La leyenda de Serafín el escupido es una novela excepcional. Debe su excepción a su genealogía. Como ocurre con la genealogía de Serafín, el personaje, la novela ha sido engendrada de manera nada convencional. Serafín es el escupido porque ha sido engendrado por medio de una inseminación artificial artesanal. El semen de un prolífico varón es escupido por la hermana de su madre y futura tía de Serafín en la vagina materna. Así nace un personaje dotado de grandes atributos y huérfano de padre, como deben ser los personajes ingenuos llamados a crecer, los de las novelas de educación.
La genealogía de la novela es semejante a la del personaje. Serafín es nieto de Pedro Saputo, por aragonés –o quizás castellano–, huérfano de padre y sabio. Es hijo de Arthur Gordon Pym, su predecesor por los mares del sur. Y tataranieto de Gulliver, el náufrago y pertinaz explorador. Si Saputo se mueve por tierras nacionales y Gulliver por mundos posibles, Serafín elige los mundos exóticos, los de Arthur –los mares del Sur, la América tropical y amazónica, y el África negra–. Comparte con Saputo, Arthur y Gulliver su inteligencia superior y su rechazo de la mezquindad intelectual y moral. Esa mezquindad viene representada por el único personaje de la novela que comparte el privilegio de Serafín, poseer nombre propio. Se trata de la señorita Gertrude Schwätzer, representante de la rancia moral oficial y del encorsetado saber profesional de los expertos. Schwätzer debe leerse en español como “charlatán”. La charlatanería es la cualidad esencial de moralizadores y eruditos, los destinatarios de esta sátira. Serafín es naturalmente sabio. Es un ingenuo que necesita echarse al mundo para aprender y ser superior –moral y físicamente– a su entorno. Su fuerza nace de “la magia de la naturaleza”. Así es Saputo, que renuncia al aprendizaje escolar. Y así es Gulliver, que a los catorce años abandona el College Emanuel, de Cambridge, para echarse al mundo. Quince tiene Saputo cuando decide irse a ver mundo. Y Arthur, dieciséis cuando se embarca en el Grampus. Serafín es todavía más prematuro. Tras un primer amor veraniego –con la sobrina de su maestro– con solo once años se fuga cuando viaja camino a la ciudad para estudiar.
Serafín, Saputo y Gulliver comparten un territorio común –no tanto Arthur–. Es el territorio del cuento tradicional novelado. Su atributo es la fuerza de la naturaleza. Esa fuerza, la fuerza de la vida, les permite el tránsito de la ingenuidad a los más altos atributos morales e intelectuales. La edad temprana es el símbolo de la ingenuidad y de la necesidad de su educación natural. La educación de los tres no es una educación escolar, esto es, convencional. Es la educación mundana. Exige la exploración y el conocimiento del mundo. Pero, en el caso de Serafín no excluye la lectura. Serafín ha leído la biblioteca del maestro.
Ahí, en la biblioteca del maestro, que Serafín ha leído de punta a cabo antes de emprender su peripecia, está la nota diferencial de esta novela. La presencia de la gran literatura juvenil, en primer lugar, Las aventuras de Arthur Gordon Pym y sus secuelas –las de Melville, Verne, Lovecraft–, los relatos de piratería y los de náufragos –Robinson Crusoe y la Historia general de los piratas de Defoe– y los de viajes exóticos –Conrad, Valle-Inclán, London–, se ve trascendida por la imaginación de la gran literatura. La imaginación desbordada de Poe se multiplica y agranda por el estímulo de obras clásicas, desde la Comedia de Dante a la Biblioteca universal de Borges, pasando por el Caballero de la Triste Figura y por muchas otras de la era moderna.
El episodio de la gran biblioteca amazónica no solo es central por “la desbordante y lúcida imaginación de Borges”, sino porque revela el espíritu de la novela. Ese espíritu es el de la gran utopía, la utopía que persigue Gulliver y de la que termina huyendo el Tommo de Taipi. Un edén canibal de Melville. La utopía de Serafín es literaria y, al tiempo, social. Su dimensión social queda manifiesta por su vínculo con la gran presa amazónica, anexa a la biblioteca: “Mediante la presa, su constructor había conseguido dominar lo indómito, civilizar lo salvaje, y crear en lo profundo de la caótica selva amazónica, un oasis de orden y progreso, lema visionario que años más tarde adoptaría el Brasil emancipado.”
Estos personajes, Serafín, Saputo, Gulliver, se pasean por el mundo viendo la diversidad, diversidad material y espiritual. Es la función de una figura pensada para el humor. Y también juzgando la calidad de esa diversidad. Su inocencia les dota de una superioridad moral. Su grandeza es la expresión de la grandeza de tiempos y espacios. Son figuras que representan la gran evolución de la humanidad: su crecimiento esencial, el devenir de la conciencia humana. Son personajes grotescos, alegres. El grotesco es la estética del nacimiento y de la ingenuidad de la humanidad. También de la gran fuerza que hizo a la humanidad sapiens superior a las otras humanidades con las que convivió durante milenios: la fuerza de la imaginación. El grotesco tiene tres dimensiones: el humor, la magia y el didactismo. Y dos caras: una cruel y otra liberadora. Es la imaginación esencial de la humanidad. Y sus manifestaciones, la cumbre de la cultura humana, porque expresan la esencia de su carácter, su espíritu fundamental, por encima de las diferencias y contradicciones que ha sembrado la gran travesía del espíritu. Representan el tiempo del crecimiento. Da ahí que Serafín sea un descendiente, quizá el nieto, de Saputo o el tataranieto de Gulliver. Comparten también otros atributos, como la libertad y la aventura. Todos terminan volviendo a casa –también Arthur y Tommo–. Incluso comparten un tiempo histórico: la transición del mundo dogmático al mundo del individualismo, de los mundos herméticos al mundo abierto, libre. O, en otras palabras, de la Premodernidad a la Modernidad.
La fuerza de la naturaleza y la dinámica del mundo libre son los motores de esta novela. La seguridad del autor sobre tales principios le permite concluir y nos permite compartir la siguiente sentencia: “En la imaginaria y borgiana Biblioteca, estaría también este libro que ahora tienes en tus manos, esta Leyenda de Serafín el escupido, línea por línea, palabra por palabra.”
Aurelio P. Esteban Carazo
La leyenda de Serafín el escupido. Una historia natural de las cosas sin sentido
Comuniter, 2024, 241 págs.