Letrillas

Carta de Madrid

Todas las farsantas son iguales

Abril 2001 | Tags:

He aquí una advertencia, amparada por una prueba irrefutable: estén prevenidos y sepan que todos, absolutamente todos los que van por ahí con la cantinela de "los ciudadanos y las ciudadanas", "los españoles y las españolas" y demás, son unos cantamañanas y unos farsantes, unos cobistas, unos embaucadores y unos falsos (o, en el mejor de los casos, unos melindrosos y unos acomplejados). No debe, por tanto, creérseles una palabra, sean hombres o mujeres, políticos, periodistas, abogados, deportistas o banqueros. Da lo mismo cuál sea su sexo, cuál su profesión, si es persona pública o tan sólo privada, si los oímos por televisión o ante la barra del bar, a nuestro lado. Desconfíen de cualquiera que les venga con esas expresiones: "los asturianos y asturianas", "los votantes y las votantes", "los y las estudiantes", "los y las jueces" (o peor aún, habrá quien diga "estudiantas", "juezas" y "votantas") y demás tomaduras de pelo. Cuantos recurren a la cantinela están intentando engañarlos, no lo duden, y sólo les interesa halagar los estupidizados oídos de alguna gente que se deja estupidizar fácilmente. Hay una prueba de ello, irrefutable, y es esta:
     Ni uno solo de estos individuos, ninguno de esos farsantes, proseguirá jamás su discurso o su charla como debería hacerlo, si en verdad se propusiera no dejar nunca de lado —supuestamente— al género femenino, que, vaya ya por delante, en las lenguas romances o neolatinas no está dejado de lado, sino incluido, en expresiones tales como "los ciudadanos", "los andaluces", "los izquierdistas" o "los jueces". Como debería saber todo el mundo —y se sabía hasta hace poco—, esos plurales gramaticalmente masculinos indican, según el contexto, un grupo efectivamente masculino tan sólo, o bien un grupo mixto, formado por varones y mujeres. El porqué de eso es otra cuestión, y los descontentos habrían de elevar sus quejas a Virgilio, Horacio, Ovidio, Tácito, Séneca y demás escritores latinos; o, si lo prefieren, a los emperadores romanos, de Nerón a Trajano, de Cómodo a Adriano; o tal vez directamente a las divinidades, Júpiter y Marte, Venus y Mercurio; o remontarse aún más lejos y reclamar a sus equivalentes griegos, Zeus y Ares, Afrodita y Hermes, y, ya de paso, a Platón y Aristóteles, Eurípides y Sófocles, Tucídides y Heródoto, Hesiodo y Homero.
     Lo cierto es que nuestras lenguas son así, y si lo son es precisamente porque todas las lenguas tienden a economizar, esto es, a resultar útiles, rápidas, eficaces, ya que son sobre todo un instrumento para comunicarse con la mayor celeridad y precisión posibles, y también —pero esto ya viene luego— con la mayor eufonía. Que a la hora de elegir una fórmula que englobara a las personas u objetos de los géneros masculino y femenino juntos, se optara por el plural gramaticalmente masculino, puede que, en su momento, indicase cierto talante "machista" por parte de los emperadores romanos, los escritores latinos, sus deidades varias y los hablantes todos del Imperio Romano. Pero durante siglos en que la gente era menos tiquismiquis y más sensata que ahora, todo el mundo comprendía el uso de ese plural y nadie se sentía por él excluido. Ahora hay demasiados demagogos sacando partido de nuestras debilidades más simplonas, y así hay también un sinnúmero de engañabobos. Algunos no son fáciles de desenmascarar, luego ruego que al menos se desenmascare a los transparentes.
     Pues la prueba irrefutable de que...

Pues la prueba irrefutable de que son unos farsantes es que ninguno, jamás, bajo ningún concepto, seguirá a rajatabla la convención que predica. Ya que, de ser sinceros y consecuentes, esos camelistas habrían de hablar o escribir siempre del siguiente modo (valga cualquiera ejemplo): "Los ciudadanos españoles y las ciudadanas españolas estamos hartos y hartas de pedir a nuestros y nuestras gobernantes y gobernantas que se ocupen de los niños y las niñas inmigrados e inmigradas, que llegan recién nacidos y nacidas, famélicos y famélicas, desnudos y desnudas, sin dónde caerse muertos y muertas. Nuestros y nuestras políticos y políticas se ven incapacitados e incapacitadas para afrontar el problema, temerosos y temerosas de que los votantes y las votantes los y las castiguen: el que y la que sea partidario y partidaria de que esos niños y esas niñas sean españoles y españolas a todos los efectos, teme la reacción de los y las compatriotas y compatriotos proclives y proclivas a frenar el flujo de extranjeros y extranjeras —sean adultos o adultas, niños o niñas, recién nacidos o nacidas—, y amigos y amigas de una población compuesta por individuos e individuas autóctonos y autóctonas, homogéneos y homogéneas racialmente: los ciudadanos y las ciudadanas, en suma, que no creen que todos los hombres y las mujeres son iguales o igualas".
     Supongo que hace ya rato que habrán dejado de leer, los señores lectores (ojo, en plural gramaticalmente masculino, pero masculino y femenino de hecho). ¿Verdad que resulta insoportable? Pues que hablen y escriban así cuantos machacan con la cantinela de "españoles y españolas", o, si no están dispuestos, que renuncien de una vez a ella. Pandilla de estafadores. -

 

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Comentarios (7)

Mostrando 7 comentarios.

Por fin alguien resume en un magnífico artículo lo que yo pienso de toda esta majadería. Si es que no somos mas imbéciles porque no entrenamos.

No me convencen sus pobres argumentos.

La economía del lenguaje es una excusa muy burda. Fácilmente podría buscarse una alternativa igualmente económica tal y como se trata de hacer en algunos ámbitos que estudian el tema.

Reconoce usted que "(...) puede que, en su momento, indicase cierto talante machista por parte de los emperadores romanos (...)". Así es. Por suerte el lenguaje está vivo y no deja de modificarse con cada generación venidera. Ahora que el conocimiento de la sociedad avanza implacable sobre campos como el machismo y la igualdad, es nuestro deber buscar fórmulas lingüísticas que eliminen la invisibilidad que padece el género femenino en nuestro idioma.

Curioso... en todo el texto de mi comentario no he tenido que recurrir en ningún momento a ninguna fórmula específica de lenguaje inclusivo o no sexista.

¡¡¡GRACIAS!!! has puesto en palabras lo que venía pensando mientras leía este panfleto. Enhorabuena por tu lucidez y sentido de la justicia.

Sublime! Y que conste que me he leído la chapa/manual de cómo no convertirse en un o una estafador o estafadora... jajaja

Me has sacado una buena sonrisa y me has instruido al mismo tiempo.

Gracias.

¡Buenisima publicación!

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