Cambio de destino, de Jon Juaristi

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En 1997 se publicó El bucle melancólico. Historias de nacionalistas vascos, de Jon Juaristi. El libro había obtenido el Premio Espasa Hoy 1997 y recibiría, al año siguiente, el Premio Nacional de Ensayo. Este último galardón reconoció los méritos de una obra que, sin duda, constituye uno de los más logrados ensayos publicados en España en el último cuarto de siglo. Un libro complejo y poliédrico, atractivo y fascinante, lleno de sabiduría y capacidad comunicativa, del que se han hecho ya varias ediciones. Juaristi se refiere a este volumen, en las últimas páginas del libro de sus memorias que ahora acaba de ver la luz en la editorial Seix Barral, como “mi personal visión del nacionalismo vasco”. El bucle melancólico constituye un auténtico broche de oro a la que podemos llamar la etapa vasca de Juaristi, aunque también podría catalogarse como el brillante inicio literario de una nueva etapa del autor, caracterizada por su progresivo alejamiento –exilio, en realidad, en un país que los ha vivido constantemente a lo largo de su historia y que sigue padeciéndolos, en plena democracia– del País Vasco.

Sea como fuere, esta etapa vasca centra las memorias a las que aludíamos en el párrafo anterior, publicadas con el título Cambio de destino. Juaristi aborda en ellas lo vivido en el País Vasco, dejando fuera el tiempo pasado en otros lugares. Empiezan con su nacimiento en Bilbao, en 1951, en el seno de una familia nacionalista vasca, y terminan en 1999, con la salida forzada del País Vasco como consecuencia de la escalada de acoso y amenazas tras el final de la penúltima –por ahora– tregua de la banda terrorista ETA. No obstante, los últimos años, a partir de 1994, reciben ya poca atención en el libro, síntoma evidente de unos momentos de transición vital, en la que algo estaba emergiendo al mismo tiempo que otra cosa terminaba, paso a paso, pero inexorablemente. Juaristi escribe que ha podido redactarlas ahora, años después, ya que la nostalgia ha desaparecido y los recuerdos no pasan por el corazón. Se trata, a pesar de ello, como insistiré más adelante, de una profunda historia de amor. El autor avisa asimismo de los límites del pacto autobiográfico y añade que no se considera un “memoriógrafo ingenuo”. El resultado es Cambio de destino, un libro de memorias de lectura apasionante que retrata la particular educación sentimental, en el sentido que le diera Flaubert, del autor y de buena parte de su generación en el País Vasco.

Antes de la publicación, en 1997, de El bucle melancólico, Jon Juaristi contaba ya con una extensa y celebrada obra, aunque menos conocida por el gran público de lo que iba a serlo más adelante. Había escrito, por una parte, poesía, compilada parcialmente en Mediodía (1994) y en Poesía reunida (2000). José-Carlos Mainer le considera “el autor de algunos de los versos más hermosos de su generación”. De otra, artículos y textos breves, en especial los recogidos en Auto de terminación (1994), un libro escrito con Patxo Unzueta y Juan Aranzadi, cuyo título “irritó salvajemente a los del pnv”. Finalmente, era autor de algunos libros imprescindibles para conocer y penetrar en la cultura vasca y en los orígenes del nacionalismo: El linaje de Aitor: la invención de la tradición vasca (1987), Literatura vasca (1987),
Vestigios de Babel (1992) y El chimbo expiatorio: la invención de la tradición bilbaína, 1876-1939 (1994). En ellos se despliega un ejemplar ejercicio de historia de la cultura. La base histórica de su trabajo es esencial. De hecho, como el propio autor reconoce, se lleva mucho mejor con los historiadores que con los filólogos, a cuyo “gremio” pertenece como catedrático.

Juaristi dedica, sin embargo, muy poco espacio a su obra escrita en Cambio de destino. Nombres propios, redes de amistad y siglas inundan las páginas del libro a la manera de un laberinto, el carobarojiano laberinto vasco. La infancia y la extensa familia del autor, la educación, las lecturas, el aprendizaje de la lengua, el camino hacia ETA, las interminables pugnas intragrupusculares –e inútiles, a la postre, como la mirada alejada en el tiempo corrobora–, la universidad y los conflictos con el nacionalismo vasco constituyen algunos de los principales tramos del trayecto vital de Juaristi. No se trata de una mirada dulzona, como algunas de las de su generación, que rayan a veces en lo patético, hacia un tiempo perdido y un pasado mitificado, el del último franquismo y la transición, hecho de sana camaradería y épicas luchas contra la dictadura y sus valedores. La cruda realidad y las contradicciones emergen a cada paso. Los grises dominan por encima de las tonalidades blancas o negras. La pertenencia a ETA –una organización, en aquellos momentos, muy diferente de lo que iba a ser esta secta en el futuro, cuya naturaleza impugna radicalmente acusaciones oportunistas y mezquinas de “terrorista” por parte de alguno de sus enemigos actuales–; los contactos con los carlistas, que le inspiraban mucha simpatía y en los que reconocía por aquel entonces, como Krutwig y otros, desde sus islas urbanas, una “ingénita vasquidad”; o, también, sus enfrentamientos con los nacionalistas, que le han acusado reiterada y mezquinamente de mentir y “forrarse”, integran algunos de los episodios más sobresalientes de un libro imprescindible.

Las memorias de Jon Juaristi son la obra de un inconformista y un espíritu crítico, mal avenido con un nacionalismo que se impone como religión de recambio y como prisma obligatorio de interpretación de la realidad. Destilan inteligencia, agudeza e ironía –ya se refiera a la vasquización racial y la dieta rica en proteínas, o al carlista autogestionario al que había que hacerle todas las gestiones–, pero también dureza cuando ésta se considera necesaria. Los ajustes de cuentas con Juan Aranzadi, Koldo San Sebastián o con Oteiza resultan contundentes y contrastan, al mismo tiempo, con la ternura de las referencias a otras personas, en especial al poeta Gabriel Aresti, cuya muerte en 1975 le dejó una intensa sensación de orfandad. No están escritas con nostalgia, como reconoce en la introducción el propio autor, pero sí con un profundo amor por su tierra natal, el país que ha perdido: “A lo largo de mi vida –escribe Juaristi– he ido perdiendo casas, mobiliarios, ahorros, bibliotecas y hasta países sin caer en añoranzas melancólicas”. Este es un libro que rezuma amor y pasión –a pesar de la dolorosa voluntad de su autor por alejar las cosas del corazón– por el País Vasco y lo vasco en todas y cada una de sus páginas. Pero, como puede leerse en el poema que cierra el volumen, “No te valdrá el amor ni la paciente/ Entrega a su cuidado”. La expulsión del cuerpo nacional acabó consumándose. En Cambio de destino estamos, en definitiva, ante las memorias de un vasco ejemplar, que es seguramente lo contrario, aunque a algunos se les pueda parecer contradictorio, de ser un nacionalista vasco. ~

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