Colofón para Michael Hart

El fundador del que ha sido quizá el proyecto capital de la digitalización de libros murió recientemente en un anonimato sorpresivo. 
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Michael S. Hart, padre del libro electrónico y del Proyecto Gutenberg, murió el 6 de septiembre; su fallecimiento pasó casi inadvertido. Los obituarios fueron pocos y en México ni siquiera figuró como noticia en las secciones culturales o tecnológicas de los medios. Llama la atención semejante anonimato justo en 2011, año en que el libro electrónico cumple cuatro décadas y durante el cual las ventas de Amazon para el Kindle superaron a los formatos impresos.

El 4 de julio de 1971, cuando tenía 24 años, Hart recibió acceso y espacio de almacenamiento en una de las primeras computadoras que había en la Universidad de Illinois. Al sacar de su mochila una copia de la Declaración de Independencia que le habían regalado por la fecha patria, se le ocurrió que preservarla para el futuro sería el mejor uso que podría darle al espacio que le habían dado. Se puso a capturarla y así nació el primer libro electrónico. También el Proyecto Gutenberg, que busca digitalizar libros en el dominio público para facilitar su distribución y fomentar su lectura.

Hay que destacar lo visionario de su iniciativa considerando la cantidad de años que faltaban para que la gente comenzara a tener, no digamos dispositivos móviles de lectura, sino computadoras en sus casas. Ajeno al dinero, el éxito o los reflectores, Hart fue un auténtico monje copista de la era digital. Durante 17 años fungió como la única fuente de alimentación de este acervo en línea, tecleando los libros uno a uno, palabra por palabra. En ese lapso subió 313 títulos.

En 1998 comenzó a difundir su proyecto y reclutar voluntarios a través de listas de correos. Al ampliar la base de capturistas-correctores las cosas cambiaron radicalmente. Ese mismo año el acervo llegó a 1,600 títulos y a partir de entonces la velocidad fue siempre en aumento. Hoy hay más de 36,000 obras en 60 idiomas y cada mes se añaden unos 50 e-libros. Lo que resulta realmente increíble son las descargas: tan sólo el día de ayer fueron más de 125,000. Vamos a ver: la biblioteca más grande del mundo es la del Congreso estadounidense con 33 millones de volúmenes catalogados. Si cada una de esas descargas fuera un libro que un usuario se lleva a su casa, en nueve meses la biblioteca estaría vacía.

Esta catarata de libros electrónicos es reciente. Hasta hace poco los títulos del Proyecto Gutenberg solo podían leerse desde el monitor de una computadora, lo cual hacía sumamente ingrata su lectura. Gracias a que se encuentran disponibles para lectores electrónicos portátiles como el Kindle, el trabajo de Hart logra ahora su verdadero potencial. La oferta incluye las obras completas de Sterne, Dickens, Austen, Joyce, Wodehouse, Bierce y un larguísimo etcétera. En español hay unos cuantos autores como Cervantes, de Rojas y Quevedo (con elBuscón, no hay un solo soneto). Qué bien nos vendrían más entusiastas que digitalizaran obras en nuestra lengua.

Michael Hart marcó un tránsito definitivo. Lo que él inició en 1971 terminará por cambiar la página escrita en la historia del libro con los tipos móviles de Gutenberg. Por su tenacidad en defender el dominio público y difundir la literatura, vaya al menos este colofón dedicado a su vida y obra. 

 

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