La bitácora en línea del escritor José de la Colina.
Harry Earles, astro liliputiense

Acerquemos la oreja a la foto añejada en sepia. En ella están Grace, Tiny, Harry y Daisy, los cuatro Schneider, o Earles (más un anónimo perro intercalado). Miran hacia nosotros desde 1920 y proclaman en silencio: “¡Eso de la Doll Family es sobrenombre de farándula! Tenemos poco más de medio metro de estatura, pero no somos muñecos. Una encíclica del siglo XVI decretó que los enanos somos seres con alma, es decir: enteramente humanos. Y además superdotados: Tito Monterroso fraternalmente dijo que los enanos tenemos un sexto sentido para reconocernos entre nosotros.”
Nacido en 1902 y en Alemania, Kurt Fritz Schneider (luego Harry Earles en el cine y Clarence “Tod” Robbins en la literatura) llegó en 1920 a los Estados Unidos con sus tres hermanas. Actuaron en las ferias suburbanas, en los shows de los parques de atracciones, en los music-halls y en el celuloide. Harry destacaría en el cine fantástico y sería protagonista de una obra maestra del género (y de todo el cine): Freaks, de Tod Browning.
Harry, culto y muy caballerito, fue el liliputiense número uno de Hollywood y un famoso seductor de damas de mayor estatura que él (“Sí, es un midget, pero en la cama es un titán”, declararía la starlette Stella Colton a la chismosa número uno del periodismo: Edda Hopper) y un escritor de ficción que publicaba cuentos de terror bajo el seudónimo Clarence “Tod” Robbins (el “Tod” iba en homenaje a su director de cabecera: Tod Browning). En el cuento titulado “Spurs” un sádico enano de circo se divertía montando y clavándo espuelas a una linda mujer de tamaño normal. El relato fascinó a Browning, quien en 1932 fusionó esa historia con el cuento “Hop-Frog” de Poe y lo convirtió en Freaks (en México titulada “Fenómenos”), una película de horror coprotagonizada por Earles, ahora un caballerito amoroso y víctima de Olga Baclanova, la trapecista y la victimaria y de estatura mayor, apoyados por una pléyade de conmovedores “fenómenos” prestados por el fastuoso circo Barnum: varios enanos, un hombre-tronco, un hombre-esqueleto, un hombre-mujer (o mujer-hombre), una mujer barbuda, y hombres y mujeres macro y micromegálicos. Esos dizque “fenómenos humanos” dieron a la película su intergenérica condición entre fantástica y documental, más una poesía entre el terror y la ternura.
Freaks decepcionó a las taquillas, pero Harry, asestándose un trago de coñac con la maestría de un Erich von Stroheim, declaró: “Qué importa; mi película es un chef d’oeuvre, y, como los buenos vinos, todavía mejorará”. Acertaba: la película que la Metro Goldwyn Mayer consideró fallida hoy se vende bien en devedé, recorre cinetecas y cineclubes, es pieza de culto de la cinefilia y es muy celebrada por los críticos como una joya del cine de horror a la que en 1980 el gran David Lynch, tomando dos elementos argumentales: la humanidad de los “monstruos” y la solidaridad entre la gente circense, le rindió un secreto pero muy visible homenaje en su Elephant Man.
Obra no marchita a sus actuales ochenta años, Freaks fue para Earles una cima solitaria. El astro liliputiense poco a poco se vería reducido a una exigua línea en los créditos finales de las películas. En 1939 tuvo un destacado tercer papel en la superproducción El mago de Oz (de MGM) como uno de los mushkins que festejan a Judy Garland en Mushkinland, pero su parte fue muy abreviada pues cortaron la escena en que bailaba un brioso número de tap. Todavía durante un tiempo y con una esposa que le superaba mucho la estatura (“Es mi giganta baudelairiana de uso particular”, decía él) mantuvo la residencia de Sunset Boulevard. Pero ya no era un astro, y en 1958, divorciado ya, malbarató su castillo “ludwigiano” y con sus hermanas se retiró a una modesta casa en Sarasota, Florida, donde vivió en casi anonimato apenas relampagueado por breves presentaciones en ferias y circos.
Harry murió en 1985 a los 83 años. A su entierro asistieron algunos midgets y unos pocos actores y actrices de talla normal, y Vincent Price, un nuevo astro del cine fantástico, pronunció el discurso elegíaco en que lo llamó “un fino caballero y un poeta de la actuación que seguirá dando luz en las pantallas futuras”.
(Publicado previamente en Milenio Diario)
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Comentarios (3)
Si mañana se descubriese que el pequeño Harry Earles fue Tod Robbins y que Robbins nunca existió, por supuesto que sería formidable!! El primero fue un titán, un personaje hoffmanniano del que cabría esperar cualquier cosa. El segundo, un tipo no exento de misterio. He rebuscado por toda la red durante mucho tiempo algún dato, detalle o anécdota sobre qué relación tuvieron, no sólo ellos sino también con Browning y Lon Chaney (Chaney como bien sabrás protagonizó otra adaptación un cuento de Robbins a cargo de Browning, "The Unholy Three"), pero los datos sobre Robbins son escasísimos... Estoy convencido de que Harry y él se llevaron de maravilla. Me encantaría leer una biografía sobre Earles y la Doll Family (¡preciosa su hermanita Daisy!) pero que yo sepa no existe. Un saludo.
Anonymous (¿pero cuántos anonymous hay en esta nube enorme de la mensajería electrónica?, ¿no es momento ya de ponerles placas como a los automóviles?, porque luego hay unas confusiones desasosegantes, pues un dia uno recibe un comentario de un anonymous que lo felicita y al día siguiente, o quizá al minuto siguiente, el de un anonymous, o quizá el mismo pero todavía más anonymous si es posible, que lanza un ataque verbal de gran formato, con palabrotas y calumnias) tiene razón, y debo confesar que que me dejé llevar por la fantasía con la coincidencia en eso del "Tod" y supuse, tras recordar un artículo de la revista francesa Bizarre con algunos datos que ahora sospecho inventados, que "el gran Harry Earles", como justamente lo valora este amigo anonymous era el mismo tan talentoso y querible Harry, el titán de los liliputienses. Pero, Anonymous, acá entre frikófilos ¿o frikólatras?, quizá se vale la justicia poética e imaginar que Earles y Robbins y Browning y cada uno de los freaks del maravilloso film son, todos, copartícipes en el milagro fílmico. Porque además Bizarre también decía que Harry había colaborado en la adaptación del cuento de marras, y es que el film resulta a final de cuentas muy diferente del cuento: en las páginas el enano es un sádico malvado, y en la pntalla tiene unagran esencia angélica en un pequeño pomo carnal (¡salvadme: estoy mutando a poeta!).
Un homenaje al gran Harry Earles siempre es bienvenido, pero el artículo comete un error monstruoso: Harry Earles y Clarence Aaron "Tod" Robbins no fueron la misma persona. El responsable del relato en que se basa "Freaks", titulado "Spurs", fue un singular autor pulp cuyas primeras novelas se publicaron en 1912 -cuando Tod Browning no había dirigido nada; el "Tod" es pura coincidencia- y cuya obra en parte ha sido reeditada. Pueden leer su biografía aquí: http://signorformica.blogspot.com.es/2009/09/tod-robbins.html
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