El show de Mahmoud

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El venerable Mahmoud Ahmadinejad, presidente de Irán, ha vuelto a las andadas. Aprovechando esa fiesta multicolor que es la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente iraní visitó ayer la Universidad de Columbia para dictar una conferencia y enfrentar –es un decir– las preguntas del público.

Vestido muy “nouvelle-ayatolá”, con otoñal traje gris y camisa coquetamente abierta hasta el primer botón, Ahmadinejad recurrió a sus conocidos trucos retóricos. Por enésima ocasión, puso en duda el Holocausto: se necesita, dijo, más “investigación… desde diferentes perspectivas” para determinar si 6 millones de personas murieron a manos de los nazis en la segunda guerra. Como era de esperarse, Ahmadinejad también defendió el programa de enriquecimiento nuclear iraní (“completamente pacífico… dentro de la ley”) y aseguró estar dispuesto a negociar con Estados Unidos. La buena voluntad se terminó, sin embargo, cuando el moderador John Coatsworth, eminente académico y decano de Columbia, le preguntó si tenía intenciones de destruir Israel. “Amamos a todas las naciones”, contestó Ahmadinejad. Pero Coatsworth insistió: “creo que el público quisiera una respuesta más clara: sí o no”. Ahmadinejad respondió acusando al moderador de censura: “usted hace la pregunta y luego quiere la respuesta de una manera específica. Bueno, esto realmente no es un flujo libre de información”, dijo, como el experto en libertades que es. Pero la joya de la tarde fue la respuesta sobre el maltrato a los homosexuales en Irán: “En Irán no tenemos homosexuales, como en su país”. En esto, Ahmadinejad tiene razón, como se puede comprobar en este iluminador sitio de Internet.

Al final, el presidente iraní dijo sentirse “insultado” y maltratado. “Vengo aquí como su invitado”, dijo cuando se le preguntó qué quería conseguir con su visita a Columbia. “En Irán, cuando invitamos a alguien, lo respetamos.” Hay que aceptar que esto, también, es verdad. De hecho, el gobierno iraní acostumbra vestir a sus invitados en hermosos pants y trajes cortados a la medida, como demuestra esta foto de los marinos ingleses secuestrados en aguas internacionales hace unos meses y enviados de vuelta a su país tras ser atendidos por un sastre ciego en Teherán.

Por desgracia, más allá del absurdo, Mahmoud Ahmadinejad y la teocracia que representa tienen –en buena medida, gracias al gobierno estadounidense– un papel preponderante en la escena mundial. Por el precio de los hidrocarburos y la inestabilidad regional, el régimen iraní se sabe fortalecido. La sonrisa burlona de Ahmadinejad en Columbia –y, dentro de unas horas, en el pleno de la ONU– tiene más que ver con la dinámica creada por la estulticia de Washington que con la verdadera voluntad del pueblo iraní, mucho más liberal, dispuesto a la modernidad (y gay) de lo que Ahmadinejad piensa.

– León Krauze

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