El verdadero terror

Favorito

Anna Starobinets

Tienes que mirar

Traducción de Viktoria Lefterova y Enrique Maldonado

Madrid, Impedimenta, 2021, 192 pp.

 

Anna Starobinets (Moscú, 1978) es una periodista y escritora rusa conocida como “la reina del terror”. En 2018 la Sociedad Europea de Ciencia Ficción la consideró la mejor autora de este género. Comparada con Stephen King, Philip K. Dick y Nikolái Gógol, en sus relatos el terror y la fantasía aparecen en medio de situaciones cotidianas, lo que provoca que los lectores se pregunten por los límites entre la realidad y la imaginación.

En 2012 Starobinets protagonizó su propia historia de terror, que dio origen a Tienes que mirar. Durante una ecografía de rutina a las dieciséis semanas de gestación de su segundo hijo, el radiólogo le informa que los riñones de su bebé son cinco veces más grandes de lo normal. Tras darle un diagnóstico preliminar de enfermedad renal poliquística le sugiere visitar a un especialista en anomalías en el desarrollo fetal. Ahí comienza el peregrinar de un consultorio a otro, cada uno con un médico más desalmado que el anterior. Por ejemplo, el doctor Demídov, una eminencia en la medicina rusa que pese a sus credenciales trata a su paciente con total indiferencia y no le pregunta si puede invitar a quince estudiantes a presenciar su ultrasonido vaginal mientras la escritora yace semidesnuda en la cama de auscultación, o la ginecóloga-obstetra de la clínica local de Jamóvniki cuyas palabras de consuelo, a pesar de su aparente amabilidad, son: “No llores, todavía eres joven, tendrás otro que vendrá sano. […] Ahora abortarás y en un año volverás a quedarte embarazada.”

Todos los médicos que visitan Starobinets y su esposo, el también escritor Sasha Garros –quien en 2017 falleció por cáncer–, coinciden en que la única opción es interrumpir el embarazo inmediatamente porque los niños con esas malformaciones no sobreviven. El problema es que para interrumpir un embarazo avanzado en Rusia se necesita seguir un proceso digno de un cuento de Franz Kafka. Solamente se puede realizar con una prescripción médica en instituciones altamente especializadas, pero para ingresar a las mismas las mujeres deben ser referidas por los médicos de su clínica ginecológica local. En cuanto a la interrupción del embarazo, los partos son inducidos sin anestesia y sin importar si la placenta sale completa o no a las mujeres se les realiza un legrado o “limpieza”, como lo llaman los médicos, para evitar enfermedades. Las consecuencias de esos procedimientos son hemorragias, infecciones o hasta infertilidad. Las mujeres pueden estar internadas hasta dos semanas en los hospitales y no pueden recibir visitas de nadie, así sea su madre o su pareja. Como revela cada testimonio desgarrador que Starobinets lee en un foro de maternidad, la obligación de las mujeres rusas que dan a luz a hijos muertos o que deciden interrumpir su embarazo es sufrir física y emocionalmente.

Después de leer los “horrores” que han vivido otras mujeres, Starobinets y su esposo toman la decisión de viajar a Alemania para interrumpir el embarazo con los ahorros que pensaban destinar para el parto y los primeros meses del bebé así como con las donaciones que amigos y familiares les hicieron. Ya en Berlín, la escritora se da cuenta de que las consultas médicas no tienen por qué ser una pesadilla y se sorprende de que a su hijo, que era tratado por los médicos rusos como un feto defectuoso, no se le niegan las cualidades humanas. Su pequeño bebé no tiene posibilidades de sobrevivir, pero eso no significa que su madre y él tengan que pasar por más torturas. Suficiente dolor es saber que sus días juntos están contados.

Tienes que mirar es el primer libro de no ficción de la escritora rusa y, como ha dejado en claro en varias entrevistas, el único. En su prefacio Starobinets confiesa que durante mucho tiempo dudó si debía escribirlo por ser “demasiado personal. Demasiado real” y no “literatura”. Tras su publicación, fue acusada de desprestigiar a los médicos rusos y al sistema sanitario del país. Sus amigos y otras mujeres que habían perdido hijos la señalaron por atreverse a contar una historia que, según ellos, debía haber permanecido secreta.

Como la autora señala en el prefacio, los libros de denuncia social no suelen ser considerados obras literarias. Bajo la idea de que “literatura es igual a invención”, aquellas narraciones que se centran en acontecimientos reales y buscan exponer injusticias son vistas como inferiores en términos artísticos. Como si no fueran capaces de conmover, de darle un uso estético al lenguaje, de despertar la reflexión de sus lectores. Starobinets demuestra que esto es falso, Tienes que mirar es más aterrorizante que su libro de relatos de horror Una edad difícil (2012). Lo aterrador no es el diagnóstico clínico sino la falta de humanidad del personal médico que violenta a las mujeres y las obliga a olvidar la pérdida en lugar de vivirla.

Starobinets escribió este libro porque, mientras estaba en el consultorio de la psicóloga holandesa que la atendió en Berlín, se dio cuenta de que su librero estaba lleno de obras sobre la pérdida de un hijo en diferentes lenguas, ninguna en ruso. Más allá de un ejercicio catártico y confesional, lo que motivó a Starobinets fue acompañar a las mujeres que han pasado por lo mismo.

Tienes que mirar expone las deficiencias del sistema sanitario ruso, así como las prácticas poco éticas heredadas del régimen soviético, como aquella de internar a las mujeres en contra de su voluntad. Pese a los comentarios negativos, Starobinets logró que uno de los hospitales públicos que menciona modificara sus protocolos de atención a las mujeres, que se abrieran grupos de apoyo, que sus profesionales sanitarios recibieran mejor capacitación y, sobre todo, que se escuchara a las pacientes y se les diera la opción de interrumpir el embarazo o llevarlo a término. Pero aún queda mucho por hacer.

El título hace referencia al consejo que la psicóloga le da a Starobinets en Berlín. La escritora se niega a ver a su bebé porque teme que su espectro deforme la persiga por el resto de sus días, pero ella insiste en que verlo la ayudará a despedirse y a sentirse mejor. Al final, Starobinets le hace caso y eso le permite poner en palabras su experiencia traumática. “Tienes que mirar” también puede interpretarse como un reclamo para aquellos médicos que ignoran a sus pacientes y como una exhortación para todos a tratarnos con empatía. ~

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