Crítica, conversación, diálogo.
La falacia de negociar con el crimen organizado

Tras la publicación de la entrevista que el New York Times hizo al presidente Calderón, el debate sobre si el gobierno debe pactar o no con las bandas del crimen organizado tomó nuevos bríos. El argumento más socorrido es que, dado el entorno de violencia, el gobierno debería hacer lo que hacía antes: negociar con el crimen organizado y permitirles operar a cambio de que no incurran en actos violentos en contra de la ciudadanía.
Sin embargo, este llamado a la negociación hace oídos sordos a la corrupción implícita del argumento e ignora los cambios que el mercado de drogas ilegales en México ha sufrido en los últimos años. Hasta finales del siglo pasado en nuestro país existía un número reducido de organizaciones criminales (Arellano Félix, Sinaloa, Juárez y Golfo) dedicadas, primordialmente, a trasladar cocaína a través del territorio nacional hasta Estados Unidos, además de producir una cantidad moderada de marihuana y heroína. Para realizar estas actividades ilegales hacían uso de la violencia, sí; pero de manera puntual y estratégica ya que cualquier exceso atraía la atención de las fuerzas del Estado que, en ese entonces, sostenían el monopolio indiscutible del uso de la fuerza a través del ejército y de la hoy extinta Policía Judicial Federal. Más aun, la centralización del poder que caracterizó a nuestro país durante tantas décadas fue sin duda un componente importante para la operación de las bandas criminales ya que, como lo ha establecido Luis Astorga, requerían del permiso de los gobernadores y la colusión de la Policía Judicial o de las Fuerzas Armadas para operar.
El proceso de descentralización del poder iniciado en la década de los noventa (y que cristalizó en el año 2000), el boom del mercado de drogas sintéticas, el inicio de pago en especie de los organizaciones criminales colombianas a las mexicanas, así como el incremento de las medidas de seguridad en la frontera con Estados Unidos después de los atentados terroristas del 11 de septiembre, también contribuyeron a generar una transformación fundamental en el mercado ilegal de drogas en México.
Hoy más de una docena de organizaciones criminales se disputan el trasiego de drogas hacia Estados Unidos (y el mundo) y el mercado de consumo interno en México. La disputa por las altas ganancias económicas que este mercado genera ha hecho que las organizaciones criminales utilicen la violencia de manera indiscriminada. Mediatizar esta violencia ha sido fundamental para intimidar a oponentes, fuerzas del orden y ciudadanía, además ha sido una herramienta fundamental para expandirse hacia otras actividades ilícitas como el secuestro, la extorsión y la trata de personas. Aunado a esto, está la creciente capacidad de fuego que estas organizaciones criminales han obtenido, en gran medida gracias a la disponibilidad de rifles de asalto en Estados Unidos.
Estamos frente a un escenario que no solo ha multiplicado el número de organizaciones criminales, sino que estas han expandido sus actividades para controlar las ganancias económicas del mercado de drogas y cuya capacidad de fuego constituye un serio desafío al monopolio del uso de fuerza del gobierno federal, y que ha sobrepasado el estatal y local.
Por otro lado –y si negociar fuera pensable– una negociación requiere que cuando una de las partes rompe el acuerdo, la otra tenga la capacidad de coaccionarla y hacerla cumplir su parte del trato. Hace un par de décadas cuando el mercado de drogas ilegales se focalizaba en el trasiego y en la producción, el Estado tenía la capacidad de coaccionar a las organizaciones criminales que rompían los acuerdos. Sin embargo, en un entorno en el que las organizaciones criminales han incrementado su capacidad de fuego y el monopolio de la fuerza del Estado está siendo disputado por las organizaciones criminales, ¿Cómo podría una autoridad gubernamental negociar con una contraparte que tiene capacidades similares o incluso superiores de fuerza ante un rompimiento del acuerdo? ¿Qué incentivos podría ofrecer una autoridad gubernamental para entablar una negociación? ¿Qué pasa si no todas las organizaciones quieren negociar? Más aun, ¿cómo impedir que las que hayan entrado en la negociación rompan el acuerdo para obtener más ganancias económicas o que las que no hayan decidido participar afecten el acuerdo de las otras con la autoridad? ¿La negociación comprendería estados, municipios, colonias y calles de operación? ¿Qué garantías podría ofrecer el Estado de los acuerdos de operación fueran respetados por todos los organizaciones criminales?
Las preguntas anteriores hacen que la posible negociación entre el gobierno mexicano y el crimen organizado sea un embuste. Cualquier acción en esta dirección tendría como resultado que nuestro país continúe en la situación en la que se encuentra: inmerso en la violencia.
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Comentarios (10)
Una guerra perdida. Hay que combatir el crimen en todas sus formas manifiestas. Legalizar drogas y tratar la drogadicción como un problema de salud y no como parte del crimen
Yo creo que habrà que revisar las tecnicas de negociacion en cuanto a la resolucion de conflictos. Quizas no resulte un MILAGRO la negociacion pero pienso a diferencia de UD. que algo si se puede hacer. Gracias.
LA PREGUNTA ES LA SIGUIENTE,REALMENTE ES SANO PACTAR CON CRIMINALES, NO ESTAMOS HABLANDO DE INDIVIDUOS QUE LUCHEN POR UN IDEAL, SINO DE PERSONAS QUE NOS TIENEN SECUESTRADOS EN NUESTROS PROPIOS HOGARES CUANDO ELLOS TRANSITAN POR DONDE QUIEREN SIN SER MOLESTADOS,QUE SUCEDE CON LAS AUTORIDADES QUE QUIEREN QUE EL PUEBLO SEA EL QUE DENUNCIE ESTOS ACTOS,QUE ESTAN A LA VISTA DE TODOS TENEMOS CONFIANZA EN LA AUTORIDADES JUDICIALES, SABEMOS QUE NO ESTAN COLUDIDAS? PUES ES UN CASO MUY COMPLICADO
Cuantos sesgos tiene este articulo, disminuir el flujo de armas y municiones (Aduana), control duro ante el lavado de dinero (hacienda, bancos, etc.), acción efectiva y responsabilidad en cada uno de los estados, legalizar el consumo (el consumo de drogas dentro del país es alto y sigue en aumento), actuación correcta de jueces y aplicación real de las condenas respectivas, y aunque se parezca a la historia colombiana tiene matices mas complicados para nuestro país, todo lo anterior para que ni siquiera pueda considerarse como propuesta el pacto o negociación con el narco.
Cual seria el contexto del que se podría considerar un pacto? Como funcionaria? Yo la verdad no veo como... Pero dado el contexto vale la pena platicarlo!
El consumo de drogas en nuestro país no es alto. Es de los más bajos del mundo. Nuestra ley contra el consumo, es más dura que en EEUU para drogas duras, lo mismo para narcomenudeo.
Lo falaz es imaginar un problema grave de adicciones a las drogas ilegales cuando nuestro máximo problema de adicción, es al alcohol y a las grasas, si lo medimos por impacto en el erario público por concepto de salud pública.
En la encuesta nacional de adicciones 2008 dice "Aproximadamente una de cada cinco personas (17.7%) de entre 12 y 65 años de edad que habita en zonas rurales y urbanas del país informó haber estado en una situación en la que le ofrecieron drogas". Soy docente de nivel medio superior y la mayoria de ellos dicen que los lugares a los que van a fiestas públicos o privados hay ofrecimiento de drogas. En la realidad el índice es más alto que el oficial. Tienes toda la razón, las otras adicciones son impactantes pero no producen esa cantidad de violencia.
Con todo el respeto, las encuestas sobre adicciones contienen diversos reactivos que pueden ser malinterpretados. Por ejemplo, sí, 17.7% es un altísimo porcentaje. Sin embargo 1) se trata de gente entre 12 y 65 años en zonas rurales y urbanas, lo cual también es un universo amplísimo; y más importante 2) como bien dice "han estado en una situación en la que le ofrecieron drogas". Esto no quiere decir que las hayan probado ni mucho menos que sean adictos. Vaya, ni siquiera el otro reactivo al que usualmente se hace referencia, "% de la población que ha consumido alguna droga", habla de una problemática de adicción como tal.
No se puede decir que no sea un problema de salud pública, como lo es en gran parte del mundo actual; pero creo que el mercado del narcotráfico no es, por mucho, la población mexicana, como si lo es la distribución a otros países.
Saludos.
El único que ha propuesto negociar con el narco es un miembro del partido oficial, expresidente además... No se a dónde vas con tu artículo.
Javier Sicilia y otras organizaciones lo han mencionado. Tambien es idea cada vez más difundida entre la población.
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