Che Guevara autogestivo (dos)

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Se recordará que en 1968 al auditorio se le cambió afectuosamente el nombre de “Justo Sierra” a “Ernesto Che Guevara”, algo que conmovió mucho a todos los presentes. (En ese entonces, el señor Guevara aún representaba los anhelos de libertad y justicia de un continente maltrecho.)

En 1999, un grupo de ultras se apoderó de todos los edificios de la UNAM durante varios meses para –entre otros objetivos— impedir su “privatización”. En el 2000 entró la policía, desprivatizó los edificios y se los regresó a la UNAM. En 2001 un grupito de megaultras privatizó el auditorio y echó fuera a los ultras, y a la UNAM. Luego unos súpermegaultras (se llamaban –simondor magíster– la “Brigada Verde”) echaron fuera a los megaultras y privatizaron el auditorio hasta mediados de 2002, cuando se lo pasaron a los “Viciosos” (“unos gueyes que fuman piedra”, dicen las crónicas). Luego, en noviembre de 2002, los “Viciosos” fueron echados por un grupo de señores, señoras y señoritas okupas [1] , que reprivatizaron el auditorio y desde entonces lo dedican a sus rentables actividades empresariales, tan campantes, ni mandando ni obedeciendo.

Bueno, la cosa es que estos okupas le cambiaron el nombre al edificio, que ya no se llama “Auditorio Che Guevara” sino “Auditorio CHE Guevara: Espacio Autónomo de Trabajo Autogestivo”. Adiós, espíritu del 68…

Los okupas obran de acuerdo a una ideología que se llama marcoanarcozapatismokupaglobalifobiconeobolivarjipitecomunistrollingstonmotapatodos

rastanewagemarxleninstalinmarulandaghandiharekrishnaitítemascalfengshuifarc

hugochavismolyunidislovismo.

Desde hace ocho años ese auditorio, que debería servir a una comunidad de más de diez mil personas que estudian o enseñan en la Facultad de Filosofía y Letras, sirve sólo para que ultras, megas, “viciosos” u okupas irradien su cacofonía hacia lo que -se supone- debería ser el antídoto a toda superchería mental y sede de la crítica inteligente: la Universidad Nacional, una de las cincuenta más importantes del mundo según algunas evaluaciones internacionales.

La situación es incómodamente compleja. Si por un lado el artículo 16 de la Ley orgánica de la Universidad señala que

Los inmuebles que formen parte del patrimonio universitario y que estén destinados a sus servicios, serán inalienables e imprescriptibles y sobre ellos no podrá constituir la Institución ningún gravamen,

por el otro los empresarios privados que usufructúan la propiedad advierten cuáles serían las consecuencias (“dentro y fuera”) de un desalojo:

No necesitamos su permiso ni el de nadie para defender al Che dentro y fuera de la universidad. No vamos a esperar inmóviles y callados a que lleguen los porros, la rectoría, el gobierno o quien sea -porque no sabemos quien se va a atrever-, a desalojarnos…

Cada día, desde hace seis años y medio, ultras y okupas demuestran que no hay nada más petrificable que la rebeldía, que la voluntad de un grupo puede prevalecer sobre el derecho de la mayoría, representada por sus instituciones; que las instalaciones educativas del pueblo –en efecto- pueden privatizarse; que la UNAM es una entidad (especialmente) propicia a la impunidad; que su Ley Orgánica se aplica según las circunstancias y, claro, que la idea de que la autoridad debe claudicar “por prudencia” a sus responsabilidades jurídicas no es privativa de los gobiernos…

Continuará…

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[1]La palabra ingresará en 2010 a la nueva edición del DRAE con dos acepciones: “Persona que se instala en una vivienda deshabitada sin consentimiento del propietario” y “tomar como propio, y sin consentimiento del dueño legal, una vivienda o local desocupados”. Esto se refiere a España, claro. En México la acepción será la que ordenen los ocupantes del “Justo Sierra”.

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