Un espacio para adentrarse en los pormenores de la industria fílmica, explorar sus múltiples expresiones y descubrir resonancias con otras artes.
Nueva York en el siglo XXI
Por Daniel Krauze

Desde el punto de vista de la estética cinematográfica, ¿hay alguna ciudad más utilizada y gastada que Nueva York? Ya sea a través del sórdido punto de vista de Travis Bickle en Taxi Driver, la romántica lente de Woody Allen en Manhattan, con sus puentes y esquinas que son postales, el colorido aquelarre Brooklyniano de Spike Lee en Do the Right Thing, la insolada parquedad de Kids de Larry Clark y de Dog Day Afternoon de Sidney Lumet, y hasta esa visita distópica que ofrece The Warriors de Walter Hill, la realidad es que Nueva York ha sido retratada desde casi todos los ángulos y con todas las texturas posibles. Cualquiera que haya vivido en la Gran Manzana podría culpar al aburguesamiento de la ciudad de este fenómeno: Nueva York no puede verse con originalidad porque la ciudad misma ha extraviado su esencia –su lado arisco- y lo que queda es la urbe que Carrie Bradshaw parió: un lugar inoculado de cualquier peligro, lleno de tiendas de diseñador, locales que venden cupcakes de cinco dólares por pieza, restaurantes de comida fusión, boutiques hipsters y bares speakeasy. Los cineastas han enfrentado la sequía de historias neoyorquinas desertando a la ciudad sobre la que fincaron su oficio. Woody Allen está del otro lado del Atlántico, urdiendo fábulas cerebrales y pintorescas comedias, como una versión septuagenaria y cinéfila de la guía turística del Lonely Planet, mientras que Martin Scorsese ha dejado de usar a Nueva York, prefiriendo situar sus historias en Europa (Hugo) o en Boston (The Departed). Y si los dos cineastas más neoyorquinos de la historia han abandonado a La Gran Manzana y sus alrededores, ¿qué se puede esperar del resto?
Para volver a retratar a Nueva York con una mirada fresca, el séptimo arte necesitó de un cineasta extranjero, que viera a la ciudad con ojos nuevos. Más allá de su ineludible potencia, Shame, de Steve McQueen, se atreve a mostrar una visión precisa y auténtica de la urbe de hierro. La historia sigue a Brandon (interpretado por el extraordinario Michael Fassbender, en una actuación que acabó por cimentar su reputación como el actor del momento), un publicista que pasa sus ratos libres –mañanas, tardes, noches, recesos laborales- atendiendo su obsesión con el sexo en todas sus formas. Se liga a chicas en antros, pasa horas mirando pornografía en su laptop y, como corolario, contrata a una que otra prostituta, que lo atienden en un edificio de amplísimos ventanales en el lado oeste de de Manhattan.
Es difícil explicar en qué consiste la honestidad de la cámara de McQueen, pero el hecho es que su Nueva York no se siente retocado. Lejos de la estética pulcra a la que se adhieren tantos largometrajes ahí filmados –donde todos los atardeceres son ambarinos, los árboles primaverales y el clima cálido- y lejos, también, de la estética cutre tan en boga en cintas neoyorquinas de tesitura dramática –donde el grano del celuloide está siempre reventado, los vagabundos se adueñan de las calles y todos los peatones son un remedo de Dustin Hoffman en Midnight Cowboy- Shame retrata con la misma franqueza a las avenidas neoyorquinas, el húmedo clima citadino, los dive bars de Midtown, los muelles cerca de Chelsea y la frialdad del metro. Lo anterior no significa que McQueen no use a La Gran Manzana. A lo largo de la cinta, la ciudad acentúa el drama de Brandon. Nueva York es su proxeneta y su maldición: una ciudad que le provee innumerables mujeres y que lo ata a ella. La grisura neoyorquina lo golpea, lo envuelve, pero sobre todo le permite extraviarse y atacar desde la oscuridad, como un lobo que se ha escapado del zoológico y que las autoridades han olvidado entre los meandros de la ciudad.
Como en muchas otras cintas, aquí Nueva York es también sinónimo de abundantes posibilidades. No por nada McQueen detiene su narrativa para dedicarle cinco minutos a observar a Fassbender y a su hermana Sissy (Carey Mulligan) mientras esta entona, en un restaurante, New York, New York, de Frank Sinatra. If I can make it there, I´ll make it anywhere, canta Sissy y la cámara se planta en los ojos de Brandon. ¿Qué hay ahí? Remordimiento, sí, pero algo más. Un diálogo con la ciudad que le ha dado un departamento de lujo, un buen trabajo, innumerables conquistas, pero que es incapaz de hacerlo feliz. Nueva York como epítome de deseos frívolos; cuna de vidas que parecen tenerlo todo aunque en el fondo estén vacías. Después del derrumbe de Wall Street, ¿qué mejor ángulo para analizar a la gran urbe de hierro que ése?
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Comentarios (16)
ME PARECE MUY INTERESANTE TU COLUMNA, ES UN GUSTAZO LEER A GENTE JOVEN, DIVERTIDA, Y CULTA
MUCHAS GRACIAS POR COMPARTIR TU PENSAMIENTO
Interesante postura la de tomarlo por el lado de New York, yo por mi parte creo que el espacio geográfico queda adscrito al film sin denominarlo en su procedencia exacta y se reviste de vacío, de silencio, de frialdad, de lujo, de promiscuidad pero con discresión, de soledad, de anonimato (como el mismo relato que guarda el misterio), creo que implicitamente queda enmarcado en una ciudad moderna desligada de identidad o en todo caso no hay nada pintoresco ni completo ni referencial literalmente, el lugar es un simbolo universal del mundo moderno, por supuesto habrá quienes necesiten y quieran ubicarlo (Incendies funciona mucho mejor de esa forma por ejemplo), por algo también McQueen elige esa ciudad, se presta a su relato, pero creo que en su filme lo aleja de toda identidad específica, busca retratar otro lado menos popular de new york mismo Winding Refn con un LA totalmente distinto al que podemos tener por bullicioso o nocturno. La ciudad es el reflejo de Brandon, un sintoma de su enfermedad, como el canto de su hermana, una nueva oportunidad que no es más que la crisis en in crescendo a ebullicción, a puertas del grito de caída. Personalmente no me di cuenta que era la ciudad de new york, o no lo tome muy en cuenta realmente aunque conozco la ciudad, creo que es secundario ya que lo que importa es el personaje y su trauma, su sentido de culpa, su descenso al infierno, no es como una cinta de Allen en donde el espacio se vive a todas luces y crea las historias (es al revés, Brandon busca la ciudad para esconderse, la ciudad no lo crea aunque sí alienta su modo de vida, lo "enajena" y a la vez lo mantiene, es importante pero es una postura de varias, new york tiene varias formas por eso creo que el relato es más abierto pero si se acopla perfectamente a una idiosincrasia), lo es en sentido de que Brando puede acceder al sexo con esa vehemencia que tiene dentro ya que el lugar se presta para ello, enardece el vinculo pero queda desprovista de esa belleza y atracción que sería ineludibl en new york, no se trata de lucirla sino de criticarla o mejor dicho utilizarla, quizás McQueen por eso prefiera la sutileza o el anonimato para ello, en todo caso no lo veo indispensable referir al territorio específico porque lo que cuenta es el relato, aunque como segunda lectura puede tener espacio. Fuera de opiniones, está perfecto para desarrollar el diálogo, lo importante es que es un punto interesante de ver aunque no predominante, pero igual una crítica es creatividad. Saludos.
Como niña chiquita: no puedo esperar para ver esto en vida real. Gran texto, gracias.
De acuerdo con Luis V. Entrarle a esta película por el lado de "lo neoyorkino" me parece un poco gratuito, y otro tanto pobre, si no se logra dar una reflexión argumentada, si no se supera la obviedad de lo que se enuncia sin ser realmente planteado: "Es difícil explicar en qué consiste la honestidad de la cámara de McQueen, pero el hecho es que su Nueva York no se siente retocado"... sobre todo se dificulta cualquier intento de explicación si no se cuenta con un aparato crítico consistente, con una articulación conceptual que parta de lo visible mas no evidente, al menos para el autor Daniel Krauze -el apellido sirve, sin duda, a la hora de publicar en ciertos medios-. Hablo de cómo McQueen concreta una texturalidad de la imagen que acerca su propuesta a la mirada de Christopher Doyle trabajando para Wong Kar Wai, lo cual genera la descentralización de los espacios, la elusividad de lo referencial obvio, el evitar todo encuadre de tarjeta postal, pues evidentemente al director no le resulta prioritario precisamente "lo neoyorkino" salvo como superficie incompleta y a veces rugosa, vista en forma indirecta, de la cual no hay mejor testimonio que la referencialidad precisamente sonora, musical -y no visual- a partir de la reversión de "New York, New York" nunca antes tan lánguida y doliente.
Valdemar,
Tu propio comentario se contradice. Si entrarle a esta película por lo neoyorquino es gratuito, ¿cómo explicas tu propio (acertado) análisis al respecto (sin importar que la cinta use a NY como superficie o no)?
Saludos,
Aclarando gratuidades...
Gracias por la oportunidad del diálogo, Daniel Krauze. Otro lector, Rolando Calles -si no recuerdo mal es su nombre- comentó con precisión lo que traté de decir al calificar como "gratuito" el acto de referir a "lo neoyorkino" sin argumentarlo en forma más sólida. Sinceramente no considero, por ende, que haya una contradicción en mi planteamiento. Asimismo, pienso que McQueen en verdad no se enfocó en "lo neoyorkino" como un aspecto definitorio de su película. Precisamente la singularidad de su enfoque visual creo que busca borrar referencialidades topográficas, y me parece que es dicho rasgo una de las características más potentes de su estilo, pues de esa forma logra no atar el drama de su personaje a una circunscripción, sino más bien entregárselo al público en toda una dimensión dramáticamente universal, como un erotómano vaciado de fluidos y sentimientos. Ese es el punto que en realidad quiero destacar, y por lo cual no comparto de entrada "lo neoyorkino" como rasgo definitorio para esta obra en especial, todo lo contrario a las que refieres en el amplio y acertado recuento que hiciste de películas clásicas donde Nueva York deviene totalidad singularísima.
Un último comentario, que es en realidad una disculpa: de mi parte estuvo de más referirme a tu apellido como algo que resultaba conveniente para poder publicar en un medio específico. Agresivamente gratuita fue esa aseveración, y reparé en ello después. Me disculpo por ello, agradezco de nuevo la oportunidad de réplica y felicito sinceramente a la revista y a su blog por ofrecer un auténtico espacio de apertura, diálogo y libertad de expresión.
Un saludo
Valdemar Ayala Gándara (verificado)
David:
Me queda la impresion que no leyo con detenimiento el comentario o que su respuesta es una reaccion visceral al mismo. El lector le dice que le parece gratuito sin usar marco conceptual.
¿Y cuánto tiempo viviste en Nueva York para asegurar, con la mano en la cintura, que la ciudad "ha periddo su esencia"? Con la misma arrogancia despreciaste las calles de Londres. No veo la necesidad de contestarle al lector con "El que se muere de hambre como crítico es otro, compadre." De acuerdo que el comentario no tenía sustancia, pero ¿de dónde viene la necesidad de 1) la referencia al bienestar socioeconómico y 2) el apelativo menospreciante, típico de caciques, políticos y terratenientes?
Algo de cierto hay en las reacciones de los lectores: la crítica cinematográfica la puede, al parecer, ejercer cualquiera.
Nueva York ha corrido la misma suerte y tragedia que Praga: convertirse en una parodia de sí misma, vendiendo porquerías a los spring breakers y nostalgia embotellada en las tiendas de aeropuerto Una nostalgia culpable e irracional por el mundo que se ha destruído.
Metáfora misma del siglo XXI, Nueva York pierde su peso específico y se transforma en una estación de saqueo, como describe Baricco el comportamiento bárbaro. Nada más horrendo que su festejo de New Year´s Eve patrocinado por Nivea.
La película me pareció excelente y la crítica, un evocador tema para reflexionar.
Saludos.
Esa suerte corren las ciudades de moda. Triste lo que dices. Aunque creo que no es precisamente lo que ocurre en NY. Quizá lo digo porque veo a Praga únicamente con ojos de turista, pero es una pena, aunque quizás inevitable, que las ciudades en sí se vuelvan un cliché. Por eso mismo es interesante el contar con una mirada fresca. Ya, dejo de andar de metiche.
Concuerdo completamente.
Me gusto la critica, me ha despertado mayor interes por ver esta pelicula. felicidades.
excelente critica, la tendre que ver
¿Qué no es creíble de mi "discurso"?, ¿por qué el fondo "es pobre"?, ¿por qué un año tarde si la cinta se estrenó hace dos meses en México? El que se muere de hambre como crítico es otro, compadre.
Citar muchos títulos no hacen más creíble el discurso. Este discurso llega un año tarde y con un fondo pobre. Contraten un crítico de cine.
Me ha gustado mucho su notable comentario, señor Luis V., es sin duda ejemplar y enriquecedor. Me deja con una sensacion de que a usted deben contratarlo los de cinepolis para sus reseñitas. Saludos!
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