Lunes

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Él (mientras se hace un taco de albóndigas con aguacate y arroz): El himno nacional de España está condenado a no tener letra.

Ella (mientras asa unos anodinos filetitos de carne): Pero eso está bien. Los himnos nacionales son obsoletos, fueron compuestos en el siglo antepasado en tiempos de guerra. Intentar escribirlos hoy es una estupidez.

Él (con la boca llena): Mmp. Y fueon concebido paa uní. (Traga.) Hoy, cualquier propuesta nueva produciría el efecto contrario: separar.

Ella (sentándose): Y divertir. Ayer, una señora en la COPE sonaba precisamente muy decimonónica, alarmada porque la nueva letra no hablaba del territorio ni de las gestas.

Él (sacándole el hueso a la otra mitad del aguacate): No olvides que esto de la letra lo promovió el Comité Olímpico, para que los atletas españoles tengan algo que cantar. Si hoy hay gestas, son deportivas.

Ella (sosteniendo con gracia el tenedor con arroz): Hay más gestas: el cambio climático, la tolerancia…

Él (bañando su taco con salsa verde): “Cambio climático” no suena muy épico, y no me imagino a Casillas cantando sobre el calentamiento global en un juego ante Alemania.

Ella (señalándolo con el mismo tenedor, pero ya sin arroz): Pues igual de ridículo suena nuestro “aprestad el bridón”.

Él (disimulando un eructo): Srp. La jiribilla popular convirtió a Masiosare en un personaje. El himno mexicano se canta como si se tarareara: está vacío de significado para la mayoría de la gente.

Ella (con ojos brillantes): Deberían abolirse todos los himnos. ¿Te imaginas? ¿Pudiste enviar los papeles que te di?

– Julio Trujillo

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