Sin Propuestas para el próximo milenio

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Cada tanto, con una frecuencia en la que quizá se advertiría el mecanismo de la crueldad, nos invitan a encuentros en los que se inmiscuye el fantasma de "lo joven". Interpretamos esas invitaciones menos como una falta de ideas de las instituciones convocantes que como un desafío a nuestra capacidad imaginativa. Los encuentros suponen que uno, por el hecho de no necesitar del bastón, no sólo todavía es joven —lo cual es materia de discusión—, sino que, y más importante —entre preocupaciones acerca de la poesía femenina, la poesía geriátrica y aun de la poesía esquizoide—, uno tiene como motivo de reflexión los avatares de la poesía joven. No negamos que una diezmillonésima parte de nuestro cerebro se haya sentido atraída alguna vez por ese tema de capital importancia. Pero con tantos encuentros y preguntas en las que nos hemos visto involucrados en relación con "lo joven" (que si el premio de poesía joven Elías Nandino, que si las becas para jóvenes creadores, etcétera), a estas alturas confesamos una merma imaginativa que, de tan aguda, probablemente convertirá estas páginas en un alarde de miseria estética y aburrimiento. Perdonen ustedes si es así.
     La expresión "poesía joven", pronunciada con suficiencia por un funcionario cultural, retumba en nuestros oídos con la fuerza de una bofetada blanda. La sola idea de clasificar la poesía con base en un criterio de edad habla, eminentemente, de la pereza mental que aqueja a esos funcionarios; de una parálisis crítica que se conforma con raseros que atienden, no a la estética, no a la literatura, sino a la sociobiología: distinciones de género, en el caso de la poesía femenina; de respeto a la legalidad, en el caso de la poesía carcelaria; de desarrollo del organismo (que no de la mente ni la sensibilidad), en el caso de la poesía joven. Por eso la expresión retumba con ese sonido hueco y bofo de una cachetada desganada y lerda que, si bien conserva alcances peyorativos, carece de la contundencia del desprecio, de la pimienta que dan la inventiva o el encono inspirado.
     Agucemos por un segundo la facultad del juicio. El epíteto "joven", en la cantilena "poeta joven", puede querer decir, o bien —como dijimos— una mera indicación de la edad del individuo que escribe, en cuyo caso es una clasificación vaga y arbitraria, que no parece tener ninguna relación con la naturaleza, calidad ni alcances de sus poemas; o bien puede señalar hacia la condición de una poesía tierna, no madura, tentativa, balbuciente, adjetivos todos que inciden, o presumen incidir, en la apreciación crítica de los poemas en cuestión, pero en la que se deberían incluir composiciones de toda índole y de prácticamente cualquier poeta, vivo o muerto, octogenario o adolescente: las tentativas y los balbuceos nos persiguen a todos, aunque quizá con mayor insistencia a algunos… Una tercera posibilidad, según la cual "joven" haría las veces de poesía primeriza o nueva, apuntaría a la falta de consagración, a que se trata de una voz inédita, no necesariamente prístina ni revolucionaria ni fresca, pero a la que, en vista de su novedad, sería importante promover para que "se abra camino" y encuentre, si es que alguna vez los tendrá, a sus lectores. En esta condición se encontrarían los poemas de los pocos adolescentes a los que todavía los aqueja la lírica, pero también los engendros de veteranos novelistas, ingenieros o políticos a los que les da por pergeñar sus versitos. Pero esta tercera posibilidad, que estimamos la más plausible o necesitada de la ayuda de una clasificación institucional, es la que por supuesto no les pasa por la cabeza a nuestros funcionarios de la cultura: basta notar que la gente incluida en este tipo de discusiones sobre poesía joven goza de lozanía y vigor; sin importar que otros, a quienes no se invita, den a la luz sus primeros ejercicios poéticos tras dos divorcios y varias solicitudes de incapacidad física.
     Según Corominas, los primeros usos de la palabra "joven" se dieron en ambientes poéticos de la España del Siglo de Oro, pero siempre referida a animales o, en tono burlesco o abiertamente peyorativo —como en el caso del Quijote— a seres humanos de dudosa altura moral. En respuesta a ese resabio burlesco con el que inconscientemente se solazan los burócratas de la cultura, nos complacemos en lanzar al mundo, en una complicada redacción al alimón, nuestro:
      
     Enésimo manifiesto en defensa de una poesía sin cortapisas
      
     1.- En vista de que nadie se atreverá a negar que todo poeta es, esencialmente, un parásito, queremos aclarar que la abominación de la idea de poesía joven no es, en absoluto, un capricho de juventud.
     2.- Frente a la ignominia del oficio poético, lamentamos que los poemas nazcan envejecidos aun antes de ser escritos.
     3.- Frente a la ignominia del oficio burocrático, y dado el crecimiento sostenido de nuestra decadencia, estipulamos que el límite de "lo joven" se extienda indefinidamente, pero nunca se equipare con un estado de ánimo.
     4.- Para que las aguas no se agiten, o para que se agiten con la intensidad adecuada, propugnamos que sólo se distinga entre poesía, por un lado, y lo que no alcanza a ser ni albur ni bolero, por el otro.
     5.- Toda vez que cunde la sospecha de que los funcionarios culturales son escritores frustrados, solicitamos que aquellos escritores que buscan ser funcionarios lo anuncien con 90 días de anticipación.
     6.- Como muestra de solidaridad con el poeta Alí Chumacero, que en 50 años no ha escrito una sola línea, insistimos en que cualquier nuevo poema de su autoría sea saludado como poesía joven.
     7.- En caso de que estos razonables pronunciamientos no sean atendidos:
     a) Votamos a favor del siguiente certamen: "Premio Regional Femenino, con tendencias lésbicas, a la mejor poetisa de barrio bajo que sea madre soltera y no guste de la leche Liconsa". Flor natural y premio en líquido.
     b) Proponemos, con una reverencia a esta época de tolerancia e igualdad, que se instituya el "Premio Nacional Mundet al mejor poema de madurez", ya que, según datos del inegi, los mejores poemas se escriben después de los 50 años.
     c) De comprobarse las penosas acusaciones de pedofilia que manchan la figura Elías Nandino, y en el esfuerzo de que no se ensucie aún más el epíteto "joven", proponemos que en honor de su más insigne representante se instaure el Premio Nacional de Poesía Joven Enrique Macías Loza.
     8.- Tras padecer el encono de la provincia patria por el hecho de que el df acapara la gran mayoría de los premios literarios, y por el temor de que ese estado de cosas pudiera llevarnos a una balcanización innecesaria, solicitamos que los certámenes cuenten con accésit en beneficio de los escritores del interior.
     9.- Ante la pena que nos da saber que mentimos al asegurar que nuestros libros se encuentran agotados, exigimos que se haga transparente la situación de las bodegas del Conaculta.
     10.- Debido a la gravedad del conflicto en Medio Oriente, y a las pretensiones de México —hoy cumplidas— de formar parte del Consejo de Seguridad de la onu, sugerimos que los próximos ganadores de premios de poesía sean enviados a la zona como emisarios de paz.
     Transitorio.- La falta de claridad de mesas redondas como las que hoy nos reúnen obliga a que solicitemos, con cierto énfasis, que se estipule un reglamento para la mejor coexistencia en los recintos culturales.
     11.- Invitamos a los más de doscientos antologadores de poesía mexicana del siglo XXI a que se conozcan, compartan impresiones y, de ser posible, unan esfuerzos para desistir de sus turbios propósitos.
     12.- Expresamos nuestra consternación por la epidemia que lleva a confundir la crítica literaria con un ejercicio de estadística; pero, conscientes de la penuria que aqueja a los poetas encuestadores, vemos la conveniencia de postularlos para la Beca Gallup.
     14.- En vista de su amable comprensión, simpatía y unánime aplauso, extendemos nuestras demandas a fin de que no se acuse a la joven democracia de nuestro país de que no entiende de poesía: simplemente no la lee. –