B. Traven: cien años como escritor y fotógrafo

Las cerca de 3 mil fotografías que se conservan en el archivo de B. Traven muestran a un fotógrafo con ojo disciplinado e instinto documental.
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B. Traven pasó la primera mitad de su vida en Alemania y la segunda en México, dejando una producción literaria de un alcance global extraordinario: más de cuarenta millones de ejemplares vendidos, más de mil quinientas ediciones y traducciones a más de cuarenta idiomas. Este 2026 marca el centenario de la publicación de su primera novela bajo el seudónimo B. Traven, El barco de la muerte (1926). Para conmemorar este aniversario, Penguin Books publicará tres de sus principales obras –El barco de la muerte, El tesoro de la Sierra Madre y Puente en la selva– como parte de la serie Penguin Classics. También están apareciendo nuevas ediciones en Europa y América. Algo mucho menos conocido que esa fortuna editorial es que Traven era un fotógrafo consumado.

La vida de Traven (1882-1969) coincidió casi exactamente con la consolidación de la fotografía como lenguaje moderno. Durante su estancia en una comunidad de artistas cerca de Colonia, entre 1919 y 1921, debió de presenciar el surgimiento de una nueva objetividad fotográfica asociada a figuras como August Sander, un pionero de la fotografía afincado en aquella ciudad, cuyo enfoque tipológico redefinió la relación entre imagen y sociedad. En este contexto, Traven no solo fue testigo de estos acontecimientos, sino también participante en una transformación más amplia en las formas de mirar.

Poco después de su llegada a México en 1924, Traven entró en contacto con Edward Weston y Tina Modotti, figuras centrales en el desarrollo de la fotografía modernista en el país. La obra de Traven revela una notable afinidad con sus preocupaciones: una atención compartida a la forma, la materialidad y el mundo social, y una tensión similar entre la precisión documental y la construcción estética.

El equipo que utilizaba traza una evolución paralela. Comenzó con una cámara Graflex, seguida de una Leica, y más tarde adquirió una de las primeras cámaras Polaroid tras su introducción en 1948. Esta progresión refleja no solo un cambio tecnológico, sino también una transformación en el enfoque fotográfico: de una documentación deliberada y frontal a formas cada vez más inmediatas e íntimas de creación de imágenes. En manos de Traven, la cámara no era un instrumento neutral, sino una extensión de la percepción y el pensamiento.

Este interés por la tecnología formaba parte de una orientación intelectual más amplia. Los libros sobre telefonía, aviación y mecánica conservados en su archivo apuntan a una fascinación sostenida por los sistemas de comunicación y movimiento. Su adopción del título “Ingeniero” en el seudónimo Ingeniero Traven Torsvan refleja no solo un disfraz, sino una forma de posicionarse en relación con el mundo: como un observador atento a la estructura, la función y el proceso.

Un momento decisivo en su actividad fotográfica llegó en 1926, con su participación en una expedición a Chiapas organizada por Enrique Palacios bajo los auspicios de la Universidad Nacional de México. De esta misión surgiría el libro En los confines de la selva Lacandona. Exploraciones en el estado de Chiapas, publicado en 1928. La expedición, inicialmente centrada en el estudio de las infestaciones de langostas, reunió a agrónomos, epidemiólogos, antropólogos y arqueólogos. El papel de Traven como fotógrafo le situó en la intersección entre la documentación científica y la experiencia vivida.

Sin embargo, su trabajo superó rápidamente la función estrictamente documental que se le asignó. No solo registró las actividades de la expedición, sino también los paisajes, la arquitectura y las comunidades indígenas de la región, así como los ritmos de la vida cotidiana. Chiapas se convirtió en una experiencia formativa. Traven permaneció allí varios meses tras la conclusión de la expedición en agosto de 1926 y regresó en varias ocasiones al año siguiente.

Estas experiencias culminaron con la publicación en Alemania de Tierra de primavera (1928), su única obra de no ficción. El libro apareció en dos versiones: una sin ilustraciones y otra con un extenso apéndice fotográfico. Este apéndice, que comprende aproximadamente 150 fotografías en 64 páginas, constituye el único registro visual publicado por Traven. Como el libro con todo y apéndice nunca ha sido traducido a otros idiomas, hay que reconocer que esta es la causa principal del desconocimiento de esta faceta de su obra.

Las imágenes están organizadas sistemáticamente y abarcan una amplia variedad de temas: paisajes de montañas, llanuras y selva; monumentos arqueológicos como estelas y pirámides mayas; arquitectura urbana y vernácula; vida agrícola y hacienda; retratos de habitantes indígenas; animales como bueyes, caballos y mulas; y un grupo de imágenes numismáticas, que incluían monedas tanto contemporáneas como coloniales.

En conjunto, estas fotografías forman tanto un inventario como una interpretación del mundo. No son simplemente registros documentales, sino imágenes cuidadosamente construidas en las que el encuadre, la selección y la secuencia transforman la experiencia en pensamiento visual. Funcionan como una especie de cuaderno visual, en el que la observación se convierte en un medio para ordenar, comprender y reimaginar la realidad.

Tras la publicación de Tierra de primavera, Traven continuó regresando a Chiapas, atraído tanto por la intensidad de su experiencia allí como por su decisión de transformar este material en la serie de novelas conocida como el ciclo de la caoba (La carreta, Gobierno, Marcha a la montería, Trozas, La rebelión de los colgados, El general regresa de la selva). Su actividad fotográfica continuó en paralelo, extendiéndose a otras regiones de México y contribuyendo a un archivo visual en expansión.

Hoy en día, aproximadamente tres mil fotografías se conservan en el archivo de Traven. Este cuerpo de trabajo muestra a un fotógrafo con un ojo disciplinado, instinto documental y un profundo compromiso con las realidades sociales y materiales que también sustentan su producción literaria.

Las exposiciones Tierra de primavera: B. Traven en la selva Lacandona y Centenario de El barco de la muerte conmemoran dos aniversarios de cien años de Traven como escritor y fotógrafo. El barco de la muerte es su libro más popular en Alemania y ha sido reconocido como uno de los cien mejores libros escritos en alemán entre 1924 y 2024. Marca la novelización de sus variadas experiencias y convicciones apasionadas, el inicio de una extraordinaria carrera literaria y la transferencia de las lecciones extraídas de Alemania a México por una figura única en la cultura e historia de ambos países. En la exposición, ubicada en la galería del segundo piso del Museo Nacional de Antropología, se presenta el primer manuscrito empezado con lápiz por Traven en inglés cuando estaba encarcelado en Londres a finales de 1923. También se exhiben ochenta ediciones de su obra en más de veinticinco idiomas con distintas portadas que son, cada una de ellas, verdaderas obras de arte. Por último, se muestra la escena final de la película Das Totenschiff (1959), naufragio que el autor sobrevive para iniciar su carrera literaria en México. ~


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