La obra literaria de Carlos Fuentes suscitó siempre discusiones apasionadas. Habría que reconocer primero eso, que no deja indiferente a nadie. Fuentes provocaba irritación, admiración, envidia, rabia. Provocó varios de los ensayos más airados de nuestra literatura contemporánea. Pienso en el artículo que Elena Garro escribió contra La región más transparente; en el furioso ensayo que José Joaquín Blanco escribió sobre Fuentes y su “polyforum de mitologías”; en el ensayo que Adolfo Castañón le dedicó a Terra Nostra en el último número de la revista Plural de Octavio Paz; y por supuesto, en el ensayo crítico que Enrique Krauze publicó en Vuelta y que levantó ámpula en nuestro medio cultural.
Antes de entrar en materia, unas palabras sobre el escándalo que provocó “La comedia mexicana de Carlos Fuentes” de Krauze. No creo exagerar si digo que se trata de la reacción más exaltada en contra de un ensayo de crítica literaria en el medio cultural mexicano. Fuentes había publicado en inglés un largo ensayo (“Myself with others”) en el que, luego de señalar que él había nacido en Panamá y crecido en Santiago de Chile y en Washington D. C., por el oficio diplomático de su padre, afirmaba su incomodidad con el ser mexicano. Krauze repasó toda su obra, desde un punto de vista literario, político y moral, y hacia el final retomó lo dicho por Fuentes en “Myself with others”. La bomba estalló. Se publicaron cientos de artículos descalificando a Krauze. Fuentes, en lugar de responder, guardó silencio no sin antes arrojar un insulto bajo. La comunidad literaria tomó partido por Fuentes, salvo algunas honrosas excepciones: ¡cómo era posible que Krauze le regateara a Fuentes su nacionalidad mexicana! Hubiera bastado con que Fuentes tradujera su ensayo y lo publicara en español. No lo hizo. Transcurrieron veintidós años sin que Fuentes autorizara publicar el ensayo en el que él mismo cuestionaba su mexicanidad. Murió Fuentes. Por lo visto dispuso en su testamento que ese ensayo jamás se publicara en español. Un texto que le daba totalmente la razón a Krauze. Antes muerto que reconocer la verdad. Antes muerto que aceptar la crítica. A lo largo de su vasta obra Fuentes en multitud de ocasiones se lamentó de la ausencia de crítica, de la imperiosa necesidad de la misma, de que la edad moderna es la edad de oro de la crítica, de que la novela hispanoamericana se caracteriza por su aspecto crítico. La crítica. El valor absoluto de la crítica mientras esta no estuviera dirigida contra él. Bienvenida la crítica, pero en los bueyes de los otros. Debido al ensayo de Krauze, Fuentes rompió su amistad de décadas con Octavio Paz. ¡Cómo se había atrevido a publicar un ensayo contra él en su revista! Muy significativo fue que Fuentes confundiera una crítica con un “ataque”. En alguna ocasión Fuentes y Paz se encontraron en el consultorio del doctor Césarman, el cardiólogo. Fuentes miró a Paz con menosprecio. En una de sus últimas novelas, Fuentes caricaturiza ferozmente a Paz. De forma vulgar y ruin. Años antes de morir, Fuentes se acercó al grupo Nexos, rivales intelectuales de Paz y su revista Vuelta. Asimismo buscó acercarse a los jóvenes de la incipiente generación del crack, que acríticamente aceptaron su tutela. Cuento esta larga anécdota para mostrar que Fuentes despreciaba la crítica y prefería el homenaje. Decía respetar y fomentar la crítica pero reaccionaba con rabia si se ejercía contra él. Farol crítico de los demás y oscuridad hacia su propia obra.
Miembro de la generación del crack, Pedro Ángel Palou dedica un largo ensayo crítico a Terra Nostra. Desde su punto de vista, Terra Nostra es una de las grandes novelas hispanoamericanas del siglo XX, más aún, piensa que es una de las más grandes obras narrativas en cualquier lengua. No solo la considera una obra literaria sino una obra que aporta conocimiento, aunque este punto nunca ha quedado claro. No escatima elogios Palou a la novela de Fuentes.
Terra Nostra es una de las novelas más ambiciosas que se han escrito en México. Pocas novelas hispanoamericanas se le comparan en su vocación totalizadora. Carlos Monsiváis bromeaba al decir que hacía falta una beca para leerla. Terra Nostra es una obra de difícil lectura. La cronología da brincos de siglos, de manera absolutamente laberíntica. Los personajes se desdoblan en un juego de espejos inacabable. Las identidades se trastocan. Mitología, historia, sueños y literatura se mezclan indiscriminadamente en esta novela mestiza. Incrustadas a su vasto cuerpo de cetáceo narrativo, Terra Nostra incorpora varias unidades aisladas y autosuficientes (cuentos) que destacan entre la mejor escritura de Fuentes, que es un maestro de la narrativa breve (Agua quemada, Aura). Se trata de una novela barroca e imposible. Ambiciosa. Una novela coral. Polifónica. Carnavalesca. Una novela total. Abarca cinco siglos de historia de España y América Latina. Así como Rayuela contiene en sí misma una sección de capítulos críticos (“De otros lados”) que proponen maneras de interpretar la novela bajo la forma de notas de Morelli, Terra Nostra debe leerse al mismo tiempo que Cervantes o la crítica de la lectura, como espejo crítico, un precioso y agudo libro de ensayos que fueron escritos a la par de su majestuosa y monstruosa novela.
Desde muy joven Carlos Fuentes fue un escritor de éxito. Sus cuentos y novelas provocaban una intensa discusión. Escribía además extensos y valientes reportajes políticos (como el dedicado a la muerte de Rubén Jaramillo). Fue un muy activo promotor del boom, que modificó la percepción de la literatura hispanoamericana frente al resto del mundo. Era un escritor cosmopolita. Se codeaba con el jet set intelectual internacional. Sostenía romances con actrices renombradas. Fue amigo cercano de Alfonso Reyes, Octavio Paz, Fernando Benítez, José Luis Cuevas, Luis Buñuel y un largo etcétera. Estaba en boca de todos. Participó en política del lado izquierdo. Fue un falso testigo del Mayo francés (escribió un breve libro en el que sostuvo que había estado presente en las refriegas parisinas, y no fue cierto). Era exhibicionista, muy vanidoso y un gran conversador. Podía haber hecho una carrera literaria convencional, sin embargo, en cada uno de sus libros redoblaba la apuesta narrativa. Creaba estructuras cada vez más complejas. Cargaba de ideas de tal modo a sus novelas que terminaban por ser confusas (como Cambio de piel). Escribió novelas perfectas (como Aura). Experimentó con el punto de vista del narrador mucho más de lo que lo hizo Faulkner, no siempre con buena fortuna. Del mismo modo que corrió riesgos en literatura los corrió en política. Con Octavio Paz consideró la idea de fundar un partido socialdemócrata. Apostó todo su prestigio de escritor (que no era poco) al concederle el beneficio de la duda a Luis Echeverría cuando este prometió que llegaría al fondo del asunto en la matanza de estudiantes de 1971. Echeverría defraudó a todos. Sacrificó a un par de chivos expiatorios y sepultó el tema. A pesar de ello Carlos Fuentes no le retiró su apoyo, todo lo contrario. Avaló las desmedidas iniciativas presidenciales de Echeverría. Y obtuvo su premio: la embajada de México en Francia. Fuentes hubiera podido en ese momento, como lo hizo en política, adaptarse y adular al poder establecido. Pudo haberse conformado con servir al poder de las formas establecidas. Pudo haber traicionado su lealtad al escritor libre que había sido, pero optó por el camino más arduo, por la senda narrativa más compleja, por la novela más exigente, aquella que rompe con la linealidad, que apuesta por la pluralidad de voces, por una narrativa exigente y crítica.
Pedro Ángel Palou estudia a fondo la estructura, el tiempo, los propósitos literarios de Terra Nostra. Por momentos el libro se vuelve muy repetitivo. No se libra de la pedantería académica. Pero también en sus mejores momentos resulta esclarecedor. Una de las obras más arduas y ambiciosas de la literatura mexicana merecía su exegeta. Y Terra Nostra lo encontró en Pedro Ángel Palou. ~