampoco un conocimiento exacto porque su materia es la imaginación, que adopta múltiples formas, porque las conclusiones que suscita la literatura son ambiguas, más intuiciones que ideas, más sensaciones que certezas. El conocimiento que aporta la literatura es distinto al conocimiento lógico, pero no por ello deja de ser conocimiento.
De la lectura de El ejército ciego de David Toscana (Premio de novela Alfaguara 2026) el lector sale enriquecido con nuevos conocimientos sobre el mundo y la realidad. Atravesamos una zona obscura y al final vemos la luz. La tragedia no concluye como tragedia sino como redención. El dolor tiene finalmente su compensación.
Sin ser un libro de historia, el lector aprende que en el año de 1014 se enfrentaron el ejército bizantino y el búlgaro en la batalla de Klyuch; que los hechos, de manera sucinta, los registró Ioannis Skylitzes en un manuscrito bellamente ilustrado conocido como el Skylitzes Matritensis que actualmente se conserva en la Biblioteca Nacional de España. Por ese manuscrito sabemos, gracias a lo que cuenta en su novela David Toscana, que la batalla la ganó el ejército de Basilio II, “ElMatabúlgaros”. Conocemos, porque así lo narra, que hicieron prisioneros a 15 mil combatientes búlgaros, de los cuales a 14,850 les arrancaron los ojos de sus cuencas, dejándolos ciegos, y a 150 los dejaron solamente tuertos, para que sirvieran de lazarillos a los invidentes y los condujeran, incompletos, a su tierra. Basilio II consideró, nos dice Toscana, que un ejército de ciegos sería más oneroso para los búlgaros que los soldados muertos. El zar de los búlgaros, Samuel, no pudo soportar la visión de sus guerreros ciegos y al poco tiempo murió.
David Toscana nos narra esta historia terrible, aporta conocimiento histórico a nuestras vidas. Pero el manuscrito de Ioannis Skylitzes no brinda más detalles. La batalla y su fatal consecuencia se cuenta en el primero de los 62 breves capítulos que conforman esta novela. El manuscrito de Skylitzes no nos dice cómo llegaron a su tierra, cómo se alimentaron en el camino, cómo fueron recibidos, si algunos fueron rechazados por los suyos y otros fueron aceptados; no sabemos en realidad cómo vivieron porque el manuscrito que se encuentra en Madrid no da mayor noticia. Toscana indagó en archivos sin encontrar ningún detalle adicional. Finalmente un historiador polaco especialista en Bulgaria le dio la clave: “este es material para un novelista, no para un historiador”. Fue en ese momento que David Toscana concibió escribir El ejército ciego.
No escribió Toscana una novela histórica, aunque esté basada en un hecho histórico del que se sabe muy poco. De ese vacío documental nace la imaginación literaria. Afirmó Toscana en una entrevista: “Donde la historia tiene que guardar silencio, el novelista es el que comienza a imaginar”. El conocimiento histórico que aporta esta novela, aunque significativo, es minúsculo. En cambio, el conocimiento literario es inmenso y enriquece la experiencia del lector.
Toscana imagina la suerte del ejército de ciegos. Recrea su regreso a la patria. Dedica un espléndido capítulo a un alto que el ejército hace junto al mar. Los soldados ciegos juegan como niños entre las olas, ríen olvidando su desgracia. Toscana sorteó con gran habilidad un obstáculo técnico: ¿cómo pueden contar los protagonistas su historia si no pueden nombrar lo que no ven? En muchos capítulos son los propios ciegos quienes cuentan su historia, empleando un tono oral y prescindiendo de descripciones. En otros, la historia la cuenta un narrador que adopta un tono sencillo y poético. Hay recuerdos y sueños. Es una novela que apela al entendimiento, no a la vista. Toscana construye a sus personajes de forma piadosa, pero sin lástima, retrata su dignidad y amor por la vida. Sus protagonistas son panaderos, herreros, titiriteros, ceramistas, carpinteros y campesinos. Entre ellos destacan algunos, como Zosimo, el maestro sacaojos; Kozaro, el escriba y cronista; Brono el criador de cerdos, que se convierte en héroe.
El ejército ciego es una novela sobre la guerra, el poder y la resistencia, una novela que da voz a los vencidos, a los derrotados de siempre, y los vuelve dignos y libres. A pesar de la desgracia que viven sus protagonistas lo que Toscana nos ofrece en El ejército ciego es una secreta felicidad, la de quienes en medio del horror pueden encontrar sentido a su existencia. Respecto a David Toscana como novelista Mario Vargas Llosa, escribió: “en lo más profundo de las tragedias que viven sus personajes, hay siempre una luz a la que pueden aferrarse, los encantos risueños de la vida”.
El ejército ciego representa un gran homenaje a aquellos que luchan contra la adversidad, a los que no se dejan vencer, a los que se levantan después de la caída, a los que se niegan a ser víctimas de su destino. Este es el conocimiento que aporta David Toscana en esta novela. ~