Residencia en la caries

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Un frasco de dos metros cúbicos lleno de muelas (“Colgado del Colgate“); un tubo de ocho pulgadas de diámetro que cruza la galería por el que corre agua mezclada con sangre y astringosol recuperada del consultorio de un endodoncista (“Flujos”); un soporte en video que transmite una extracción de emergencia de una muela de la madre del artista en un consultorio sin anestesia (“Abriendo grande”); un techo empapelado de kleenex asquerosos (“Yo: kleen“); un árbol de navidad hecho de tapabocas usados (“Happy days“); una cama hecha con instrumental de ortodoncia (“Iraq es qaries”), son algunas de las obras expuestas anoche por el artista gay/latino/a/concrético/anti-objetual ¿John? Motolinía en la exposición titulada Residencia en la caries en la Galería Ortos de esta capital.
     Al calor de la muestra, anoto algunas reflexiones.
     En efecto: la pérdida, la extracción, la ausencia, el olvido, la memoria de lo que el artista llama “el cuerpo=ersatz“, son temas sobre los que ¿John? Motolinía trabaja desde hace un mes. Esta obra anti-objetual de ¿John? se enclava en el terreno de la oposición entre imaginación y sensibilidad frente al asedio destructivo de la globalización. ¿Hasta dónde llegan en esta vía de transformación intensificadora la obra y expresión artísticas de ¿John?, cuyas dimensiones sígnicas son alumbradas por la caries, determinadas por vías ético-estéticas, en la inmediatez de la acción-instalación como método? ¿Qué hallazgos artísticos y estéticos guarda ese hardismo que desafía, con la reivindicación, la revaloración y la proyección de sus diferentes recursos múltiples, la precariedad moral que el Estado esconde tras la arrogancia del poder que ejerce?
     Las expresiones concréticas/anti-objetuales son, por su demolición de la forma = continente de esencia, las que están manejando los más anchos márgenes de posibilidades de resignificar el arte, de relacionar elementos en pro de la instauración de nuevas dimensiones ético-estéticas. La valía artística y moral del artista, al poner su nombre entre signos de interrogación (anti-yoísmo), o al proponer que todo Estado es dentista, o al resignificar para la muestra el título de un viejo poema blanco/burgués/macho/socialista, son actos que denuncian el riesgo constante de homogeneización y anquilosamiento contra los cuales se ha levantado, de manera deconstructiva y no dialógica, el impulso de la posmodernidad más reciente. (Una duda: ¿no se da aquí una situación de autoperiferización, en el sentido de rizoma, paralogía o disenso? Hibridización como resultado de una condición de pensamiento: una operación racional, premeditada, dirigida y no irracional, arbitraria, típica de la deriva postmoderna “hard” —nada más hard que una muela.)
     “Mi trabajo se propone describir el lugar desde donde se extrae, cómo se extrae y qué sucede con lo extraído —declara ¿John? en el catálogo, bellamente impreso. O sea, un impulso que tiene que ver con el tópico enunciado, el episteme, y con la crítica del lugar de donde parte ese discurso. O sea que tiene que ver con el locutor y el receptor de ese pensamiento inscrito en un sistema cultural impuesto. O sea, todos somos caries. Tenemos que extraernos. O sea que mi caries es el Chiapas, el Iraq de mi cuerpo.”
     Ante su obra, pensamos que la importancia del arte de ¿John? radica, en efecto, en su categoría de la extracción (en el sentido de liberación, no de castración), en su postular un actante “desdentado” que solamente se puede definir en la lógica del arte como un glissement du signifié sur le signifiant, como un rodar del significado “a espaldas” de un significante nómada y “estético”. Éstas, a su vez, son equivalentes a las categorías de “diferancia” (Derrida), en cuanto que son la contrapartida del logocentrismo, del dualismo occidental, de todo metadiscurso normativo. Exactamente en este cuestionamiento del logos (cariado por el Poder), de la identidad esencialista, radica la importancia de la propuesta de ¿John? para un arte no sometido. La caries hace de cada cuerpo un collage posmo, un sincretismo, y hace de ella una defensa contra la colonización “civilizante” del cuerpo. Cada vez que abrimos la boca en el consultorio, se produce una claudicación del logos, y si la muela es latino/a/gay, una crítica además de la dialogicidad poscolonial. No sólo la lengua habla. Una transculturalidad “orgánica”, en tanto que la ortodoncia —diría ¿John?— es una ciencia generada en un lugar ajeno a mi identidad originaria. Al preguntarse: “mi muela ¿es gay? o bien ¿latino/a?”, el asunto se liga conceptualmente además a la transgenereidad, a un arte interrelacional que se va articulando y cristalizando en el transcurso (parcour) del diálogo con otras extracciones, otras artes y ciencias; una relación jerárquica definida por una dialogicidad heterogénea, híbrida, donde trans- no niega las marcas culturales propias.
     Nacido en Guadalajara en 1974, ¿John? Motolinía dejó la ortodoncia por el arte hace seis meses. Ha contado con las becas Conaculta, Guggenheim, Fulbright y La Caixa de Barcelona. La exposición permanece “montada” hoy y mañana antes de viajar a Fráncfort. ~


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