El Salón de Gascón: India: civilización, castas y nacionalismo hindú, con Eva Borreguero

Una conversación que va desde la historia de la civilización india al auge del nacionalismo hindú y la posición del país en el momento geopolítico actual.
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En este episodio de El Salón de Gascon contamos con Eva Borreguero, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, para entender la India hoy a través de su civilización y su historia. La charla aborda la geopolítica india, el sistema de castas, el hinduismo y el nacionalismo hindú, así como sus diferencias con el nacionalismo secular del Partido del Congreso. Para entender la situación actual, realizamos un recorrido por la historia del país, guiados por los libros de nuestra entrevistada.

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Aquí hay una transcripción editada de la conversación.

DANIEL GASCÓN: Hola, muy buenas. Bienvenidos a #ElSalónDeGascón en Letras Libres España. Estoy muy contento de estar hoy con Eva Borreguero, que es profesora de la Universidad Complutense de Madrid, experta en Asia, en la India sobre todo, pero también en el Islam político, y colaboradora en El País y en otros lugares. Muchas gracias por estar con nosotros.

EVA BORREGUERO: Muchas gracias, Daniel, por invitarme a tu salón. Es un placer reunirme contigo aquí.

DANIEL GASCÓN: Vamos a hablar de muchos temas, pero sobre todo acerca de India. Yo recuerdo que hace años el ensayista David Rieff nos decía: “Creo que tenéis que prestar atención a India porque es muy interesante, por el tamaño del país, por la importancia, por el laboratorio de políticas de identidad, por la cuestión del nacionalismo y muchas otras cosas”. Eso es de lo que pensaba que podíamos hablar contigo. Tú has escrito mucho sobre India; acabas de terminar un libro, pero aquí tenemos otros dos libros tuyos sobre India. Te quería preguntar un poco cómo es tu acercamiento inicial a este país, a esta civilización.

EVA BORREGUERO: Mi acercamiento se produce por un interés que despierta en mí cuando tenía 18 años. Sin saber muy bien por qué, empezó a atraerme la cultura de la India. Estaba muy influida por una serie de lecturas muy de la época: desde novelas como Siddhartha, de Hermann Hesse, El filo de la navaja, de Somerset Maugham, Pasaje a la India, de Forster, Esta noche la libertad… y series de televisión de la época como La joya de la corona o Pabellones lejanos…

DANIEL GASCÓN: La joya de la corona está basada también en una novela, de Paul Scott.

EVA BORREGUERO: Efectivamente, sí. Prendió en mí la llama del interés por la India. Recuerdo que cuando estaba estudiando tenía unos ahorrillos, tenía otra pasión que era la astronomía, y pensaba: ¿me compro un telescopio o me voy de viaje a la India? Me tiraba más el viaje, pero pensaba: si me hago un viaje a la India me voy a gastar los ahorros y luego voy a querer volver, ¿qué hago? Entonces surgió una idea: acompañar viajes, hacer de guía acompañante para grupos de españoles a la India, lo que servía a ese propósito de viajar mucho por el país y encima era compatible con los estudios en la universidad. Empecé a viajar muy joven por la India. Recuerdo que mi primer viaje, en agosto del 88, al subcontinente, que incluyó Pakistán, me pilló allí el atentado contra Zia ul-Haq: le pusieron una bomba debajo de una cesta de mangos, volaba desde Peshawar, estaba el embajador americano, y saltó por los aires. Fue un gran atentado que me pilló en ese primer viaje. Fue un trabajo que acompañó esa etapa formativa y me permitió viajar por zonas muy apartadas a las que ahora no se puede acceder, como el valle de Swat, en el caso de Pakistán. Además fue un periodo muy convulso en la India, con muchos atentados en Bombay y mucha inestabilidad. Fui una observadora de la zona, y luego hice una tesis doctoral sobre el nacionalismo hindú, un fenómeno que estaba en formación y en auge, pero todavía no consolidado como ocurrirá con el liderazgo de Modi.

DANIEL GASCÓN: Una tesis que haces en la segunda mitad de los años 90, más o menos.

EVA BORREGUERO: Efectivamente. Hay un movimiento que es el de la mezquita de Ayodhya, Ram Janmabhoomi, que por cierto a mí me pilla también en la India, esta vez por mi cuenta, estaba de vacaciones. Tuvo lugar la demolición de la mezquita de Ayodhya. Fue un fenómeno en el que el nacionalismo hindú empieza a movilizar a la población y hace una serie de peregrinaciones demandando que debajo de ciertas mezquitas están templos hindúes antiguos y que hay que reconstruir los templos sobre ellas. El primero fue el de Ayodhya. Hubo una gran marcha y los propios manifestantes demolieron la mezquita. Terminé la tesis y empecé a investigar otro fenómeno que va en paralelo, que es el de las identidades político-religiosas del Islam, con una investigación sobre el Tablighi, y es cuando me voy a Estados Unidos y de ahí a Pakistán a hacer un trabajo de campo.

DANIEL GASCÓN: Cuéntanos qué es el Tablighi, también, para quien no lo sepa.

EVA BORREGUERO: El Tablighi es un movimiento de proselitismo que busca reforzar la identidad musulmana original. Surge en los años 20 en el contexto de la India, en el que también se va fomentando y formando el nacionalismo hindú, con un dilema que tiene que ver con la propia complejidad y diversidad de la India: las identidades se diluyen debido a esa enorme diversidad. Por un lado, el nacionalismo hindú intenta fortalecer la identidad hindú, y lo mismo hace el Tablighi con la identidad musulmana. La percepción del Tablighi es que los musulmanes se están mezclando con los hindúes, se están diluyendo en su identidad, que se alejan del Islam y que casi caen en la herejía, y que hay que recuperar a esos musulmanes y llevar su práctica hacia un islam salafí, en el sentido de que se acerca al islam de los orígenes, el del profeta y sus acompañantes. Lo que busca es transformar las prácticas de los musulmanes, desde la vestimenta hasta cómo se relacionan, cómo comen, llevándola a las formas de vida del siglo VII en Arabia. Es el mayor movimiento de proselitismo del mundo musulmán y el menos conocido, porque tiene un carácter casi secreto: es pura praxis y ellos se cierran a explicarse, porque dicen «lo importante es la praxis, es la predicación, no la explicación». Tienen unas redes que van por las casas de los barrios, llaman a las puertas y predican esta vuelta a las fuentes del islam. Van a las mezquitas, dan sermones, captan voluntarios y seguidores, y hacen peregrinaciones a nivel local, estatal y por todo el mundo. Es un movimiento transnacional: surge en la India, pero viajan por Asia, por África, por Europa, por Estados Unidos. La idea es recuperar una práctica más pura, más orientada hacia el Islam de los orígenes.

DANIEL GASCÓN: O sea, son dos movimientos un poco paralelos: uno transnacional y otro nacionalista.

EVA BORREGUERO: Efectivamente, van en paralelo porque el dilema es el mismo y se plantea en un marco de competencia identitaria y política del subcontinente indio que, debido a esta gran diversidad de identidades, dificulta mucho generar una identidad común. Están compitiendo porque esto se vincula claramente a un plano político: la identidad religiosa se traslada a la identidad política. Son movimientos de competencia identitaria religiosa. En el caso del Tablighi, claramente es práctica religiosa. En el caso del nacionalismo hindú es identidad religiosa. El nacionalismo hindú no entra en la definición de lo que es la práctica religiosa, porque el hinduismo es lo opuesto al Islam. El Islam es una religión monoteísta mucho más estructurada. El hinduismo como concepto surge en el siglo XIX. Lo que hay son muchísimas creencias con algunos aspectos comunes –los Vedas, la autoridad de los Vedas, conceptos como karma, samsara–, pero luego hay millones de dioses, escuelas y ramas. Lo que intenta el nacionalismo hindú es aglutinar todo eso en una identidad religiosa sin entrar a definir lo que es el hinduismo –porque eso se escapa a cualquier definición– y crear una especie de monoteísmo no religioso, sino identitario, alrededor de la religión hindú: no en la práctica religiosa, sino definiendo el hinduismo en términos de las religiones nativas de la India. Las religiones indias son las nativas, el hinduismo; luego están las extranjeras, las foráneas.

DANIEL GASCÓN: Dando un salto que es muy bestia y seguramente muy inexacto, cuando ahora muchos jóvenes dicen que se sienten de cultura católica aunque no presten mucha atención a los preceptos de la Iglesia en sus recomendaciones sobre la vida sexual o lo que sea… ¿es un poco esa idea?

EVA BORREGUERO: Sí, totalmente. Es un fenómeno de identidad cultural sobre la base de la religión, pero es un fenómeno político-identitario religioso. En el caso del Tablighi sí que se adentra claramente en lo que es la definición de la praxis correcta de la religión, pero el Islam ya es una religión monoteísta, aunque tiene mucha diversidad también, pero el hinduismo presenta un dilema mucho mayor en ese sentido. Y esto sería una solución o una apuesta que se hace desde estos partidos y grupos.

DANIEL GASCÓN: También en tu libro de nacionalismo hindú dices que hay que diferenciarlo del nacionalismo indio.

EVA BORREGUERO: Sí. El nacionalismo indio, el del Congreso, es un nacionalismo de base territorial, secular. El debate que surge es: ¿quiénes son los indios? En el periodo de la colonización, cuando aparece el concepto de representación pública, aparece también el fenómeno del censo. Los ingleses realizan un censo religioso que no se había hecho antes, y entonces los musulmanes adquieren conciencia numérica de su condición de minoría, y los hindúes adquieren conciencia numérica de su dispersión. ¿Por qué? Porque ninguno de los encuestados se definía como hindú. Decían: «Yo soy seguidor de tal gurú, de este dios, de esta casta». Nadie se definiría como hindú, y los musulmanes sí se definían como musulmanes. Entonces los hindúes dicen: «Aquí tenemos a una minoría muy bien definida y nosotros, el resto, estamos dispersos». Es cuando surge esta respuesta: el debate de quiénes son los indios, cuál es la identidad india, de cara a este movimiento nacionalista. El Congreso, con Nehru, dirá: todos los que han nacido en la India son indios; es una definición territorial. Nehru dirá: «El hinduismo es todo para todos los indios», una definición muy amplia. Esta es la definición que persiste en las primeras décadas de la independencia de la India, de base secular. Nehru, además, tenía alergia a las religiones en algún modo; había cierto rechazo a la presencia pública de aspectos religiosos, incluso estaba mal vista cualquier expresión pública de pertenencia religiosa. Esto da la vuelta en los años 80-90, cuando aparece una nueva clase media que empieza a tener esa necesidad de definirse como hindú sin vergüenza, sin miedo. El BJP y las fuerzas del nacionalismo hindú aprovechan y explotan esta necesidad, y entonces se juntan esta nueva clase media y los movimientos nacionalistas y empiezan a responder con estas teorías. Pero son las dos grandes corrientes del voto nacional de la India: el Congreso, secular, de base territorial, en el que todos tienen cabida sobre la base del nacimiento; y el nacionalismo hindú, que claramente afirma que la identidad india por excelencia es la hindú: «esta es nuestra cultura, es nuestra civilización histórica de miles de años, y tenemos que reivindicar y reconocer este legado cultural como parte de nuestra identidad nacional».

DANIEL GASCÓN: Y en tu otro libro, en el que hablas de la India como una especie de guía por la historia de la civilización, una de las cosas que me llama la atención es que dices que tiene una gran historia de matemáticas, de astronomía, de arquitectura, de literatura riquísima, pero que no hay como una historiografía. Y supongo que eso también facilita estas tareas de reinvención, en un sitio tan diverso y con tantas capas históricas.

EVA BORREGUERO: Sí, efectivamente. En la India lo que prevalece tradicionalmente es la noción de lo absoluto y lo que permanece siempre sin cambiar. El concepto de cero e infinito surge en la India, y la noción de tiempo es vista como una malla, como una ilusión. El devenir es una ilusión; lo esencial, lo verdadero, es lo absoluto. De hecho, no tienen un concepto de historia: tienen la noción de Kala, que es el turno de acción que deriva de los juegos de dados: cuando cae el dado indica que tiene que haber un cambio. Es muy difícil encontrar evidencia historiográfica documental, y de hecho lo que se hacen son interpretaciones que varían mucho entre autores, con un margen de siglos arriba y siglos abajo. Se habla de los arios con 500 años de margen.

DANIEL GASCÓN: En qué época llegan los indoeuropeos, ¿no?

EVA BORREGUERO: Efectivamente, este es un tema de mucha actualidad, porque son unos pueblos que llegan del sur de Rusia, de lo que es ahora Ucrania. Son unos pueblos que van avanzando, llegan a Irán –Irán es el país de los Arios– y llegan a la India. En la India aparece recogida esta experiencia en los textos de los Vedas, en los que ellos ya se definen como arios, y son los que introducen las semillas de lo que es el hinduismo clásico a través de estos textos. Luego van avanzando por el resto de India e incorporan elementos locales, pero lo que se fortalece es claramente la cultura de estos pueblos indoeuropeos, que tiene una estructura social que es el sistema de castas, en la que los brahmanes –los sacerdotes– tienen el dominio social. En el siglo XIX las teorías de la lingüística empiezan a ver las similitudes entre las lenguas, desde el español hasta el sánscrito, y desarrollan esta teoría de una conexión de los pueblos a través de la lingüística. Luego esta teoría es explotada por pensadores claramente racistas que empiezan a decir que había una raza blanca que vino del este de Europa y dominó el mundo, y se crea este mito de una raza blanca superior. Los nazis irán a la búsqueda de los restos de esta raza. Pero fueron pueblos que fueron avanzando a lo largo de los siglos, mezclándose con poblaciones locales. La esvástica, por ejemplo, es un símbolo de los arios que aparece en los templos de la India, en Japón, en China, en la cerámica de la Grecia antigua, que luego tomará de modo infame el nazismo. En la India, el nacionalismo hindú, que reivindica el hinduismo de los Vedas, dirá: «No puede ser que nuestra identidad se haya originado en un pueblo extranjero que haya conquistado la India hace miles de años». Entonces surge una contraexplicación: que los arios salieron de la India y desde allí conquistaron Europa, saliendo por el noroeste de la India, por un río que es el Sarasvati, que ya no existe, donde hay asentamientos. Invierten la teoría. Se ha invertido mucho dinero en intentar probar estas teorías, y hay autores indios que favorecen esta explicación. El debate ario sigue muy presente en la India, pero en otro sentido.

DANIEL GASCÓN: Ahora, en lingüística, que se ha quitado un poco el estigma del racismo, también están saliendo muchos libros y estudios, también por los avances en el estudio del ADN.

EVA BORREGUERO: Efectivamente.

DANIEL GASCÓN: Y claro, también has tocado el sistema de castas, que quizás es lo que todo el mundo menciona cuando piensa en la cultura india. ¿Qué es y cómo funcionaba, y en qué medida sigue estando presente?

EVA BORREGUERO: El sistema de castas es la clave para entender la India; es lo que Octavio Paz llamaba la «matriz cósmica». De ahí surge todo, absolutamente todo. Es un sistema bastante único, sobre todo debido a su complejidad. Si a lo largo de la historia, sobre todo en Occidente, lo que hemos visto es cómo surgen estructuras estatales y formas políticas que tienden a homogeneizar a los pueblos para facilitar la integración y la cohesión, la India creó un sistema que favorece la diversificación, a través de las jerarquías: todo es aceptado siguiendo un orden jerárquico. Esto, unido a esta concepción de la historia en la que coexisten todos los estratos del pasado en el presente, junto con toda la diversidad que se ha ido fomentando al haber llegado tantos pueblos de fuera, hace que la India sea como una gran caldera: todo lo que entra se queda. La limitación geográfica, las barreras naturales del Himalaya y el océano Índico, hace que los pueblos que llegan de fuera entren y se queden, y toda esa diversidad se articula a través del sistema de castas.

Se ha intentado clasificar el número de castas, y en el último intento el gobierno decidió que los estados tenían que hacer su propia clasificación porque a nivel estatal era muy complicado. Cada diez años hacen un censo por un tema de cuotas de discriminación positiva, y suelen salir entre 2.000 y 2.500 castas por estado. El número varía y va en aumento, porque las cuotas de discriminación positiva paradójicamente lo favorecen. El sistema permite esa coexistencia de la diversidad, siempre que esté jerarquizada con un rango. El hinduismo de algún modo es el acoplamiento del sistema de castas, su expresión: cada casta tiene su dios y su creencia y no se mezcla. Hay una mentalidad de castas, y aunque hay un orden jerárquico, las yatis, que son la casta tal y como se practica a nivel local, y luego las varnas, que serían como clases, la propia división de estas clases en castas se va dividiendo a modo fractal en pequeñas castas. Por ejemplo, si hay un zapatero, puede haber uno que trabaja el cuero, otro que trabaja el lino, uno que hace sandalias para brahmanes, otro para comerciantes… Todo eso está dividido, subdividido, y al final hay una fragmentación que tiene una estructura casi de rombo –más que de pirámide, es romboide–, que se va fragmentando con su propia jerarquía. Esto genera una dificultad enorme de cohesión a nivel de clase, y una política de identidades fragmentada hasta el infinito, en la que cada grupo se siente orgulloso de su identidad. Hay un autor indio del siglo XIX que decía: «La mentalidad de castas es como pertenecer a un club privado en el que solo estás tú y estás encantado de que no entre nadie más». Hay una identificación muy clara, excepto en los casos más marginales, que son los intocables. Incluso ha habido casos de conversiones de intocables al budismo que han producido un ascenso social, pero sin cuestionar el sistema: les ha permitido ascender un peldaño, pero sin cuestionar el propio mecanismo de las castas. El sistema de castas es, en mi opinión, la clave para comprender la India.

DANIEL GASCÓN: Es curioso, porque hablabas de la idea del absoluto que está en todo, y esto es como la fragmentación infinita.

EVA BORREGUERO: Sí. Esto sería el dharma: la manifestación del absoluto en su diversidad.

DANIEL GASCÓN: ¿Hay una parte también étnica en esa división, o no tanto?

EVA BORREGUERO: Hay una parte étnica, efectivamente. Las castas son expresión de esa diversidad étnica. Por eso el hinduismo no tiene conversión: no existe la conversión, no es una religión universal que diga «aquí todos tenemos el mismo rango y todos somos iguales». Hay fenómenos devocionales que sí tienen ese carácter, pero el hinduismo como tal no. Sería un nacionalismo étnico multifragmentado: una forma de dar expresión a esta diversidad étnica desde la integración jerarquizada. Lo particular del sistema de castas es que fomenta la diversidad desde la exclusión: integra en células que no se conectan entre sí. Eso es lo que hace que sea un fenómeno absolutamente único.

DANIEL GASCÓN: ¿Eso va a través de los géneros? ¿Una pareja están en la misma casta, o no? Porque hablas de eso también.

EVA BORREGUERO: Sí. En principio uno nace, se casa, se muere y se reproduce en su casta; según la tradición, eso no se puede cambiar. En el siglo XIX aparecerán movimientos que decían que había que favorecer la movilidad por todo este tema de competencia. Pero en la práctica ha habido cierta movilidad entre grupos de castas, el individuo no tiene cabida en este sistema, y ha habido una forma de mezcla a través del matrimonio en lo que se llama anuloma y pratiloma: a pelo y a contrapelo. Se considera que el hombre que se casa con una mujer de casta inferior es un orden a pelo, natural; y que una mujer se case con un hombre de casta inferior es a contrapelo, va contra el orden natural. Eso ha permitido también cierta movilidad o mezcla de las castas.

DANIEL GASCÓN: Es muy de sociedad patriarcal.

EVA BORREGUERO: Efectivamente. Los arios son una sociedad patriarcal. La India tenía, y sigue teniendo, unas deidades femeninas muy poderosas, pero en términos sociales es patriarcal, y es un orden que llevan los indoarios a la India.

DANIEL GASCÓN: Y luego también hay que hablar de esa impresionante diversidad religiosa, incluso de religiones que se originan allí y que no son mayoritarias ahí, como el budismo, que sin embargo es una religión casi global, pero que allí es menos importante de lo que fue en otro momento.

EVA BORREGUERO: Sí, es muy interesante que el budismo surge en la India y prácticamente desaparece de la India. Se extiende por Asia: por el sur, Sri Lanka y el sudeste asiático, y luego por el norte, China y Japón. El budismo no acepta el sistema de castas. Fue en cierta medida un movimiento de rechazo de las castas, porque el budismo sí es universal y reconoce la plena integración de todas las personas, y eso no encajaba con lo que predomina, que es el sistema de castas, también conocido como brahmanismo, que es la ideología que lo sustenta, con los brahmanes como casta dominante intelectualmente. El budismo queda relegado hasta el punto de que hay un gran emperador, Ashoka, personaje extraordinario, cuya historia los ingleses descubrieron al descifrar un texto en una piedra.

DANIEL GASCÓN: ¿En qué época vive Ashoka?

EVA BORREGUERO: Ashoka vive alrededor del 250 antes de Cristo. Es un personaje fascinante porque es el gran unificador de la India. La India ha tenido muy pocas unificaciones territoriales: ha tenido fuerzas centrífugas muy importantes y ha costado mucho lograr una integración estatal y política. Ashoka fue el primero que lo integró, luego los Gupta, sobre todo en el norte, luego los mogoles, y luego los ingleses. Pero internamente el poder político ha estado muy fragmentado. Ashoka era conocido como Ashoka el Cruel, porque era implacable con sus enemigos. Cuando estaba en el campo de batalla después de la batalla de Kalinga, en medio del campo con todos los cadáveres, tuvo una especie de crisis de horror. Se preguntó: «¿Qué es esta muerte?», y se fue a peregrinar, una tradición muy india, a buscar conocimiento interior, a ver si entendía esa crisis frente a la muerte y la destrucción. Y en esas se convierte al budismo e intenta fusionarlo con la política, estableciendo una serie de decretos muy interesantes. Por ejemplo, protege a los animales: tiene la idea de que la relación de poder entre los animales y los humanos es tan asimétrica, que la verdadera naturaleza del ser humano se revela en su relación con los animales, porque el animal no puede hablar, no puede expresarse, y el ser humano, desde esa posición de poder absoluta, puede mostrar su vera naturaleza. Si se enseña a los humanos a respetar a los animales, eso revertirá sobre toda la sociedad. Establece límites para matar animales, crea hospitales para animales. Intenta evitar el uso de la fuerza, pero luego se da cuenta de que el estado lo requiere y no funciona sin él. Crea un estado universal de inspiración budista, habla de los indios como «todos mis hijos». Es una figura histórica apasionante porque es muy moderna en este sentido. Pero Ashoka muere, desaparece su imperio, y queda enterrado en el olvido. El brahmanismo, el hinduismo, lo repele un poco, hasta que se traducen sus edictos en roca y a partir de ahí se recuperan todas sus enseñanzas y textos.

DANIEL GASCÓN: Y otro de los capítulos es la presencia musulmana. Es muy interesante porque la llegada de los musulmanes a la India coincide con la llegada del Islam a España, en el mismo año, 711.

EVA BORREGUERO: Es muy interesante porque, además, en pleno siglo XX y finales del XIX, hay una especie de sincronía emocional: los pensadores del nacionalismo musulmán de la India crean una sincronía con la Península Ibérica. Incluso ven en Al Ándalus un anticipo de lo que les va a ocurrir a ellos: dicen «el Islam llegó en la misma fecha a la India y a España, en España dominó y luego fueron expulsados; aquí nos va a ocurrir lo mismo». Y eso también justifica en parte la creación de Pakistán como un estado para los musulmanes de la India.

El Islam llega en la misma época y hay distintas etapas. Hay una primera etapa de conquista: está Mahmud de Gazni, en el año 1000, que son conquistas de saqueo. La India era legendaria por sus riquezas, es un país fértil con el monzón, con el río Ganges, que producía varias cosechas de arroz al año y permitía sustentar una gran población. Con esa riqueza acumulada históricamente, mucho de ella se guardaba en los templos. Entonces era muy tentador desde fuera llegar a la India, saquear un templo, robar y llevárselo. Hay unos primeros siglos de conquistas de este tipo. Luego aparece el Sultanato de Delhi, que ya es un primer poder autóctono indomusulmán. Y luego aparece el Imperio mogol, que es el periodo de mayor esplendor musulmán de la India, comenzando con Babur a principios del siglo XVI, con figuras apasionantes como el emperador Akbar o Dara Shikoh.

Hay un periodo de síntesis del Islam con la India que, para la historia del mundo musulmán, es fascinante: esa asimilación de una cultura tan distinta, que podría considerarse herejía desde la ortodoxia actual, estaba sancionada por los emperadores. Por ejemplo, el emperador Jahangir, hay miniaturas de retratos de él al estilo de la pintura persa en las que aparece él arriba, y el niño Jesús con una cruz debajo, o él mirando a una Madona. El propio Akbar, un emperador muy culto y curioso intelectualmente, probablemente no sabía leer por tener dislexia, pero tenía siempre alguien que le estaba leyendo. Reunió en su palacio de Fatehpur Sikri a eruditos, entre ellos jesuitas, para debatir sobre la religión, y creó una religión nueva en la que él tenía la última autoridad para interpretar los textos sagrados. Es un movimiento muy moderno, porque se convierte en jefe de estado que controla la religión. Eso genera bastante inquietud entre los sectores ortodoxos. Al final Akbar lleva turbante y termina pareciéndose un poco a un hindú.

Luego uno de sus descendientes, Dara Shikoh, que iba a ser emperador pero fue asesinado por su hermano Aurangzeb, da otro paso en esa dirección y escribe un libro que es La fusión de los dos océanos, donde dice: «El Islam se reconoce en las Upanishads, y como las Upanishads son más antiguas, el conocimiento que tiene el Islam reconocemos que estaba antes en ellas; son lo mismo». Todo esto se considera herejía total. Pero hay un periodo de síntesis entre hinduismo e islam fascinante, muy abierto. Eso desaparece cuando llega Aurangzeb, el hermano de Dara Shikoh; su padre era Shah Jahan, el constructor del Taj Mahal, y dice: «Estos gastos en monumentos, el Taj Mahal, todos estos palacios, y encima esta herejía: estamos perdiendo la finalidad del Islam». Asesina a su hermano, encarcela a su padre y se proclama emperador. Ahí hay un movimiento pendular que ha sido muy propio de la India: el Islam ha tenido movimientos pendulares entre la fusión y asimilación, y el regreso a la ortodoxia. Aurangzeb lleva ese movimiento pendular de volver al Islam de los orígenes, separándose de las tendencias de fusión. El Islam en la India es muy único, con un componente sufí-místico muy importante, pero con un componente también muy ortodoxo y riguroso, como el Tablighi o el caso de Aurangzeb. Se pueden ver estas dos tendencias en el Islam de la India.

DANIEL GASCÓN: Y en el libro que se llama India acabas justo antes de la llegada de los británicos, que sin embargo sí son importantes en el libro del nacionalismo hindú. ¿Por qué lo hiciste así?

EVA BORREGUERO: El libro del nacionalismo fue el primero, y este tenía una extensión definida. Era muy difícil abarcar todo, y como se daba una cierta continuidad pensé que sería apropiado terminar con la llegada de los británicos, que es la época de la modernidad. Este libro es más la India clásica, y la etapa de la modernidad, que tiene que ver con el colonialismo, ya comenzaba en el siguiente libro. Era un tema de organización de los contenidos.

DANIEL GASCÓN: El nacionalismo también cambia, porque la conciencia cambia cuando tienes una dominación exterior. E otra época, y también hay unas clases medias que muchas veces leen en inglés y pueden tener una conciencia nacional distinta.

EVA BORREGUERO: Claro. De hecho, el inglés es la lengua vehicular del nacionalismo. La India tiene 22 lenguas oficiales, cientos de dialectos, miles de subdialectos. Dentro de esta diversidad puedes superponer un mapa de castas, otro étnico, otro de religiones y otro lingüístico. Esto genera una complicación enorme. Los ingleses desplazan el persa como lengua oficial del país, introducen el inglés, y se dan cuenta de que hay una casta, que son los brahmane, que son los intelectuales y que pueden ejercer un papel mediador muy importante, y que además son personas ávidas por aprender. Se convierten en intermediarios junto con algunas clases comerciantes altas. Esos sectores estudian, se van a Inglaterra, estudian en inglés, todas las ideas de nacionalismo llegan por este idioma, y empiezan a viajar a través del sistema de ferrocarriles que llevan los ingleses, al norte y al sur, comunicándose en inglés entre ellos. El nacionalismo se desarrolla en esta lengua. El inglés sigue siendo una lengua de cohesión esencial en la India: es la lengua de los tribunales, de la Constitución, de las universidades. Es la lengua oficial de facto del país, porque aunque el hindi es la lengua oficial, debido a esta diversidad lingüística y a la falta de consenso en que haya una lengua nacional, porque las lenguas del sur mirarían con recelo una preeminencia del hindi, el inglés se utiliza como lengua de la administración entre los estados. Y luego la literatura que ha dado en inglés, Salman Rushdie, etcétera, autores indios que escriben en inglés; es claramente una lengua más del país.

DANIEL GASCÓN: Estaba pensando cuando hablabas de Rushdie, porque él tiene la novela de la fundación de la India, Hijos de la medianoche, y luego tiene Vergüenza, que es sobre Pakistán, y que habla también de cosas que comentabas, como la división.

EVA BORREGUERO: Sí, la partición fue el gran trauma. Es una historia de muchísima importancia para entender la India contemporánea. Se origina con este debate de quiénes son los indios, cuál va a ser la nación india. Surgen tres grandes corrientes: la primera es la del Congreso, con esta idea secular que también incluye a los musulmanes; luego el nacionalismo hindú, que tiene muy poca fuerza en ese momento; y luego un nacionalismo musulmán que lidera Jinnah, que es el que deriva en la creación de Pakistán. En esta falta de consenso y con una serie de tensiones, finalmente se decide que se van a crear dos estados: uno para los musulmanes y otro para el resto de la India.

La partición es muy compleja porque la India colonial estaba dividida, más o menos la mitad del territorio estaba directamente administrada por los ingleses, y la otra mitad estaba dividida en 566 principados. Entonces había que integrar esos 566; algunos eran enormes, otros abarcaban unos pocos kilómetros cuadrados. Se les ofrece la opción de incorporarse a India o a Pakistán, y el criterio de Pakistán se establece sobre la base de la demografía: aquellos territorios donde más del 50% de la población es musulmana serían Pakistán. Esta concentración se da en dos extremos: Pakistán occidental y Pakistán oriental, que ahora es Bangladesh.

Pakistán surge como una idea de Jinnah y Mohamed Iqbal: allí donde hay una comunidad musulmana mayoritaria, son una nación. Al margen de la lengua o las tradiciones. Es un estado que no tiene una base histórica. porque no había un reino de Pakistán; el nombre es un acrónimo, y el criterio es estrictamente demográfico. Cuando se declara la independencia y se abren los mapas y ven por dónde va a pasar la frontera, se produce automáticamente el mayor éxodo que ha habido en la historia moderna en un periodo de tiempo tan corto. Las cifras varían, pero entre 10 y 12 millones de personas en unos pocos meses se reparten entre India y Pakistán, con un millón y medio de muertos. Es una comunidad desgarrada, con gente que abandona sus casas y poblaciones enteras, y con muchísima violencia. Esta es una herida todavía abierta, que tiene que ver con la disputa por Cachemira y la rivalidad entre India y Pakistán, que es claramente un fenómeno identitario. El propio nacionalismo hindú dialoga con esto también, porque Pakistán tiene esta teoría de un nacionalismo musulmán que, aunque Jinnah en un principio decía que otras religiones tendrían cabida, en la práctica desaparecieron: quedó un 2% de población no musulmana. El nacionalismo hindú dialoga en ese sentido con esta retórica de Pakistán, y es un aspecto no resuelto de la partición: quiénes son y sobre qué base se define la identidad nacional.

DANIEL GASCÓN: Tu libro de nacionalismo hindú parte de tu tesis, que es de 2004, y ahora hemos visto que el nacionalismo hindú ha ocupado más poder todavía del que tenía entonces, incluso hay gente que dice que Modi es como el componente populista y nacionalista de este mundo de los «hombres fuertes», y encima con mucho éxito.

EVA BORREGUERO: Así es. El nacionalismo hindú da un salto adelante enorme con la figura de Modi. El BJP gana varias elecciones, pero el gran líder carismático de cambio es Narendra Modi. El nacionalismo hindú, además de construir esta definición de la identidad en términos hindúes, trata de responder al propio dilema que plantea la fragmentación del sistema de castas en la India. A partir de los años 80, van apareciendo partidos regionales y partidos de casta, y el voto político se va fragmentando. El Congreso, que tuvo la hegemonía durante décadas, de repente empieza a depender de coaliciones de 20 o 30 partidos. Esa fragmentación política corresponde a la diversidad del sistema de castas. El temor que ha tenido el nacionalismo hindú es que los sectores más desfavorecidos, los intocables, los dálits, las Other Backward Classes, puedan volverse en contra políticamente. Lo que busca es la integración de estos grupos a través de alianzas y coaliciones, y lo ha ido logrando.

En 1979 aparece el informe de la Comisión Mandal, que establece que hay que integrar a más sectores de la población en las políticas de discriminación positiva. Se calcula que las castas atrasadas, los dálits y los tribales son entre el 60 y el 70% de la población de la India. Las políticas de discriminación positiva llegan al 50% de las plazas: un 50% está reservado a estas cuotas para entrar a la universidad, puestos políticos, etcétera. Esto ha sido contestado por sectores de castas más altas que tienen un estatus mayor como casta, pero muchos de ellos no tienen una posición económica alta, porque las castas se organizan en términos de estatus, pero no significa necesariamente poder económico. Hay brahmanes muy pobres pero con el estatus de brahman. Se genera una competencia entre las castas por estas cuotas de discriminación. El BJP se da cuenta de que esto puede volverse en contra políticamente, y ahí aparece Narendra Modi, que es un hombre de casta baja cuyo padre era un vendedor de té en una estación de tren, que reivindica unos valores del hinduismo que son de las castas altas, el legado del brahmanismo, de los Vedas. Resuelve esta tensión con una figura que reivindica los valores del hinduismo clásico siendo él perteneciente a una casta baja. Esto genera un fenómeno de adscripción enorme en la sociedad, que también se explica en parte por la crisis del Congreso, criticado por su carácter dinástico. Y ahí aparece el nacionalismo hindú con Modi y esta fórmula que ha tenido muchísimo éxito: gana las elecciones del 14, del 19 y del 24 con bastante apoyo.

DANIEL GASCÓN: Y en tu próximo libro, que va a salir en junio en Península, que hablas de la geopolítica de la India, ¿nos puedes adelantar un poco lo que trata?

EVA BORREGUERO: El libro es introductorio sobre temas clave para entender la geopolítica india. Incorpora una parte de descripción del sistema político de la India, de partidos, y luego aspectos de la política internacional de la India, de su auge económico y de su papel como potencia regional. India ha tenido una transformación muy interesante en las últimas décadas. Siempre se ha definido por su autonomía estratégica: nunca ha querido inclinarse hacia ningún bloque, ni durante la Guerra Fría ni ahora. Lo ha ido manteniendo a lo largo de las décadas. Por ejemplo, cuando Rusia invadió Ucrania, India mantuvo su relación con Rusia. Pero India tiene la capacidad de mantener alianzas con países antagónicos entre sí: con Irán y con Israel, con Estados Unidos y con Rusia. Su gran preocupación sería China, porque si hay dos países que rivalizan en Asia son China e India: el único país que tiene la capacidad de poner un contrapeso a China es India, por su población y por su territorio. Esto está muy presente en la política tanto india como china. Fuera de eso, India es capaz de mantener alianzas con estados antagónicos. Ha tenido un giro, un acercamiento hacia Estados Unidos muy importante, precisamente por esta rivalidad percibida con China, aunque se llevó un gran susto cuando Donald Trump aplicó unos aranceles muy elevados a India. Ha sorprendido a todos. Pero ha tenido un giro de acercamiento, sin perder su autonomía estratégica, hacia Estados Unidos, dentro de un marco en el que el Indopacífico aparece como contexto cada vez más central en la geopolítica mundial.

DANIEL GASCÓN: El otro día leía una cosa de Pratap Bhanu Mehta que decía: «Todo lo que hacemos decimos que es realismo: el acercamiento a Estados Unidos es realismo, y lo contrario también lo llamamos realismo», que se supone que lo hacemos todos.

EVA BORREGUERO: Bueno, creo que la propia lógica india se permite argumentar cualquier cuestión. Cuando los occidentales europeos preguntan «¿pero la India con quién está, con unos o con otros?», ellos dicen: «No, podemos estar con todos a la vez, porque hasta nuestra forma de pensamiento lógico tradicional nos permite incorporar lo que pueden ser contradicciones desde una forma de análisis distinta». Y han firmado también un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, que es un gran acuerdo porque es el mercado indio, mil millones de personas. En la UE creo que se ha visto acelerado por los cambios que ha supuesto la llegada de Trump en este segundo mandato. Llevaban años negociando este acuerdo y se aceleró porque había una conciencia de la urgencia de buscar alianzas entre potencias medias o potencias no hegemónicas que puedan beneficiar sus intereses. Es una noticia muy importante que apenas ha trascendido en la prensa.

DANIEL GASCÓN: Repítenos el título del libro nuevo.

EVA BORREGUERO: India, una potencia ascendente. Y luego la pregunta es si lo va a ser o no, porque está este dilema sobre si la India va a superar a China. Tiene que ver con ese marco geopolítico.

DANIEL GASCÓN: Estupendo. Pues muchísimas gracias, Eva. Ha sido un placer hablar contigo.

EVA BORREGUERO: Muchas gracias a ti.


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