Lawrence en versión de Rafael Cadenas

Pensamientos y otros poemas

D. H. Lawrence

Traducción por Selección y traducción de Rafael Cadenas

Galaxia Gutenberg

Barcelona, 2025, 160 pp.

AÑADIR A FAVORITOS
Please login to bookmark Close

Escrita a lo largo de todos sus años de vida como autor, más tres reuniones publicadas tras su muerte en 1930, la poesía de D. H. Lawrence es extensa. Se trata, en conjunto, de más de diez títulos agrupados en dos abultados volúmenes (cada uno con más de quinientas páginas) en la edición a cargo de Vivian de Sola Pinto y F. Warren Roberts publicada en 1964 por The Viking Press. De esta obra, el gran poeta venezolano Rafael Cadenas tradujo una selección personal de Look! We have come through! (1917), acaso el primer libro de poesía realmente maduro de Lawrence, de Pansies (1929) así como de Last poems (1932) –sobre todo de su sección More pansies–, editados póstumamente. El resultado de esta traducción es el libro que Galaxia Gutenberg publica ahora bajo el título de Pensamientos y otros poemas. La selección de Rafael Cadenas es la de un periplo vital que inicia con el arrebato de un poema de amor y culmina como una condena del mundo y del hombre. Entre aquel inicio y este final se halla la mujer de toda su vida: Emma Maria Frieda Johanna, baronesa Von Richthofen.

D. H. Lawrence es actual. Tan actual como Rafael Cadenas, que no lo rescata sino que lo restituye como poeta. Dice Cadenas que él lee a Lawrence porque le resulta “terapéutico”. Y, más allá de que se encuentre al Lawrence de los Pansies en algunos de los poemas en prosa de Cadenas, la disposición vital de ambos es, en parte, la misma. Aldous Huxley, quien editó y escribió una penetrante introducción a la correspondencia de su amigo, habla de esta disposición como de un materialismo místico, una aversión por el conocimiento abstracto y la espiritualidad pura que precipitó a Lawrence en las antípodas del terror pascaliano. Si al autor de los Pensées le parecía inconcebible que un hombre sea capaz de atender sus asuntos cotidianos y aun “bailar, tocar el laúd, cantar y componer versos” ante el horror de lo inconmensurable, a Lawrence le sucedía exactamente lo contrario. No entendía cómo alguien podía apartarse de los placeres y dificultades de la vida inmediata para distraerse (esas son sus palabras) con la eternidad y el infinito, “por no hablar de la Sociedad de las Naciones”.

Look! We have come through! es un ciclo de poemas de amor (de amor-odio, dice Cadenas) donde la figura central es Frieda Weekley von Richthofen, a la que no se menciona pero a quien alude la nota introductoria en la edición original del libro: se trata, dice Lawrence, de “una confesión que se desarrolla orgánicamente, revelando en su conjunto la experiencia intrínseca de un hombre durante la crisis de la madurez…”.

Frieda estaba casada con Ernest Weekley, profesor de lenguas modernas del que Lawrence era alumno en la universidad de Nottingham. Frieda y Lawrence se conocieron en este contexto y, en 1912, iniciaron una relación que los obligó a huir a Metz, Alemania. Él era hijo de un minero de Eastwood y ella la menor de las tres hijas del barón Emil Ludwig von Richthofen, de la antiquísima nobleza prusiana (pariente de Manfred von Richthofen, el Barón Rojo de la Primera Guerra Mundial). Varios de estos poemas fueron publicados en la English Review editada por Ford Madox Ford, mentor de Lawrence. Otros formaron parte de Some imagist poets: An anthology (1915), editada por hd (Hilda Doolittle), que siguió a la primera Imagist anthology publicada un año antes por Ezra Pound.

Cuentan los maledicentes que al enterarse de la fuga de Frieda con Lawrence y la posterior edición de Look! We have come through! (¡Mira, lo hemos logrado!), Bertrand Russell no supo resistirse al sarcasmo: “Puede que lo hayan logrado, pero ¿por qué tenemos que verlo nosotros?”

Oye, la oscuridad suena
al girar en torno a nuestro fuego.
Desvístete.
¡Tus hombros, tu garganta maltratada!
¡Tus pechos, tu desnudez!
¡Tu manto llameante!

El Lawrence de ¡Mira, lo hemos logrado! aún es el materialista místico y no el místico de la sangre cuya autodescripción he encontrado citada en varios de sus comentaristas, aunque la más elocuente quizás es la de Russell, amigo y corresponsal suyo por un breve tiempo. Russell recuerda lo que Lawrence escribió en un intercambio epistolar: “‘Existe’, dijo, ‘otra sede de la conciencia además del cerebro y los nervios. Hay una conciencia sanguínea en nosotros independiente de la conciencia mental ordinaria. Uno vive, conoce y tiene su ser en la sangre, sin ninguna referencia a los nervios ni al cerebro. Esta es la mitad de la vida que pertenece a la oscuridad. Cuando tomo a una mujer, la percepción sanguínea es suprema’” (Portraits from memory). Me parece que el místico de la sangre es el Lawrence más conocido, el de la conciencia “sanguínea” que cobró forma con el novelista de La serpiente emplumada (1926) y, en el otro extremo, El amante de lady Chatterley (1928), novelas polémicas por diversas razones.

Los poemas del segundo apartado traducidos por Rafael Cadenas corresponden a una etapa posterior a la de este polémico narrador. Ocupan la sección más extensa de Pensamientos y otros poemas y –según dijimos– provienen tanto de Pansies como de Last poems (que incluye More pansies). Todos fueron escritos durante los últimos años de vida de Lawrence, después de que, ya muy enfermo (con diagnóstico terminal), abandonó México en 1925 para refugiarse brevemente en Taos, Nuevo México, antes de volver definitivamente a Europa. A Richard Aldington, poeta imaginista y editor original de estos textos, no acababa de gustarle del todo esta etapa final del poeta Lawrence. Lee y compara y no puede dejar de advertir un declive respecto de la obra precedente. En estos textos, dice, se hallan los pensamientos más cotidianos y repetitivos de Lawrence así como sus estados de ánimo a menudo extremos. No obstante, si campea en ellos “la irritabilidad del tísico”, reconoce que también se encuentra “un maravilloso conjunto de poemas escritos mientras se adentra en la muerte” y se preparaba para “el último, el viaje más largo”.

Contra la opinión de Aldington, a Cadenas le resulta atractivo este poeta que así como escribió poemas “sin rima” (unrhyming poems) ahora escribe otros que, más que poemas, se ofrecen como anotaciones deliberadamente circunstanciales. El título mismo alude a esta naturaleza fortuita con un juego de palabras entre pansies (pensamientos) y el verbo francés panser: vendar, restañar una herida. De modo que cuando Rafael Cadenas habla del carácter “terapéutico” de los textos solo confirma la intención profunda del autor. En la nota de advertencia que preside el volumen, Lawrence fue tajantemente claro: “ofrezco un manojo de pensamientos, no una corona de immortelles siemprevivas. No quiero flores eternas, y no quiero ofrecerlas a nadie. Una flor pasa y eso es tal vez lo mejor de ella”.

“QUÉ SON LOS DIOSES // ¿Qué son los dioses, pues, qué son los dioses? / Los dioses no tienen nombre ni imagen. / Pero mirando un enorme tilo de verano de repente vi hondo en los ojos de los dioses: / es suficiente.” Ahora bien, Lawrence no opone la transitoriedad de lo bello que incita a disfrutar del presente versus la condena de ese presente confrontando, a su vez, los aspectos más corruptos: “ESCOGENCIA DE MALES // Si tengo que escoger entre el burgués y el bolchevique / escojo al burgués: / me molestará menos. / Pero al escoger al burgués uno produce inevitablemente al bolchevique. / Porque el burgués es la causa directa del bolchevi- que, / como una media mentira engendra la inmediata contradicción de la otra media mentira.”

Ambos ejemplos ilustran lo que algunos consideran altibajos en la poesía de Lawrence, una de las características más fustigadas por la crítica pero que a su traductor, Rafael Cadenas, no le ha impedido bucear precisamente en este abismo. En lo personal, me habría gustado ver más ejemplos de este Lawrence amargo. Por ejemplo, de su Nettles (1930), también póstumo, que incluye poemas como “The revolutionary” escrito –según uno de sus amigos cercanos– en contra de Max Weber, amante por aquel entonces de su cuñada Else von Richthofen.

Ahora bien, este aspecto expresa las tensiones y contradicciones de una época que Lawrence encarnó al extremo. En este sentido, no hay que olvidar que su rechazo del mundo tuvo como telón de fondo la experiencia de la Primera Guerra Mundial y el desencanto generalizado que generó todo un fenómeno social y cultural de huida en busca del edén premoderno e incontaminado. Lawrence imaginó así la posibilidad de una sociedad fundada sobre el renacimiento de un mito solar (Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada) al margen de la historia. Huir no solo para salvar la vida sino con la idea explícita de crear una nueva civilización no tocada por el espíritu europeo que había engendrado la Gran Guerra. Por supuesto, es difícil no advertir en este mito solar las mismas raíces del protofascismo en ascenso durante los terribles años de entreguerras. Desde entonces –y con razón–, la memoria de Lawrence ha tenido que cargar con esta mácula. Acaso Frieda von Richthofen advirtió en su momento este riesgo y quiso paliar el equívoco con la nota que, ya en la posguerra, precedió la edición de estos poemas: “Cuando Lawrence escribió Pansies, me preguntó: ‘¿Te gustan?’ Y yo, sabiendo por experiencia que ocultar mis reacciones no funcionaba, le respondí: ‘Son muy sombríos.’ Pero me equivoqué. Tuvo que pasar otra guerra mundial para que estos Pansies florecieran para mí. Espero que florezcan para otros.” ~


    ×

    Selecciona el país o región donde quieres recibir tu revista: