El origen de las truchas se remonta al periodo Cretácico superior, hace unos 100 millones de años. Sobrevivieron a la catástrofe que acabó con los dinosaurios hace 66. En el último millón de años, las glaciaciones les favorecieron. En el siglo XX, su hábitat fue mermado por el cambio climático y la deforestación. Además, su auge fue mal visto: como invasor y disruptivo de la diversidad ecológica. Viven en el agua fría, limpia y oxigenada que cae en las montañas y fluye en arroyos o se estanca en lagos de altura.
¿Cómo subieron hasta allá? Nadando. Son capaces de nadar contra la corriente hasta siete horas sin descanso; de recorrer decenas de kilómetros de un tirón y de salvar obstáculos con saltos de hasta un metro de altura. Su migración culmina en desovar en lugares propicios, varias veces en el curso de su vida.
Hay diversas especies. La trucha dorada solo existe en México, especialmente en la Sierra Madre Occidental (Chihuahua, Durango y Sinaloa). La trucha arcoíris, que es la más común, mide de 25 a 40 cm y pesa de medio kilo a kilo y medio. No es nativa de México, fue introducida a fines del siglo XIX.
Las truchas no silvestres se producen en criaderos piscícolas. En 2025, la producción de trucha en México fue de casi 25,000 toneladas, la mayor parte en criaderos tecnificados del Estado de México.
El nombre de la trucha se usa en México para elogiar a una persona. En las locuciones ser trucha, ser muy trucha y ponerse trucha, “trucha” quiere decir ‘listo’, ‘despierto’, ‘sagaz’, ‘eficaz’.
La hazaña de las truchas (nadar contra la corriente, subir al agua pura) fue celebrada como paradigma libertario por Christian Friedrich Daniel Schubart (1739-1791) [no Schubert] en un poema titulado “Die Forelle” [‘La trucha’, 1783]. Schubart fue un poeta romántico, músico y editor de una revista muy leída: Teutsche Chronik (‘Crónica alemana’, Teutsche fue una forma arcaizante de Deutsch), que criticaba el absolutismo, por lo cual fue castigado con clausura y diez años de cárcel. Su poema habla de la alegría de la trucha, nadando a toda velocidad en el agua clara de un arroyo. Y de la maldad del pescador que mañosamente la captura agitando el agua, hasta volverla turbia para desorientarla. Es un poema de versos cortos en siete estrofas rimadas abab, cdcd, etcétera.
Franz Schubert (1797-1828) lo musicalizó para voz y piano, suprimiendo la última estrofa (una moraleja pedestre que exhorta a las jóvenes a no dejarse engañar por los malvados pescadores). Tenía veinte años (1817). La musicalidad de su canción, que recuerda a la trucha en su vivacidad, la volvió famosa. Hay numerosas versiones en YouTube (teclear Schubert Lied Die Forelle).
Dos años después (1819), volvió sobre el tema en su quinteto en la mayor D 667 “La trucha” para piano y cuerdas (violín, viola, violonchelo y contrabajo), que se quedó inédito diez años, hasta 1829, un año después de la muerte de Schubert, a los 31 años.
Consta de cinco movimientos: 1 allegro vivace; 2 andante; 3 scherzo: presto-trio; 4 tema: andantino, variazioni: allegretto; 5 finale: allegro giusto.
Llama la atención que las cuatro pausas entre los cinco movimientos no son iguales. Hay una audiblemente más larga. Según Co-Pilot: La partitura original no marca la duración de las pausas. Sí hay una pausa más larga en casi todas las interpretaciones, y suele ser la pausa entre el segundo y el tercer movimiento. Es cosa de los intérpretes. ¿Por qué hacen esa pausa más larga? No se sabe.
No solo eso. De 1950 a 2020 el tiempo total de interpretación del quinteto ha venido aumentando gradualmente, de unos 35 minutos a unos 42. ¿Por qué? No se sabe. ~