Citámbulos

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¿Se puede hacer un índice de la ciudad de México? Difícilmente: el catálogo tendría que desbordarse para empezar a reflejar, su condición sería su imposibilidad. Pero no intentarlo, no comenzar a poner orden como lectores que somos de la ciudad, es renunciar a la metrópoli como organismo, como entidad inteligible. La ciudad como mancha expansiva es una imagen insuficiente: ¿y su sistema óseo, y sus venas y arterias? Citámbulos es una propuesta de coherencia que agradecemos.

Organizada a manera de mapa del metro, la exposición adoptó como símbolo y como material de trabajo una pieza que de tan manoseada solemos dejar de mirar: un huacal de plástico, una caja donde cabe casi todo. Huacales azules para dar una idea de agua y recordarnos, ay, la condición lacustre de la ciudad, y huacales grises por todos lados, como cemento imperante. Como soporte, no hizo falta mucho más salvo dotar a la exposición de contenido. Y, claro, todo puede entrar ahí: los coches, el comercio informal, el paracaidismo, las bandas, los secuestros, los animales, el ruido, los rituales y, en fin, las vidas de esa especie única de zoones urbanos que conocemos como chilangos.

Como corte transversal de una cultura, tiene todo el sentido que el Museo Nacional de Antropología haya acogido la exposición Citámbulos, aunque la propuesta pueda indignar a más de un profesor: en lugar de nobles vestigios, el visitante es recibido por un taxi. Más al fondo, lo espera la Santa Muerte y una conmovedora réplica de la Torre Latinoamericana hecha con… huacales. Es importante que el recorrido sea entretenido y aun divertido, pero es más importante que en algún momento nos demos cuenta de la voluntad de raciocinio con que se quiere entender a la megalópolis, ese gigantesco libro abierto para quien quiera leerlo. Poco a poco entendemos: las rutas, los movimientos del centro hacia la periferia, el constante tejido de sonidos que a veces confundimos con el silencio, el miedo (que pare horrendas casetas de seguridad por todos lados), la ubicua violencia, la vida ínfima que triunfa en las grietas: todo ello combinado y funcionando, manteniendo al amado monstruo en marcha. Lo fascinante es eso: el equilibrio, que no se venga todo súbitamente abajo. Esa es la mirada, entre fascinada y científica, con que los curadores de Citámbulos proponen explorar al Distrito Federal, como buscando los hilos invisibles que lo mueven. No son sociólogos ni vienen del mundo del museo: son escritores, matemáticos y filósofos en busca de respuestas. Porque con la comprensión vienen las soluciones, la creatividad para no hacinarnos. En efecto, Citámbulos no es un mero catalogote (que podría funcionar porque el tema de trabajo es en sí mismo asombroso) sino un ensayo de convivencia y aprovechamiento. ¿Cuál es la mejor manera de usar los tres metros cuadrados que nos corresponden?, ¿qué hacemos con tanto desperdicio?, ¿cómo evitamos los desplazamientos? Abundan las preguntas y sorprenden algunas de las respuestas.

Ponerse en los zapatos del otro es una buena manera de comenzar a entender. ¿Cómo vive el Distrito Federal una güera? Constantemente acosada bajo una lluvia de piropos que a veces son simpáticos y a veces no. Silbadores profesionales, a esos piroperos los catalogaron en Citámbulos como nuevos pájaros, una especie que ya conocíamos pero que no habíamos aprendido a ver así. Probablemente esa es la mayor virtud de esta exposición, que nos enseña a reenfocar, a no dar nada por sentado, a ser un poco extranjeros en nuestro propio hábitat. Su defecto es que quiere ser leída con un mapa que, por necesidad, es ligeramente confuso. Tal vez no podía ser de otra forma, pero el instructivo es algo caprichoso. Uno entra y ve, sin prestarse del todo a las coordenadas propuestas. Y no importa, porque la muestra es inteligente y entretenida, llena de rincones para asomarse, de anzuelitos para picar voluntariamente. La ciudad es un organismo vivo que más nos vale entender para que siga funcionando y dure. Citámbulos es un esfuerzo aplaudible, aunque a veces sintamos que no alcanzan las herramientas para darle mantenimiento a la mole. ~