El temor de Nye

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La página de internet Politico.com, que se ha convertido en una fuente de información indispensable durante la campaña presidencial estadunidense, ha preguntado a un grupo de especialistas sobre los escenarios en los que John McCain aún podría ganar. Las respuestas resultan ilustrativas. El estratega republicano Tom Korologos dice que McCain podría ganar si Rusia invade a Ucrania. Mickey Edwards, ex congresista también republicano, asegura que McCain ya no puede triunfar, pero aclara que Obama aún puede perder: “Todavía hay tiempo para que Obama tropiece o se descubra alguna anécdota que lo perjudique”. Los demócratas consultados recurren al sarcasmo. Mark Mellman, estratega demócrata, dice que a McCain sólo lo salvaría “la intervención divina”. Michael Coleman, alcalde de Columbus, Ohio, va más allá: “McCain ganará después de anunciar que ‘Joe el plomero’ (el multicitado personaje que interpeló a Obama durante una aparición de campaña) será su secretario del Tesoro”. En Fivethirtyeight.com, otro sitio de internet fundamental por su precisión, el joven genio de las estadísticas Nate Silver comparte el diagnóstico de una victoria inevitable de Obama. Al responder a los rumores de que la campaña se ha apretado en los últimos días y que el margen entre los candidatos es sólo de un par de puntos, Silver aseguró que “si esta es una elección de dos puntos” se comería “el sombrero” de Matt Drudge, el conocido periodista cibernético conservador.

¿Hay fundamento para tanto optimismo? Por un lado, sí. Las encuestas más recientes en los estados esenciales en la elección siguen favoreciendo a Obama. El voto latino parece haberse inclinado por el demócrata de manera definitiva, factor que, de cumplirse el 4 de noviembre, probablemente le otorgará a Obama tres estados clave del suroeste: Nuevo México, Nevada y Colorado. El favor electoral de los hispanos —de origen mexicano y centroamericano, que son los que viven en la zona— no era un hecho para Obama. Después de todo, ese mismo bloque electoral le había dado la espalda de manera abrumadora durante la elección primaria. Ahora, en buena medida gracias al notable trabajo de su equipo de organizadores de base para atraer a los votantes latinos, Obama aparentemente se ha asegurado la primera minoría del país. Además, parece tener en la bolsa Virginia, Pensilvania y Nueva Hampshire, con Ohio y Florida poco a poco inclinándose también a su favor. Para Nate Silver, quien se hiciera famoso como analista obsesivo del béisbol (Silver predijo, por ejemplo, que las Mantarrayas de Tampa tendrían una extraordinaria temporada a pesar de que en la anterior habían sido un desastre. A la hora de escribir este texto, los de Tampa estaban a un juego de la Serie Mundial), la elección se ha terminado. Cuando faltan dos semanas para el día de la votación, Silver le da a Obama un impresionante 94% de probabilidades de llegar a la presidencia. En ese sentido, pues, el optimismo desbordado de los “obamistas” tiene razón de ser.

Pero no todo es miel sobre hojuelas. En el mismo sondeo de Politico.com, en el que los partidarios de Obama derrochan ese optimismo quizá prematuro, hay una voz que merece la pena rescatar. Es la de Joseph S. Nye, el célebre académico de Harvard, creador y principal defensor de la influencia del llamado “poder suave” estadunidense. De todos los encuestados por Politico.com, Nye es el de mayor peso intelectual y —naturalmente— el de mayor mesura. Nye comienza así, lapidario: “Uno siempre debe preguntarse cómo una predicción altamente probable puede resultar equivocada”. A continuación, Nye explica un escenario que, cuando falta tan poco para el 4 de noviembre, es una posibilidad latente. Nye remite a un texto suyo publicado en The Financial Times en el que alerta sobre un atentado terrorista, una “sorpresa de octubre de Bin Laden”. Nye recuerda que, hasta cuatro días antes de la elección presidencial del 2004, era John Kerry quien llevaba la delantera. Entonces apareció aquel famoso video donde Bin Laden advertía a los estadunidenses, en su estilo críptico y tétrico, de las consecuencias de votar de manera equivocada. Nadie puede asegurar cuál era la intención del terrorista árabe, pero lo cierto es que sus palabras significaron un vuelco de al menos seis puntos porcentuales a favor de Bush. Sin Bin Laden, Bush probablemente no habría ganado la presidencia. “Esperemos”, dice Nye, “que no se repita”.

Estados Unidos está a las puertas de la historia. Nunca un país de su importancia ha elegido como presidente a un hombre de color. La llegada de Barack Obama al poder en EU representaría una respuesta no sólo digna sino exultante a la crisis económica, moral y hasta espiritual en la que se encuentra hundida aquella nación después de ocho años de un presidente dañino por su estulticia y maligno por el calibre de su influencia. El temor de Joseph Nye es comprensible. Cuando se está tan cerca de alterar el rumbo de la historia, los peligros —y las incertidumbres— son cada vez más grandes. Y así, la hoja en blanco, que comienza a escribirse en el instante que sigue, siempre atemoriza. Esperemos que sea compasiva con un mundo que no necesita de más sacudidas.

– León Krauze

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