Tulum en Red, CC BY 3.0 , via Wikimedia Commons

Roberto Palazuelos y el “efecto Kardashian”

El clan Kardashian logró fama al presumir con orgullo sus transgresiones y defectos. Roberto Palazuelos podría llegar lejos en su búsqueda de la gubernatura de Quintana Roo siguiendo sus pasos: no sería el primero en hacerlo.
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Al escuchar “Kardashian”, mucha gente piensa de inmediato en actitudes frívolas, en excesos de nuevo rico, en bronceados artificiales, rostros de silicón y, en general, en mal gusto. Otros piensan en una vida increíble, llena de lujos, viajes, fama y –el sueño de tantos– fortuna sin esfuerzo. Pero hay algo que une a los críticos y a los seguidores de esa familia: el “efecto Kardashian”, que consiste en lograr notoriedad desafiando normas y convenciones sociales, lo que desata ciclos de afinidad y hostilidad que mantienen vivo el interés del público.

El clan Kardashian construyó su multimillonario imperio mostrando su polémica vida a todo el mundo, todos los días y a todas horas. Son famosas no porque sepan actuar, cantar, bailar, o destacar en profesión u ocupación alguna. Son famosas porque son auténticas y son auténticas porque presumen con orgullo transgresiones y defectos. Y por eso la gente no puede evitar mirarlas, así sea de reojo, ni puede evitar hablar de ellas, aunque sea para expresar disgusto, crítica o rechazo.

En días recientes, un personaje mexicano ha irrumpido en la conversación pública montado en su propio “efecto Kardashian”. Se trata de Roberto Palazuelos, a quien el partido político Movimiento Ciudadano postuló como precandidato para gobernar Quintana Roo. De inmediato, las élites de opinión de la Ciudad de México se lanzaron a la yugular de los dirigentes del partido por esta decisión. Las feministas consideran a Palazuelos un exponente de “lo peor del machismo”. Los progresistas lo alucinan por ser un “mirrey”, encarnación del “clasismo”. Comentaristas,  periodistas y políticos tradicionales lo ven como un sujeto que daña la credibilidad de la política. Todos coinciden en su juicio: Movimiento Ciudadano lo postula para llamar la atención, sacar algunos votos y así obtener recursos, pero la idea de tener a un “gobernador Palazuelos” despachando en Chetumal es absurda y no llegará lejos.

Tal vez sea así, pero en los tiempos que vivimos no podemos descartar de tajo la viabilidad de este tipo de candidaturas. El “efecto Kardashian” siempre le ha ayudado a Palazuelos: no actúa, no canta, nadie sabe exactamente qué hace, pero es famoso porque su personaje está muy bien definido como un rebelde que obtiene fama y éxito material transgrediendo las normas sociales. Con ello, genera una mezcla de atracción y repulsión que retroalimenta su notoriedad. Dar contenido a la prensa del espectáculo le permite llegar a un público numeroso que no consume análisis político. Cada tuit, cada artículo, cada comentario en podcasts, radio y televisión sobre Palazuelos, así sea para criticarlo y deplorar su candidatura, le da más tiempo aire.

Previsiblemente, sus detractores comenzaron a compartir videos donde él se muestra tal cual es: prepotente, frívolo, violento. La exhibición repetida de esos videos refuerza un mensaje: no soy un político; soy otra cosa, soy novedoso, soy diferente, soy real, porque no te oculto nada, ni siquiera mis peores defectos, vicios o acciones. Te digo las cosas como las pienso y como las siento. Me muestro tal como soy, y por eso me critican, pero también por eso puedes confiar en mí.

En la era populista, las mayorías han dejado de creer –no sin buenas razones– que los políticos tradicionales pueden resolver sus problemas y mejorar su calidad de vida mediante la implementación de programas de gobierno. Prefieren creer que lo que hace falta son líderes “auténticos” que se sienten “cercanos” porque se muestran tal como son todo el tiempo. Líderes que comparten con los electores el rechazo a los “culpables” de todos los problemas de la sociedad. Cuando esos “culpables” son los políticos de siempre, hablando de democracia y legalidad y haciendo promesas incumplibles, aumenta el deseo por poner en el cargo a alguien que venga a “sacudir al sistema”. Si ese alguien resulta ser menos capaz que los políticos de siempre, no importa, siempre y cuando logre irritar a los hipócritas integrantes del establishment violando sus normas políticas de lenguaje y conducta. Así es como la vulgaridad, la ilegalidad y la mentira se vuelven justificables para los partidarios del populismo.

¿Logrará Palazuelos su tránsito de personaje de reality show a candidato? Primero necesita sobrevivir al bombardeo incesante de las élites, empezando por las de su propio partido. Tal vez Movimiento Ciudadano lo deje solo y todo quede en otra patética anécdota de la política nacional. Pero si se impone el oportunismo más descarado, Palazuelos podría presentarse como un outsider de la política; un sujeto sin preparación, sin experiencia, sin planes serios, pero “auténtico” y con “buenas intenciones”. Entonces sí podría llegar más lejos. Así lo hizo, con su estilo, Cuauhtémoc Blanco en Morelos. Y eso es lo que están logrando, también con su propio estilo, Mariana Rodríguez y Samuel García en Nuevo León. Nunca subestimemos el poder del “efecto Kardashian”.

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