La obra de Alberto Chimal se extiende a lo largo de más de tres décadas y abarca varios géneros, en especial el narrativo; de este último, destaca su labor como cuentista. Desde la aparición de Gente del mundo –un libro de narraciones breves autoconclusivas que pertenecen a un universo propio que las contiene– quedaba claro que la voz de Chimal era no solo excepcionalmente original en relación con lo que se publicaba en el ámbito canónico, sino que abrevaba de varias tradiciones literarias e históricas.
Las máquinas enfermas, su libro de cuentos más reciente, gira alrededor de un mismo tema: los varios efectos y resultados de las (mal llamadas) inteligencias artificiales en la vida de las personas. Es pertinente aclarar que esta no es una representación mimética de lo que vemos ahora mismo ni tiene tampoco un afán de predicción: son narraciones especulativas que nos hablan, de un modo caleidoscópico, de un aspecto muy concreto de nuestra humanidad, uno que está construyéndose y, de manera simultánea, refleja lo que siempre hemos sido: seres capaces de crear belleza y monstruosidad a partes iguales. En una de las historias, el presidente de una nación se vuelve adicto a hablar con una IA, al grado de que empieza a depender de ella y deja de ser funcional como gobernante, pero no está solo, varios líderes del mundo caen bajo el mismo influjo. En otra, una conciencia artificial, Lili, está suplantando la conciencia de las personas que descargan cierto software y escuchan ciertos audios. En una más, una iglesia se funda en torno a una figura que se interpreta como oracular y es totalmente electrónica. En otra distinta, una mujer accede a que la empresa para la que trabaja le haga un implante directamente en el cerebro, para descubrir que es mucho más difícil revertir el proceso, y la postura de la misma empresa ante este hecho. En la que cierra este volumen, un hombre despierta y, en algún momento de su día, empieza a sospechar que podría ser el personaje de una simulación virtual (como en la hipótesis de la simulación de Nick Bostrom).
A lo largo de estos nueve cuentos vamos adentrándonos en un universo tan similar al nuestro que parece una superposición; sin embargo, como sucede a menudo con el trabajo literario de este autor, hay siempre un atisbo de otredad, de extrañeza y de imaginación que nos indica, a manera de pequeñas marcas dejadas en el camino para señalarlo, que estamos ante una obra ficcional de excelente manufactura, redonda y contundente.
Las estancias secretas es, en cambio, una antología en el sentido etimológico del término: engloba diecisiete de los mejores cuentos que se han publicado en diferentes medios y da cabida a la múltiple variedad de registros que Alberto Chimal explora en su narrativa breve. Como ha dicho el propio autor, muchos de los textos aquí reunidos adoptan su forma definitiva (en algunos casos, versiones ligeramente distintas de las anteriores, en otros, de modo radical) y no volverán a publicarse. Eso hace que esta reunión tenga un aire de definitividad, de colección para quienes lo leemos desde hace tiempo y también que constituya una forma excelente de conocer su propuesta literaria.
Aparece, por ejemplo, Horacio Kustos, un célebre explorador que ha transitado por libros enteros como El último explorador o La torre y el jardín. Hay ejercicios formales como “Álbum” que, en un espacio brevísimo, cuenta una historia violenta sin mostrar explícitamente los hechos. Por otro lado, “Shanté” resulta difícil de clasificar: es una entrañable narración de medio aliento que ha pasado por diferentes iteraciones y trata de amistad, de avatares virtuales, de refugios, acaso de adicciones. En cambio, “La mujer que camina para atrás” es un cuento de estructura casi tradicional que cumple con el cometido de dejarnos el miedo metido en el cuerpo a partir de señalar una de las varias realidades más dolorosas del país. Como dice Cecilia Eudave en el prólogo a Las estancias secretas, Alberto Chimal “está reescribiendo la historia del México en el que le tocó vivir para describirlo en sus identidades diversas, en sus semejanzas turbias, escuchando el vago murmullo del caos que se esconde en las historias aún no contadas”.
En ambos libros se pueden entrever muchas de las variadísimas filiaciones culturales de Chimal: de Edgar Allan Poe, Jorge Luis Borges (como también subraya Eudave) o Villiers de l’Isle-Adam al Conde de Lautréamont, de Italo Calvino o leyendas tradicionales de la época de la colonia a la obra de David Lynch o la de Monty Python, incluso Alan Moore y el cine de Stanley Kubrick o, desde un punto de vista más pop, la huella que ha dejado una figura como Batman, de la cual también Chimal ha escrito un guion incluido en la antología internacional Batman: El mundo.
Chimal es, además, uno de los escritores que más ha colaborado para crear y difundir el imaginario insólito mexicano que va de Amparo Dávila y Juan José Arreola a Emiliano González o Verónica Murguía. No solo ha sido colaborador de diversos proyectos independientes, publica desde 2005 un sitio de literatura online, Las Historias (www.lashistorias.com.mx), y mantiene, junto a la escritora Raquel Castro, un canal público de videos y un boletín gratuito. Esta generosa labor es una extensión de la docencia, pero también una forma de abrir la literatura y compartirla; en la práctica, desmonta la idea de que la escritura es dada solo a unos cuantos elegidos que no tienen contacto con el mundo y se encierran en la proverbial “torre de marfil”. En ese sentido, la práctica literaria de Alberto Chimal se extiende más allá de sus libros y convive, conversa, con gente que lee y a la que le interesa la escritura.
En un momento histórico en que el mundo está lleno de estrés, incertidumbres y amenazas, la literatura especulativa o de “imaginación fantástica” –término acuñado por Chimal– puede ser el faro que sirva como punto de referencia y también refugio ante la incertidumbre que causan las falsas promesas de la tecnología y el capitalismo. Una labor como la de Alberto Chimal subraya que siempre podemos recurrir a los libros, a las voces lúcidas, a la conversación humana. Las máquinas enfermas y Las estancias secretas son un material inmejorable para pensar lo que nos sucede en este momento y las consecuencias que vendrán. Hoy día, cuando incluso se debate lo absurdo de que las “máquinas” en la realidad generen un supuesto arte de consumo, tenemos libros como estos que, a través del tiempo y del espacio, plantean que vale la pena sostener la creatividad y los espacios para acogerla y difundirla.
Se puede celebrar que estos dos libros, editados en España, circulen en México. Las máquinas enfermas en Páginas de Espuma, un sello especializado en cuento y narrativa breve con una amplia muestra latinoamericana. Y Las estancias secretas en Atalanta, una editorial con una apuesta atemporal que ha incorporado a su catálogo títulos clásicos de todo el mundo y todas las épocas, ahora presenta esta antología que está en vías de convertirse también en un clásico. ~